La primera visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a la Casa Blanca ‘selló’ una relación poco probable con su homólogo Donald Trump, para relanzar una nueva fase en las relaciones entre los países vecinos en medio de las críticas hechas en México al viaje.

En un discurso que combinó referencias históricas con llamados a profundizar la integración comercial de América del Norte, López Obrador respaldó en la práctica el tratamiento de Trump hacia México. El presidente de Estados Unidos sigue siendo muy impopular al sur de la frontera después de haber llamado criminales y violadores a los mexicanos en 2016 y de haberse comprometido a construir un muro en la frontera.

“Estoy aquí para decirle al pueblo estadounidense que su presidente nos trató con amabilidad y respeto“, dijo López Obrador el miércoles, en una declaración conjunta en el Rose Garden de la Casa Blanca.

“Nunca trataste de imponernos nada”, aseguró, refiriéndose a Trump.

La reunión es parte de la relación entre dos figuras de antecedentes políticos muy diferentes. A primera vista, el izquierdista López Obrador, de 66 años, quien tiene en su historial el haber defendido los derechos de los indígenas en el sur de México, tiene poco en común con Trump, un desarrollador de bienes raíces de Nueva York y estrella de reality.

Mientras López Obrador construyó su carrera denunciando la corrupción y a los capitalistas ‘compinches’ de su país, Trump ganó la Presidencia avivando los temores sobre la inmigración. Sin embargo, ambos son populistas y nacionalistas que se ganaron el respeto de los demás.

El encuentro a puerta cerrada del miércoles, de unos 90 minutos, no tocó temas de irritación o desacuerdo entre Trump y López Obrador y se centró en el T-MEC y la oportunidad de integración económica, según dos personas con conocimiento de la conversación, quienes pidieron no ser nombradas discutiendo una reunión privada.

Los diplomáticos mexicanos habían presionado para que los líderes se abstuvieran de responder preguntas de la prensa y así evitar posibles situaciones incómodas. Los estadounidenses estuvieron de acuerdo, dijeron las personas.

En la cena ofrecida en la Casa Blanca, Trump bromeó sobre su disciplina durante la parte pública de la visita, diciendo que se había portado bien y se había controlado al no mencionar el ‘espinoso’ tema del muro fronterizo, un comentario que provocó risas en algunos de los asistentes, según varias personas presentes en la cena.

El personal de comunicaciones de la Casa Blanca declinó hacer comentarios.

Después de la cena, el presidente, los miembros de su gabinete y los empresarios mexicanos, incluyendo a Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, se trasladaron a residencia de la embajadora de México en EU, Martha Bárcena, donde tomaron algunas bebidas y conversaron por cerca de dos horas. A ellos se les unió Christopher Landau, embajador de EU en México, el único estadounidense en la reunión.

En la residencia, López Obrador recibió un aplauso de los invitados y compartió con el grupo que estaba particularmente satisfecho con dos puntos del día: que en sus comentarios junto a Trump había ensalzado las virtudes de los inmigrantes mexicanos en EU, algo que su predecesor, Enrique Peña Nieto, no hizo, y que su viaje a la capital estadounidense y al disciplina de Trump para no atacar a México demostraron que los críticos de su gira estaban equivocados, según personas quienes pidieron no ser identificadas.

Destacó la oportunidad para México y Estados Unidos de atraer a las empresas a realizar inversiones en América del Norte en lugar de China, aseguraron las fuentes.

La cordialidad y la buena voluntad observadas entre ambos líderes en todos los puntos de la visita también marcan un cambio personal para López Obrador, quien antes de su victoria en las elecciones escribió un libro llamado Escucha, Trump y acusó a su hoy homólogo de usar una retórica antimexicana similar a la vista en la Alemania de Adolf Hitler.

López Obrador enfrentó duras críticas antes del viaje, con exdiplomáticos y expertos advirtiendo que se convertiría en un ‘peón’ de Trump en su campaña electoral y alienaría al demócrata Joe Biden, quien lidera en la mayoría de las encuestas rumbo a las elecciones del próximo 3 de noviembre.

Después de la reunión, algunos analistas se mostraron sorprendidos por el tono del mandatario mexicano hacia Trump.

“Tal vez fue inevitable que fuera, pero ¿tratar a Trump como si fuera equivalente a Estados Unidos? Eso no fue inevitable. Podría haber sido más cuidadoso”, comentó Carlos Bravo, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Después de la reunión bilateral, Biden comentó en Twitter que trabajaría con México “para restaurar la dignidad y la humanidad en nuestro sistema de inmigración”, recordando los comentarios de Trump sobre los mexicanos en la última carrera presidencial.

Desde el comienzo de su administración a finales de 2018, López Obrador ha intentado asociarse con Trump. Desplegó a la Guardia Nacional para tomar medidas enérgicas contra la migración a través de México después de que el presidente de EU amenazó el año pasado con aplicar aranceles a los productos mexicanos.

El mandatario mexicano insistió en que el viaje de esta semana fue crucial para comenzar el nuevo acuerdo comercial entre EU, México y Canadá como motor para impulsar la recuperación económica de los países afectados por la pandemia del COVID-19. El acuerdo podría permitir que Norteamérica se fortalezca al expandir la inversión y el comercio dentro del bloque, dijo.

El presidente de México se mantuvo fiel a su estilo en el primer viaje de su presidencia al extranjero. Mientras Trump habló durante unos ocho minutos, López Obrador continuó durante casi el doble de tiempo, con varias referencias a la historia de las relaciones entre las naciones vecinas.

“No estamos peleando, somos amigos y seguiremos siendo amigos”, dijo López Obrador más tarde, en declaraciones a un sonriente Trump antes de la cena. “Las predicciones fallaron”.