¿Qué de nosotros sería si no escribiéramos de amor? Porque después de todo, se escribe de aquello que lo mantiene a uno vivo, en vilo, al filo de un abismo que todos, de una u otra manera, nos ocupamos en evitar: el olvido. Nada de lo que ocurre en nuestro mundo, interno o externo, es ajeno al amor, incluso aquello que nos lastima está íntimamente relacionado con el antagonismo del amor que no es el odio, sino el miedo.

El poeta colombiano, antioqueño para ser exactos, Edilson Villa M., conoce bien las pócimas que de la combinación del amor y la poesía resultan, pero sobre todo conoce los efectos, las transformaciones que en nuestro interior provocan y el ineludible destino de aquellos, que usándolas, se aman con desquicio.

A ti te canto, oh mujer océano, telúrica y etérea; / a ti, bendita sacerdotisa de la noche (…)

En su más reciente poemario “El haikú de la escalera”, editado en México por la editorial hidalguense Cipselas, Edilson enfila sus baterías líricas a la mujer como objeto preciado y depositario de su amor. La pasión, el desenfreno, pero también la fraternidad, el cariño son las estrategias con que los poemas de este libro se van urdiendo, dejando en cada página mapas en los que las grafías señalan los lugares donde los amantes se encuentran, se han encontrado o se encontrarán.

Una mujer me espera / en la estación. / Peldaño a peldaño / un tren avanza / a través de la escalera.

No es un libro de haikús, pero el espíritu de este breve arte poético japonés empapa cada poema en una suerte de encabalgamiento que va desde un breve poema de tres versos, dejándose caer, con tiento y destreza, por el devenir de textos que van aumentando su aliento e imprimen en el lector un deleite al ser testigos de la pasión del que el poeta va dejando cuenta (por una mujer, imaginaria tal vez, qué importa cuando lo vivido ha ocurrido, al menos, al momento de escribirlo).

(…) que nos cruzaremos muchas veces / y nos entregamos todo el amor / y el dolor apenas necesario / para no alejarnos demasiado.

Pero todo amor conlleva una espera, una zozobra; el desaliento de un momento que no llega, que se vuelve esa utopía que Eduardo Galeano señaló como el motor de nuestras búsquedas. Es ahí, en esa herencia latinoamericana de plasmar la realidad cotidiana, donde Edilson Villa M. desata sus más íntimos anhelos para dejarnos una colección de poemas fresca y revitalizante que ondea las principales características que logran que un libro sea un espejo: la sencillez y la profundidad.

Ríos que, en fin, se confunden / y seguimos siendo uno

La reflexión que siempre se agradece en un buen poema, en este autor es un rasgo natural; filósofo de formación, carga sus textos con señales que dejan un rastro tan oculto como evidente del tiempo que le ha tocado vivir, visto desde el tragaluz del amor de pareja, del amor prometido, del amor consumado y consumido.

Que cuando seas yo, / cuando te enamores de alguien como tú, / conocerás la noche.

Un acierto que una editorial independiente como Cipeselas se empeñe en traernos, en ediciones en papel, la poética latinoamericana reciente; un acto milagroso que nos recuerda que el amor es también ese puente que nos conecta y nos separa, esa certeza de saberse acompañado aun cuando se está solo.

 

Paso cebra

“El haikú de la escalera” de Edilson Villa M., estaba programado para ser presentado mañana sábado en la Biblioteca Ricardo Garibay, como parte de las celebraciones del 21 de marzo, Día de la Poesía. Sin embargo, por acertadas medidas de prevención, las actividades en todas las bibliotecas de Hidalgo han sido suspendidas. De cualquier manera y con el ánimo de mantener la poesía viva como recurso infalible para la angustia (y la compañía para muchos durante el aislamiento), la editorial Cipselas realizará una presentación que se transmitirá a través de su página de Facebook (cipselased) el mismo sábado 21 de marzo a las 17:00 horas desde el café Puerta Niebla. Nos vemos en línea para acompañarlos.

 

@achinchillas

abrahamchinchillas@gmail.com

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