Le es dado al ser humano conservar dentro de sí el sentimiento de esperanza. Esperamos con gusto y en ocasiones con angustia que algo suceda, pues siempre tenemos necesidades que satisfacer y así esperamos sacarnos la lotería, esperamos buenos resultados, esperamos las festividades, esperamos un mejor nivel y calidad de vida y esperamos y esperamos…

El fin de un año y el inicio de otro, como periodo de tiempo, tiene un significado especial para cada quien. Cada año nos deja dulzuras o amarguras, alegrías y tristezas, ganancias o pérdidas, y también, nos hace crear nuevas ilusiones, nuevas metas.

Dado su origen, el Año Nuevo es de festividad, a diferencia de la Navidad que conserva en su esencia un origen religioso, en su origen porque en la práctica se ha degenerado bastante esta festividad, pues como ya lo comentamos, cuando nació Jesús o niño Dios, Doña María y Don José, padres de Jesús, no organizaron tremenda fiesta, con especiales viandas y suficiente licor para que alcance hasta el amanecer, sino que guardaron compostura y preocupación por el origen divino de su amado hijo, cuya historia todos conocemos muy bien de acuerdo y con fundamento en el libro de libros, llamado Biblia.

El Año Nuevo es la celebración del inicio del año siguiente en el calendario, en función del tipo de calendario utilizado. El calendario es una cuenta sistematizada del transcurso del tiempo, aplicada para la organización cronológica de actividades, se trata de un conjunto de reglas o normas que tratan de hacer coincidir el año civil con el año trópico y calidad. La más común es la del 1 de enero, del calendario Gregoriano, que fue instaurado por el papa Gregorio XIII en 1582, y que se utiliza en la mayoría de los países del mundo. Es el calendario cívico más utilizado en el mundo. Sus aproximaciones tienen un desfase de 1 día cada 3,300 años respecto al año tropical. No obstante, por la precesión de los equinoccios, el error respecto al equinoccio de primavera, es de 1 día cada 7,700 años.

El Año Nuevo está lleno de tradiciones, incluso de rituales o costumbres, dependiendo de cada persona o familia. Todas están ligadas a la esperanza. Así por ejemplo existen 12 tradiciones generalmente reconocidas*:

  1. Las doce uvas, un deseo por cada mes.
  2. La ropa interior. De color rojo para el amor y amarillo para atraer el dinero.
  3. Muy cerca de la hora 24 nos arrancamos con “Yo no olvido al año viejo” y sigue la música. Que exista buen ánimo y alegría.
  4. ¿Deseas salir de viaje? Pues a sacar la maleta a pasear en la cuadra, durante la medianoche.
  5. Y con la magia del teléfono, a medianoche las llamadas a tus seres queridos que se encuentran distantes.
  6. Es tradición deshacerte de las energías negativas, por lo tanto, a sacar la escoba y barrer tu casa hacia afuera por la puerta principal.
  7. Suele suceder que no se cumplen, pero hay una lista de propósitos.
  8. La quema de pólvora: cuetes o balazos.
  9. Dinero en la bolsa, para que no nos falte.
  10. Repartir abrazos y buenos deseos.
  11. Un pequeño viaje familiar: el mar, el bosque, el lago, un año más para poder disfrutarlos.
  12. Por supuesto, el recalentado, 1, 2, 3, o más días.

 

Un nuevo año conlleva nuevas esperanzas y la diferencia en esperar que algo suceda y hacer que suceda, va en directa proporción con nuestras acciones, actitudes y voluntad de que las situaciones o cosas se hagan.

Amable lector, ¿está listo para un nuevo año?

Felicidades.

 

Galdino Rubio Bordes

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