La policía de París se enfrentó este sábado con manifestantes del movimiento de los chalecos amarillos, que se unieron a una ola de protestas contra la reforma al sistema nacional de jubilación propuesta por el gobierno de Francia, mientras los manifestantes bloqueaban las carreteras e interrumpieron el servicio de trenes, afectando los desplazamientos de fin de semana en todo el país.

Miles de manifestantes de los chalecos amarillos marcharon del complejo del Ministerio de Finanzas en el río Sena al sureste de París, con las mismas exigencias de hace un año para que haya justicia económica, pero añadieron a la lista de quejas los planes de reforma al sistema de jubilación. La mayoría protestó de una forma pacífica, pero algunos lanzaron proyectiles o empujaron a los agentes antimotines, provocando que la policía respondiera con gas lacrimógeno en varias ocasiones.

Los manifestantes parecían estar envalentonados por las protestas a nivel nacional más grandes en años y que comenzaron el jueves, que iniciaron una huelga masiva contra el proyecto de reforma del presidente, Emmanuel Macron, al sistema de pensiones.

En momentos en que las huelgas ingresaban a su tercer día, turistas y compradores padecieron el cierre de líneas de metro en todo París y las estaciones de tren estaban casi vacías.

Los trabajadores de transporte son la figura central de la huelga, pero otros grupos se unieron a la lucha.

Los camioneros, que se manifiestan por un alza en los impuestos a los combustibles, interrumpieron el tránsito en carreteras desde la Provenza, en el sureste del país, hasta Normandía, en el noroeste. Un aumento similar a los combustibles desató el movimiento de los chalecos amarillos hace un año, y está convergencia de reclamos podría representar una mayor amenaza a la presidencia de Macron.

El caos en los transportes, sin embargo, no está disuadiendo al gobierno. El primer ministro, Edouard Philippe, lo dijo claramente a los franceses en un discurso a la nación el viernes: “Van a tener que trabajar más años”.

Philippe presentará los detalles de la reforma la próxima semana. El gobierno dijo que no elevará la edad oficial de jubilación, que ahora es de 62 años, pero se espera que la reforma incluya unas condiciones financieras que animen a la gente a trabajar más tiempo. Sin embargo. el primer ministro hizo una oferta de paz, apuntando que los cambios serán progresivos para que no sean “brutales”.

Macron sostiene que la reforma, que racionalizará un complejo sistema de pensiones con 42 regímenes especiales, hará que el sistema sea más justo y financieramente sostenible.

Sin embargo, los sindicatos consideran que el plan amenaza los “derechos conquistados” por los trabajadores y se están preparando para lo que esperan sea una huelga prolongada. Tienen planeadas nuevas protestas en todo el país contra la reforma de la ley de jubilación para el martes.

En una sociedad acostumbrada a huelgas y derechos de trabajadores, muchas personas han apoyado la acción, aunque ese sentimiento puede disminuir si las interrupciones en el transporte continúan hasta la próxima semana.