El proceso de impeachment, al que ha sido sometido el presidente norteamericano Donald Trump, quedará en los anales de la historia norteamericana, una de las acciones legales más necesarias de la superpotencia aunque también de las más inútiles.

Queda claro que los legisladores demócratas no tenían más opción que solicitar la remoción del presidente estadounidense, su reiterado desprecio a las leyes y su afán de imponer su voluntad por encima de todas las cosas. Era una necesidad legal, un arma política, y sobre todo un acto de dignidad mínimo tenían que adoptar los diputados demócratas ante el reiterado desprecio de Trump hacia las leyes y hacia todo lo políticamente correcto.

No obstante, todos los observadores de la política norteamericana coinciden en que el proceso de destitución del presidente no tendrá ninguna consecuencia. De la misma manera en la Cámara baja, de mayoría demócrata, la iniciativa de enjuiciamiento ha visto la luz verde, en la Cámara de Senadores, con la total mayoría de los republicanos, el proceso será frenado de manera indiscutible.

Pensar en un castigo moral, como que el presidente Trump se vea manchado por este antecedente, es una verdadera ingenuidad. Este tipo de sutilezas nunca han preocupado al empresario venido a político, para quien lo políticamente correcto es una tontería o algo perfectamente indeseable. De cualquier manera ante una realidad social o política conveniente el presidente tiene un recurso que aplica de manera indiscriminada y abrumadora: mentir.

Como una forma de restarle importancia, Trump ha dicho en redes sociales el proceso de impeachment ha disparado su popularidad. Falso y nada más falso que esto. La popularidad de Donald Trump no se ha visto afectada por la acusación de los demócratas porque en general su índice de aceptación es uno de los más bajos que cualquier político norteamericano; es decir, que si tras esta acusación su popularidad no ha bajado es simplemente porque ya sería difícil que bajara más.

La gran pregunta que ningún analista puede resolver es si este proceso afectará las aspiraciones presidenciales de Donald Trump o será un freno para su carrera al 2020. El presidente republicano asegura que la acusación es un suicidio político por parte de Nancy Pelosi y el grupo de legisladores que ella encabeza. Pero como hemos visto no hay peor crítico de las acciones del mandatario estadounidense que él mismo. Otro hecho real es que, dentro de su base, es decir la población blanca derechista de los Estados Unidos, Trump se afianza cada vez más.

Lo cierto es que esta acusación no se resolverá sobre la base de las pruebas que cada una de las partes presente para su evaluación. El fallo respecto a si Trump abusó de su poder para fines personales se resolverá con base en la correlación de fuerzas políticas en la carrera electoral que se avecina. Y ante la alineación de los senadores republicanos en el sentido de lo que más conviene para que Trump se reelija en la Casa Blanca, la resolución es más que previsible: el presidente será absuelto, irremediablemente.

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