El Ejército marroquí habría sembrado hasta 12.000 minas en el paso fronterizo de Guerguerat, que une Mauritania con los territorios ocupados por Marruecos en la antigua colonia española del Sahara Occidental, denunció hoy la Oficina Saharaui de Coordinación de las Actividades relativas a las Minas (SMACO).

“El ejército marroquí ha añadido tres kilómetros más al muro de la vergüenza y, según nuestras estimaciones, habría sembrado hasta 12.000 minas antipersona y antitanque en El Guerguerat y en otras zonas que ya habíamos limpiado, lo que hace que volvamos al punto de partida. Esta es la frontera del mundo más contaminada”, declaró a Efe el jefe de operaciones de la Smaco, Gaizi Al-Nah.

Una “flagrante” violación del alto el fuego, aseguró, que “echa por tierra” el trabajo realizado durante los últimos catorce años para desminar cerca de 150 millones de metros cuadrados en los territorios liberados y desactivar 41.000 minas, bombas de racimo y explosivos gracias al esfuerzo del Frente Polisario y Naciones Unidas.

Pese a que todavía no se han registrado nuevas víctimas, debido a que se encuentran en zonas remotas donde el acceso a la información es difícil, el responsable no descartó que esta acción “provocará en los próximos días bajas y amputaciones entre civiles y reforzará la tragedia de miles de familias que se convertirán en desplazados en busca de un lugar seguro”.

Aunque Marruecos no ha firmado las convenciones que prohíben las minas terrestres y las bombas de racimo, insistió, está obligado a respetar el Derecho Internacional por lo que instó a la Comunidad Internacional y a las organizaciones de derechos humanos a presionar al Estado marroquí para disuadirle de su uso.

Según el representante de este centro creado en 2013, el uso de minas de cualquier tipo “es injustificado bajo cualquier pretexto, aviva la guerra y perturba el esfuerzo de Naciones Unidas” además de impedir alcanzar un mundo libre de minas en 2025.

“La propia construcción del muro es una prueba del fracaso. Donde no se alcanza a crear puentes y llegar a acuerdos, pretenden sembrar minas y ahondar en el odio. Esto contradice cualquier proceso de paz y atenta no sólo contra el pueblo saharaui sino también contra el pueblo mauritano”, subrayó Al-Nah.

La tensión entre Rabat y el Polisario se disparó el pasado 21 de octubre cuando un grupo de activistas saharauis bloquearan el paso fronterizo de Guerguerat, que une Mauritania con los territorios ocupados por Marruecos en la antigua colonia española del Sahara Occidental.

Unidades militares marroquíes cruzaron la línea divisoria para romper el bloqueo y levantar un pasillo de seguridad, acción que desencadenó un intercambio de disparos entre el Ejército marroquí y las fuerzas del Polisario apostadas en esta zona del desierto en la que Marruecos ha construido el muro más largo del mundo con más de 2.500 kilómetros de longitud.

Analistas y expertos en seguridad coinciden en apuntar en que más allá de su importancia como ruta comercial, Guerguerat aparece en el argumentario del Polisario como la penúltima herramienta para tratar de revertir la tendencia que ha tomado el conflicto, paralizado por la incapacidad de la ONU de poner en marcha el referéndum de autodeterminación que ambas partes aceptaron a la firma de la tregua de 1991.

Y de las dilaciones de Marruecos, que en 2019 anunció que no contemplaba ya ni la autodeterminación ni la independencia, y que se sólo estaba dispuesto a aceptar una amplia autonomía, en una interpretación propia de las resoluciones internacionales.