Más de cien años después y dos de reconstrucción, la vida ha vuelto a la fortaleza de Shali, una ciudad amurallada hecha de barro ubicada en el oasis egipcio de Siwa y habitada por tribus bereberes hasta el siglo XIX, y que quedó destruida hace un siglo.

En un lugar remoto del desierto occidental de Egipto, a tan sólo 50 kilómetros de la frontera con Libia, la fortificación fue levantada hace unos mil años a base de una mezcla de la sal y barro llamada ‘kershef’, un material utilizado por los locales para aislar sus hogares de las temperaturas extremas del desierto.

Sin embargo, el material no aguantó las fuertes lluvias que en 1926 arrasaron la fortificación de la misma forma que una ola engulle un castillo de arena, dejándola en ruinas y condenando al olvido al icono de la antigua Siwa.

ABANDONADA POR LA MODERNIDAD

Edificada en una colina alrededor del 1.200 d.C. por tribus bereberes, la fortaleza de Shali ya había sido progresivamente abandonada en el siglo XIX cuando el Estado egipcio se hizo con el control de la zona y la integró en el país árabe.

La modernización que trajo consigo la conquista alentó a las escasas cien familias bereberes a construir sus nuevos hogares fuera de las murallas, pero reutilizando los materiales de la antigua Shali, lo que debilitó severamente la fortificación.

«El mayor reto que hemos afrontado era conseguir los planos originales de la ciudad, pero encontramos dibujos y fotografías de hace un siglo que muestran cómo eran las calles de la fortaleza», dice a Efe Ramy Ezmy, el arquitecto responsable de la restauración.

Para su reconstrucción se ha utilizando la técnica ancestral del ‘kershef’, pero modificada con un añadido de hojas de palmera y de olivo para que los muros sean impermeables y evitar así el desastre de hace cien años.

El arquitecto asegura que fue complicado dominar el ‘kershef’ para conservar la esencia del lugar, pero los restauradores contaron con la ayuda de Am Hamza, el único bereber que conocía el secreto del material de construcción original.

UNA COLMENA DE BARRO

Ahora, Shali ha vuelto a tomar su forma de colmena hecha de barro con estrechos pasadizos y habitaciones de tres metros cuadrados, almacenes de dátiles, plazoletas para celebrar reuniones tribales e incluso un profundo pozo que conecta con uno de los tantos acuíferos que riegan el oasis.

Antaño, las murallas se alzaban unos 35 metros para prevenir ataques de tribus invasoras, la ciudad tenía estrechas calles de menos de un metro de anchura y las viviendas se elevaban en vertical a modo de estrechas torres.

En un primer momento Shali solo tenía una puerta de acceso, pero con el paso del tiempo y el crecimiento de su población, se abrieron otras dos entradas, una de ellas dedicada exclusivamente a las mujeres debido a la cultura conservadora bereber.

Más de un siglo después, para los locales, el proyecto de reconstrucción devuelve a la vida no sólo la fortaleza sino su historia.

RESCATAR LA HISTORIA Y LA COMUNIDAD LOCALES

«Es un sueño para nosotros descubrir el antiguo pueblo de Siwa. Recuerdo escuchar de mis abuelos como era la vida ahí y ahora lo podemos vivir nosotros», afirma a Efe el responsable del Ministerio de Antigüedades y Turismo egipcio en Siwa, Khaled Addoul.

También ha sido restaurada una de sus mezquitas, ha sido habilitado un bazar para los artesanos locales e incluso se ha creado un hospital de maternidad para ofrecer un mejor servicio a las mujeres en este enclave que está a cinco horas de carretera del núcleo urbano más cercano.

El proyecto, que comenzó en 2018, forma parte de una iniciativa de la empresa Environmental Quality International Group y ha sido financiado por la Unión Europea (UE) con más de medio millón de euros.

El objetivo es mantener la herencia bereber en Siwa, el único lugar en todo Egipto en el que se encuentran esta etnia originaria del Magreb, además de impulsar uno de los motores más importantes para la economía local y para la supervivencia de los habitantes: el turismo.

«El trabajo que se ha hecho en Shali es excelente, porque ya considerábamos que la fortaleza estaba extinta», dice a Efe emocionado Fathy Eleua, el líder de la tribu bereber Guasis, uno de los once clanes que componen la población de Siwa, que se estima que es de unos 25.000 habitantes.