Este viernes cuatro de febrero se inaugurarán los Juegos Olímpicos de invierno en Beijing, con varios elementos extradeportivos que ya les roban reflectores.
Por supuesto, el más importante es el de la pandemia de Covid-19, que pospuso un año los juegos de verano también en la capital de China, que se realizaron por ello en 2021. China se ha caracterizado por una estrategia estricta contra la enfermedad provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, pero sin éxito al cien por ciento.
Ahora se apuesta a un esquema similar al del pasado verano, con un confinamiento de las instalaciones olímpicas invernales, cuarentena para quienes no lleguen vacunados y salida del certamen de quien se contagie.
Para los especialistas será muy interesante seguir y comparar la conducta de la pandemia en China y en Dinamarca en las fechas olímpicas. En el país sede de los deportes invernales la política de “cero covid” no ha logrado erradicar la enfermedad, a pesar de que se han confinado ciudades enteras, y de que el índice de vacunación completa de su población es prácticamente del 87 por ciento.
En contraste Dinamarca empezó esta semana diciendo adiós a las medidas elementales de cuidado como son el uso de cubrebocas o la regulación de la asistencia a eventos masivos, y un índice de vacunación completa al 81.35 de su población, alrededor de 20 puntos porcentuales más que en México, donde 59.23 de la población tiene esquema completo de vacunación, de acuerdo al sitio ourworldindata.com.
Las comparaciones deberán de tomar las diferencias de todo tipo entre la nación asiática y la europea. China ha vacunado a más de mil 227 millones de habitantes con esquema completo de sus mil 440 millones de habitantes, y Dinamarca poco menos de 4.8 millones de su población de 5.81 millones (México 77.1 millones de vacunados por completo sobre sus 130.26 millones de habitantes, precisa datosmacro.expansion.com), pero con hábitos e infraestructura sanitarios muy diferentes, por lo que debería evitarse la comparación fácil.
En cualquier caso, Qatar seguro estará muy atenta para comenzar a delinear los preparativos antipandémicos de 2024, cuando albergará la Copa Mundial de Futbol, para cuando deseamos que la pandemia sea un recuerdo.
En Beijing y las dos sedes olímpicas invernales adicionales estarán presentes todos los deportistas que hayan cumplido los requisitos, pero no así los delegados de pantalón largo gubernamentales de Australia, Canadá, Japón y Reino Unido, países cuyos gobiernos se sumaron al boicot convocado por Estados Unidos.
Tranquiliza que sea solo un boicot de funcionarios gubernamentales de pantalón largo y no uno que incluya a los deportistas, pero no así por su motivación: la falta de respeto del gobierno chino a los derechos humanos.
Lo que se sabe con más notoriedad es la política gubernamental hacia los uigures y el pueblo tibetano, cuya identidad es erosionada por las medidas dictadas desde Beijing.
En la última semana de enero Human Rights Watch encabezó a 243 organizaciones no gubernamentales defensoras de los derechos humanos, en un llamado a boicotear el certamen olímpico, precisamente en protesta por la violación a esos derechos, y agregó el importante punto de la supervisión a los ciudadanos a través de las nuevas tecnologías como el reconocimiento facial, una herramienta que deja a la video vigilancia de las calles de muchas ciudades del mundo, en un juego de niños.
La expresidenta chilena y actual Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, estará en la región uigur luego de los juegos olímpicos en una visita que el gobierno chino pretende sea amistosa, pero la oficina del organismo internacional ya señaló que será “significativa”, es decir, sin llegar a los formal de una investigación, sí acercándosele.
Y no menos significativa será la anunciada asistencia del presidente ruso Vladimir Putin a la inauguración de estas competencias, pues desde ahora ya se ve como un mensaje de que existe la alianza entre Rusia y China, manifestación fundamental cuando sigue la disputa por la expansión de la OTAN hacia la exrepública soviética de Ucrania, y la amenaza de una invasión que escale a un conflicto mayor se mantiene presente.
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