En el siglo XVIII, los astrónomos se preguntaban si el Sol estaba cerca del centro del sistema de estrellas conocido como la Vía Láctea, nuestra galaxia. También se preguntaban si había otras galaxias. A inicios del siglo XX, Harlow Shapley, en el Observatorio del Monte Wilson, el lugar que llegó a ser el observatorio astronómico más famoso del mundo, en California; usó las distancias a las estrellas variables en los cúmulos globulares lejanos, para mostrar que el Sol se encuentra ubicado en el brazo de Orión, dentro de la Vía Láctea, a unos 50 mil años luz del centro de nuestra galaxia, aunque mediciones más precisas arrojaron después, que realmente estamos a unos 30 mil años luz. En 1924, Edwin Hubble demostró que la Vía Láctea es solo una de muchas galaxias.

Hoy día los telescopios permiten investigar el espacio exterior y los elementos químicos de los que están compuestos los diferentes objetos estelares, entre los que destacan: estrellas, exoplanetas y galaxias. Particularmente y desde su descubrimiento en la primera mitad del siglo XX, las galaxias han generado un gran interés en los astrónomos profesionales, esto a partir del conocimiento que se tuvo de sus diferentes morfologías y composiciones físico-químicas. Una galaxia puede ser considerada cómo un conjunto de miles de millones de estrellas, unidas por su propia gravedad. También dentro de este cúmulo estelar se tiene polvo y gas, que al irse reuniendo con el tiempo formara, nuevos objetos estelares tales como: estrellas, sistemas solares y nuevas galaxias. Las galaxias conocidas que se encuentran en el espacio interestelar, tienen diversas formas, aunque típicamente, se pueden clasificar en las siguientes: galaxias en espiral, galaxias elípticas, galaxias barradas, galaxias irregulares, galaxias Seyfert; entre otras posibilidades de formas.

Por extraño que parezca, un parámetro que puede calcularse es el tiempo en que una estrella o galaxia puede moverse de un punto a otro. Se ha visto por ejemplo que nuestra galaxia, la Vía Láctea, se mueve hacia la galaxia Andrómeda (M31). Esta última tiene forma de remolino y se calcula supera los 200 billones de soles, además de nubes de polvo y gas. Las dos galaxias, según los cálculos, en 4000 millones de años colisionaran. M31 es una galaxia en espiral y se puede observar con un telescopio para aficionados en la constelación del mismo nombre: Andrómeda. Un hecho impresionante de M31, es que además tiene dos galaxias satélites elípticas a ella, con nomenclatura, M32 y M110. Existen muchas fotos en internet de este conjunto galáctico, M31, M32 y M110, que conviven en una región del espacio exterior.

Además de la galaxia Andrómeda (a 2.5 millones de años luz de distancia a la Tierra), existen otras galaxias que pueden ser observadas con telescopios desde nuestro planeta. Por ejemplo, la galaxia elíptica NGC 5128 en la constelación del Centaurus, que se ha calculado se encuentra a 13 millones de años luz de la Tierra. Otra galaxia muy interesante es la gran nube de Magallanes, en la constelación del Dorado, que tiene forma irregular y está a 0.17 millones de años luz. Entre las galaxias más cercanas a nuestro Sistema solar, se han detectado las siguientes: Enana mayor a 25 mil años luz; Draco II a unos 70 mil años luz; Tucana III a 74 mil años luz; Segue I a 75 mil años luz; la galaxia Enana elíptica de Sagitario a 81 mil años luz; Hydrus a 90 mil años luz; Carina III a 91 mil años luz; Enana de la Osa mayor II a 98 mil años luz y la galaxia triángulo a 98 mil años luz. Los científicos han estimado que hay aproximadamente unas 150 mil galaxias que se encuentran a menos de 100 mil años luz de nuestro planeta, evidentemente con diferentes morfologías, tamaños y composiciones químicas.

Además de los tipos de galaxias mencionados en los párrafos anteriores, no podemos olvidar a un tipo particular de estos objetos, que es sin duda muy peculiar; los cuásares. Estas galaxias están activas y se perciben cómo objetos muy brillantes y puntuales. Aunque en realidad son objetos de cielo profundo, lejos de nuestro sistema solar. Se ha calculado que los cuásares pueden emitir una cantidad de energía cercana a la que puede emitir todas las estrellas juntas de la Vía Láctea. Lo que hace suponer que la masa contenida en un cuásar es enorme.

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Universidad Politécnica de Tulancingo. alfonso.padilla@upt.edu.mx