El escándalo del lava jato ( lavadero de coches) porque el sitio donde pergeñaban el atraco funcionaba en una oficina ubicada encima de un sitio dedicado a estos menesteres, resulta ser toda una metáfora de América latina y los gobiernos populistas que la asolaron por casi dos décadas. Mientras los gobernantes de este signo atacaban inmisericordemente los anteriores gobiernos emulaban su corrupción de manera sostenida y constante. El mecanismo no era diferente. Las empresas públicas contrataban los servicios de empresas privadas que les vendían trabajos previo pago de una importante comisión que iba al bolsillo de «los revolucionarios del siglo XXI» para financiar una “nueva manera de hacer política”. El volumen que se movía era tan grande que una empresa como Odebrecht con tentáculos en varios países latinoamericanos, tuvo que abrir unas oficinas dedicadas con exclusividad al pago de sobornos y afines.

Este mecanismo de lavar dinero llevó a que mientras el gobierno del Partido de los trabajadores se ufanaba de sus logros económicos, el incremento de la violencia y la criminalidad crecía de manera geométrica sin que a nadie pareciera importarle mucho. En el Brasil se matan 54 mil personas todos los años! Cifra por encima de cualquier país en el mundo incluso en situación de guerra abierta y declarada. Las favelas (barrios marginales) crecían en capacidad de fuego y se convirtieron en verdaderos grupos de asaltos que operaban con el sector político y financiero de manera desembozada y abierta. Brasil es toda una metáfora de América latina y sus gobiernos populistas. El robo ha sido tan descarado que se calcula por encima de los 11 mil millones de dólares el daño de la corrupción hasta ahora y todavía Lula pretende volver a competir por la presidencia cuando su ingreso a la cárcel es inminente. Pretende convertir sus actos de corrupción en una acción heroica que movilice a sus partidarios y que lo reponga en el poder. Esta es una hipótesis en cualquier sitio absolutamente resultaría improbable. En América latina: no.

La acción política se considera por su naturaleza una oportunidad para hacer negocios y prosperar económicamente. El que no lo hace es un tonto de capirote que merece el repudio incluso de los suyos. Existe un electorado que solo entiende la política como la acción de unos corsarios con patente que pueden robar siempre  que repartan. Pero no se cuestiona el robo y menos se condena la corrupción. Sin embargo lo que acontece en Brasil es por demás interesante. La cuestionada y dependiente justicia ha decidido iniciar el proceso de lavar con creolina la fétida cloaca a cielo abierto que montaron los del PT. Es alentador ver al juez Moro y otros valientes magistrados enfrentar una de las roscas más corruptas jamás montadas y que todavía con abierto cinismo cree que debe seguir en los cargos públicos sin asumir culpas ni responsabilidades.

El pueblo tiene pocas oportunidades de aprobar o sancionar a sus mandatarios. Las elecciones se convierten en procesos abiertos que interpelan la memoria, la ética, el compromiso y la responsabilidad de los votantes. Si pudiendo escoger a gente mejor se inclina por los mismos malos de siempre, no tendrán autoridad moral de cuestionar ni de quejarse después de  las consecuencias de sus actos.

Cada pueblo tiene el gobierno que se le parece no el que merece. Es momento de lavar la dignidad social con un mensaje claro y contundente que diga cuan cansados nos encontramos que nos roben la ilusión y la dignidad de manera sostenida y constante. América Latina todavía guarda las formas democráticas, pero es momento de darle forma y contenido a este sistema de oportunidades que algunos han confundido con espacio de corrupción y temeridad permanentes.

 

@benjalibre