En un mundo saturado de pantallas y algoritmos, la radio sigue latiendo con fuerza, contrario a lo que muchas personas pudieran pensar.

Lo sabemos. El poder de la radio no necesita de una imagen gráfica para conmover, ni conexión a internet para informar.

Basta una frecuencia, una canción o una voz.

En esta semana, el 13 de febrero se conmemorará el Día Mundial de la Radio, proclamado por la UNESCO para reconocer a este medio como uno de los más accesibles, asequibles, confiables y universales del planeta.

Piénsalo, la radio ha acompañado revoluciones, procesos democráticos, movimientos sociales de todo tipo.

Ha sido refugio en desastres naturales cuando las telecomunicaciones fallan; ha sido puente en comunidades rurales donde otros medios no llegan; ha sido altavoz para causas que durante años fueron silenciadas.

Pero hablar de radio no es solo hablar de tecnología: es hablar de derechos humanos.

El artículo 6° de la Constitución mexicana reconoce el derecho a la libertad de expresión y al acceso a la información. A nivel internacional, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a buscar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio.

La radio ha sido históricamente uno de esos medios fundamentales. Permite que personas periodistas, personas defensoras de derechos humanos, activistas y las comunidades expresen sus ideas, denuncien injusticias y construyan opinión pública.

En sociedades democráticas, la radio es un termómetro de la libertad: cuando se intenta silenciarla, lo que está en riesgo no es solo un micrófono, sino el derecho colectivo a estar informados.

En comunidades indígenas, rurales o de difícil acceso, la radio comunitaria ha sido clave para garantizar el derecho a la información e incluso, existen espacios donde se promueve la información en lengua materna, dando paso al derecho a la participación y el derecho a la cultura.

A través de ella se difunden campañas de salud, alertas, información sobre violencia de género, convocatorias públicas y todo el acontecer musical y noticioso. La radio construye comunidad. Permite escuchar otras voces, reconocer otras realidades y romper burbujas. En contextos de polarización social, la radio puede convertirse en un espacio de diálogo, reflexión y construcción de paz.

Por todo ello, si lo pensamos bien, la radio también es herramienta para el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a la igualdad y no discriminación; se convierte en el derecho de las personas a conocer las rutas institucionales para la defensa de sus derechos.

Desde la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH), sabemos que muchos primeros acercamientos de la ciudadanía con la defensa de sus derechos no llegan por redes sociales, sino por una entrevista, una cápsula informativa o un programa radiofónico. La radio acerca a la institución con la población, humaniza el mensaje y convierte la información en acompañamiento.

En situaciones de emergencia —huracanes, incendios, crisis sociales— la radio suele ser el último medio en apagarse. Cuando todo falla, una voz que dice “no estás sola” puede significar contención, esperanza y orientación. Eso también es derechos humanos: garantizar que las personas tengan acceso a información veraz en momentos críticos.

Hoy, cuando la desinformación circula a gran velocidad y la opinión muchas veces reemplaza al dato, la radio sigue ofreciendo algo invaluable: tiempo para escuchar. Y escuchar es el primer paso para respetar derechos.

Defender la radio libre, plural y responsable es defender la democracia. Es proteger el derecho de las personas a estar informadas, a participar en la vida pública y a exigir rendición de cuentas.

Porque mientras haya una voz dispuesta a informar con ética y compromiso, habrá una sociedad con herramientas para defender su dignidad.

Y mientras haya radio, habrá comunidad.