La vacuna del SARS-CoV-2 se está convirtiendo en un juguete roto al capricho de las circunstancias: mientras las personas piensan en su salud y bienestar, las farmacéuticas lo hacen en engrosar la caja y, a su vez, Donald Trump pretende ganar una elección usando a la vacuna como si fuese un éxito personal.

Recientemente, el Financial Times desveló que el presidente norteamericano quería presentar la vacuna contra el coronavirus días antes de la cita en las urnas del próximo 3 de noviembre; sobre todo con la finalidad de darle un mayor empuje a su campaña.

Si bien, la propia Federal and Drug Administration (FDA) niega recibir presiones desde la Casa Blanca para que apruebe la comercialización de la vacuna de Moderna (actualmente en fase 3 de estudio clínico en más de 30 mil personas), ha sido el propio Trump quien acusa a Stephen Hahn, comisionado de la FDA, de entorpecerlo todo.

La vacuna se ha colado hasta la campaña e igualmente en la geopolítica con las naciones afines a Rusia buscando su vacuna Sputnik V que fue aprobada, desde el pasado 11 de agosto, en el país que dirige Vladimir Putin.

Desde que comenzaron los ensayos en varios laboratorios del mundo, algunos desde enero pasado, apenas China compartió la secuencia del SARS-CoV-2, la estrategia de la Casa Blanca se ha basado en dar subsidios y contratos a varios proyectos prometedores; todo a cambio de asegurarse ser el primer país del mundo en recibir cientos de millones de dosis de la inmunización contra el coronavirus.

El dinero gastado en esta égida sanitaria es de 10 mil 761 millones de dólares, es lo que desde las arcas públicas norteamericanas se ha aportado principalmente a seis farmacéuticas con diversos laboratorios probando vacunas de entre 150 que van desarrollándose en varios países del mundo.

Las farmacéuticas agraciadas son las siguientes: la estadounidense Moderna con 2 mil 455 millones de dólares y con la precompra de 100 millones de dosis; la alemana Biontech y Pfizer con 1 mil 950 millones de dólares también apartando 100 millones de dosis; le sigue la británica AstraZeneca con la vacuna de Oxford con una aportación de 1 mil 200 millones de dólares y una precompra de 300 millones de dosis; otra estadounidense, Novavax recibió 1 mil 600 millones de dólares por 100 millones de dosis; Janssen y Johnson & Johnson con 1 mil 456 millones de dólares y 100 millones de dosis; por último, la británica GSK y la francesa Sanofi, con 2 mil 100 millones de dólares y 100 millones de dosis.

La sumatoria arroja 800 millones de dosis de la vacuna contra el Covid-19 preadquiridas por Estados Unidos a diversos laboratorios del mundo, no solo acaparó toda la producción de Remdesivir hasta octubre próximo, lo hace ahora igualmente con la vacuna para Occidente.

El Remdesivir, uno de los fármacos autorizados de urgencia por la FDA y también por la Agencia Europea del Medicamento, es producido por la farmacéutica estadounidense Gilead.

La presión de Trump no es nueva, desde hace unos meses cuando la pandemia fue declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo, un comité de emergencia en Washington puso en marcha la Operación Warp Speed (velocidad de la luz) con el objetivo de asegurarse una vacuna lo más rápidamente posible.

A COLACIÓN

Esta vacuna fast track -sea del laboratorio que sea- tiene bastante nerviosos a los directivos y funcionarios de la OMS, su titular Tedros Adhanom advierte que solo darán el visto bueno a aquellas vacunas que cumplan “al menos” con el 30% de eficacia.

En tanto, advierte que vacunas en tiempo récord, corren el riesgo de no completar bien las fases de los ensayos clínicos y provocar indeseables daños colaterales.

Precisamente, la farmacéutica británica AstraZeneca en sus contratos firmados con los diversos países del mundo que quieren tener dosis de la vacuna de Oxford (en la última fase de ensayo) incluye una cláusula en la que queda eximida de cualquier responsabilidad por efectos adversos que pudiera desencadenar la vacuna en las personas en un lapso de cuatro años.

AstraZeneca se cubre a sí misma, y pide además una indemnización, señalando que no puede ser demandada porque son los gobiernos y sus autoridades sanitarias los responsables. En realidad, los únicos responsables seremos los que nos pongamos la vacuna que no será obligatoria sino voluntaria… lo leyó usted bien, por posibles efectos adversos durante cuatro años.

Claudia Luna Palencia