René Anaya

El 12 de mayo, el equipo internacional del Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT, Event Horizon Telescope) dio a conocer la primera fotografía de Sagitario A* (SgrA*), el agujero negro que se localiza en el centro de la Vía Láctea, por medio de una serie de conferencias simultáneas desde las sedes de las organizaciones participantes del proyecto, como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Esta imagen se logró gracias al esfuerzo conjunto de más de 300 investigadores de 80 instituciones y la red de ocho observatorios, entre ellos el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano ubicado en la Sierra Negra de Puebla, y cinco años de cálculos y simulaciones con supercomputadoras y otras herramientas tecnológicas creadas con ese fin.

Los devoradores agujeros negros

Aunque desde el siglo XVII ya se había externado la idea de la existencia de los agujeros negros, no fue sino hasta el siglo pasado que se empezaron a delinear sus características (teóricas aún), con la contribución principal de Stephen Hawking y Roger Penrose, quienes probaron que esos fenómenos son soluciones a las ecuaciones de Einstein. En 1969, el físico teórico John Wheeler le dio el nombre de agujero negro, a lo que le llamaban estrella en colapso gravitatorio completo.

A partir de entonces, con un bagaje teórico y mejores herramientas de observación, los astrónomos aportaron más información sobre los agujeros negros, que se puede considerar son regiones del espacio en que la materia se colapsa sobre sí misma, con una fuerza de gravedad tan fuerte que atrapa hasta la luz.

Se considera que se originan por la desaparición explosiva de ciertas estrellas grandes, incluso de miles de millones de veces la masa de nuestro Sol. Se clasifican en agujeros negros supermasivos, de varios millones de masas solares, ubicados en el centro de las galaxias; agujeros negros de masa intermedia, de cien a un millón de masas solares; agujeros negros de masa estelar, de más de tres masas solares; microagujeros negros, objetos hipotéticos más pequeños que los estelares.

En 1995, la astrónoma estadounidense Andrea Ghez demostró mediante simulación la existencia de un agujero negro supermasivo en el centro de nuestra galaxia; lo cual corroboró indirectamente el astrofísico alemán Reinhard Genzel en 2018, pues observó que la estrella S2, en órbita alrededor de Sgr A*, aceleraba su velocidad, lo cual podía deberse a un objeto compacto supermasivo.

Por fin, en 2019 se dio a conocer la primera imagen de un agujero negro, el M 87*, en el centro de la galaxia Messier, a 55 millones de años luz de distancia, con una masa de 6,500 millones de soles, mucho mayor que Sgr A* de cuatro millones de masas solares.
Un brillante suceso

Esta proeza científica y tecnológica se llevó a cabo gracias a la cooperación internacional de los telescopios Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (LMT), Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), Atacama Pathfinder EXPperiment (APEX), IRAM 30-meter Telescope, James Clerk Maxwell Telescope (JCMT), Submillimeter Array (SMA), Submilimeter Telescope UArizona (SMT) y South Pole Telescope (SPT).

El equipo internacional EHT está conformado por 13 instituciones: Institute of Astronomy & Astrophysics, Academia Sínica; University of Arizona; Harvard-Smithsonian Center for Astrophisycs; The University of Chicago; East Asian Observatory; Goethe-Universitaet Frankfurt; Institut de Radioastronomie Millimétrique; Gran Telescopio Milimétrico; Max Planck Institute for Radio Astronomy; MIT Haystack Observatory; National Astronomical Observatory of Japan, Perimeter Institute for Theoretical Physics; y Radboud University.
La imagen de Sgr A* muestra el horizonte de sucesos, el punto de no retorno, más allá del cual todo es absorbido por el agujero negro, tanto materia como energía. Lo que falta por averiguar es lo que hay más allá del horizonte de sucesos, del punto de no retorno, qué hay dentro del agujero negro, ¿qué pasa con la materia y la energía?

Si se llegara a descubrir, se atravesaría una frontera más del conocimiento, pero si no se llega a saber no se considerará un fracaso, ya que su búsqueda llevará seguramente al desarrollo de nuevas tecnologías y a la generación de conocimiento, que tarde o temprano brindará beneficios a nuestra vida común y terrestre.

@RenAnaya2
f/René Anaya Periodista Científico

*Publicado en la Revista Siempre!