Bethel García Vargas

Hace unos días me enteré de que un amigo se había contagiado de Covid19; no solo eso, sino que ya estaba hospitalizado por insuficiencia respiratoria y con pronóstico nada favorable. El día viernes, poco antes del mediodía, entré a su perfil de Facebook y su hermano casi acababa de poner que mi amigo había fallecido; el virus le ganó.

A él lo conocía desde que estaba en la primaria, era un año mayor que yo,. Por coincidencias de la vida también estuvimos en la misma secundaria, en la preparatoria e incluso en la misma carrera, tal vez no fuimos los amigos más cercanos, aunque por nuestros apellidos nos decíamos primos, a donde quiera que nos encontráramos así nos saludábamos, como si fuéramos realmente familiares, y los amigos que teníamos en común o que nos escuchaban creían que sí nos unía un lazo de sangre.

Recuerdo que una vez, cuando yo aún estaba en la preparatoria y él ya iniciaba la carrera, yo le comenté que a mí también me gustaría estudiar lo mismo. Me platicó de una de sus clases, con uno de sus profesores que él consideraba más estricto, pero que sabía mucho, me dijo que tenía que leer bastante y si yo quería entrar también debería leer más ciertos libros y empezar a adentrarme en la carrera, que era difícil pero muy bonita y le agradecí el consejo que me dio, así que subimos al transporte y nos dirigimos a nuestras casas, porque otra coincidencia más: vivíamos en la misma colonia.

Así que me ha causado mucha tristeza la noticia de que él se fue, que ya no volveré y es realmente lamentable, pues era una persona joven, muy alegre, inteligente, comprensiva y siempre que lo pedías te daba un buen consejo. Ha dejado un gran vacío porque nunca piensas que alguien a quien conoces y estimas, se va a ir tan joven.

Yo pienso que las personas que queremos y se van nunca mueren, porque los que nos quedamos siempre los vamos a recordar, con algún gesto, una frase que siempre decían, o alguna acción que esa persona realizaba en vida, eso siempre mantendrá el recuerdo vivo de esa persona; y claro que duele una pérdida así, a estas alturas creo que ya todos hemos sufrido eso, pero sabemos que después de un tiempo, a lo mejor largo, el dolor será menos y podremos recordar a los que se fueron sin un nudo en la garganta al hablar de ellos.

Si han perdido a alguien cercano, familia, amigos, compañeros, por esta enfermedad, sigamos cuidándonos, nadie está realmente a salvo de un contagio, no dejemos que el virus se siga propagando y enfermando a más gente, dejando a familias incompletas, porque claro que estamos en semáforo amarillo, pero nuestra normalidad ya no es la misma que hace año y medio cuando todo comenzó, y claro que cuando se vuelva a la “normalidad” no será nunca la misma que dejamos cuando salimos de la escuela o el trabajo aquel veintitantos de marzo de 2020.

Sigan usando cubrebocas, vacúnense, usen gel antibacterial y lávense las manos y si no necesitan salir, no salgan a buscar el virus.

Nos leemos la siguiente semana.

bethgva@gmail.com