Cuando fueron construidos, a principios de la década de los 90, hace unos 25 años, llamaban la atención por varios factores: parecían no conducir a ningún sitio; estaban profusamente iluminados y carecían de peralte, por lo que, aunado a exceso de velocidad, fueron escenario de múltiples accidentes viales.
Los bulevares Ramón G. Bonfil, inicialmente llamado Solidaridad, y Nuevo Hidalgo, originalmente llamado Estadio Hidalgo, pues desembocaba en el estadio Hidalgo, según su trazo original, parecieron en su momento un derroche de recursos destinados a convencer a ICA de construir un pequeño estadio de futbol de apenas 25 millones de pesos.
Y sí, fueron constructores especializados en espacios deportivos los que construyeron los bulevares. De ahí el detalle de la falta de peralte, que debió ser reparado tiempo después.
Al paso de los años es tos dos bulevares se han vuelto de relevante importancia para una ciudad como Pachuca, que creció desmesuradamente al convertirse en el destino de inversión, que no de alojamiento, de quienes han hecho efectivo aquí, en muchos casos, su crédito Infonavit pero siguen viviendo en la capital del país.
Hoy en día, sin esos bulevares, el tránsito entre las colonias del sur de Pachuca y el centro de la ciudad, sería aún más caótico que lo que ya es, y más desalentador para quienes prefieren evitar a toda costa este desplazamiento.
Muchos podríamos calificar ahora de visión futurista la del entonces gobernador del estado, Humberto Lugo Verduzco, al ordenar la construcción de ambos bulevares… que hoy requieren de un carril extra, por lo menos.
Quien definitivamente sí previó el futuro crecimiento de Pachuca, pues ya lo vivía y sufría cotidianamente, fue el entonces gobernador Miguel Osorio Chong, al ordenar la obra vial en el Río de las Avenidas, esa que permite hoy desplazarse desde la colonia Juan C. Doria al Reloj Monumental en 15 minutos, pues sólo hay que frenarse frente a semáforos en el bulevar Centenario y en las calles de Belisario Domínguez y Allende. El resto es libre.
Pero las condiciones de Pachuca –y más si consigue Alonso Ancira seguir adelante con su plan de liberar los viejos jales y despachar estos restos mineros a Epazoyucan, para dar vida inmobiliaria a los predios despejados-, reclaman más vialidades de este tipo.
Los ya saturados, a las “horas pico”, bulevares Felipe Ángeles, Nuevo Hidalgo y Ramón G. Bonfil, vendrían a liberarse un poco si se continúa la obra en el Río de las Avenidas hasta entroncar con el bulevar Las Torres, y ¿por qué no? a la altura del poblado de Téllez.
Recordemos que calculan las autoridades y los desarrolladores de vivienda, que habitan al sur de Pachuca, en unidades habitacionales y fraccionamientos, entre 200 y 250 mil personas, cifra que se dispararía hasta las nubes en caso de que las viviendas adquiridas con fines de inversión fueran realmente habitadas.
Es indudable que tratándose del renglón de vialidad, ofrecer modernas vías a una ciudad que crece principalmente al sur de Pachuca, es indispensable, y los que fueran futuristas bulevares hoy semejan congestionadas calles.
No es vano la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) Hidalgo propuso a Omar Fayad, siendo éste candidato a la gubernatura del estado, construir un segundo piso del bulevar Felipe Ángeles.
¿Es una idea descabellada? ¿Quién sabe? Pero lo que sí pudiera ser descabellado es no analizarla. No debemos olvidar lo insistentemente señalado por Jesús Murillo Karam, en su momento, de que sin aeropuerto, el Valle de Tizayuca estaría condenado a sustituir la siembra de cebada por la de viviendas de interés social. Y el futuro está tocando a la puerta.













