Si el gobierno británico hubiera decretado el primer confinamiento en Inglaterra una semana antes de cuando lo hizo el 23 de marzo de 2020, se podrían haber evitado 23 mil muertes en la primera ola de la pandemia, según un estudio del Imperial College de Londres.

A partir de un modelo matemático que simula la transmisión del SARS-CoV-2, los autores del trabajo, publicado en la revista Science Translational Medicine, han evaluado el impacto que habría tenido adelantar o retrasar las intervenciones no farmacológicas que se llevaron a cabo para tratar de frenar los contagios.

Entre el 5 de marzo de 2020, cuando se registró la primera muerte oficial por coronavirus, hasta el 1 de julio de ese año, fallecieron 48 mil 600 personas en Inglaterra.

Si el confinamiento hubiera comenzado el 16 de marzo, esa cifra se habría reducido a 25 mil 600, pero si se hubiera retrasado hasta el 30 de marzo los fallecimientos se habrían disparado hasta 132 mil 800, estiman los investigadores.

Una intervención temprana es realmente clave para reducir el número de muertes acumuladas“, afirmó en un comunicado del Imperial College, Marc Baguelin, uno de los autores del estudio.

El trabajo advierte al mismo tiempo de que haber adelantado el primer confinamiento podría haber producido una “mayor segunda oleada“, por lo que las medidas que se tomaron en otoño también deberían haberse avanzado.

Desde que comenzó la pandemia, en Inglaterra se han producido 117 muertes por covid-19 por cada 100 mil habitantes. Aunque la tasa de mortalidad varía según la región, los científicos destacan que las personas mayores que vivían en residencias han resultado especialmente afectadas por el virus en todas las zonas.

Las probabilidades de que un anciano muriera por coronavirus se multiplicaban por tres en el caso de estar ingresado en una residencia, calculan los autores del estudio, que subrayan que solo el confinamiento estricto logró hacer retroceder la transmisión del virus.

La investigación destaca asimismo que el 2 de diciembre de 2020 Inglaterra estaba todavía lejos de alcanzar la “inmunidad de rebaño“, uno de los objetivos que se planteaba el gobierno británico al inicio de la crisis sanitaria.

El porcentaje de población con cierta inmunidad en aquella fecha variaba entre el 22.5 por ciento en Londres y el 7.9% en el suroeste de Inglaterra.

Los científicos consideran que la epidemia se extendió en la capital británica y el sureste de Inglaterra unas dos semanas antes que en el resto del país, por lo que las medidas de confinamiento llegaron a esas zonas cuando el ratio de transmisión era comparativamente más elevado.