México no puede entenderse en singular. Somos un país construido desde la pluralidad: múltiples lenguas, pueblos originarios, tradiciones, expresiones artísticas, formas de entender el mundo, identidades comunitarias y memorias colectivas que han dado sentido a nuestra historia. Sin embargo, durante décadas, muchas de esas diferencias fueron invisibilizadas, formándose estereotipos, formas de discriminación y reducidas al folclor. Por eso hablar hoy de diversidad cultural no es solamente hablar de costumbres; es hablar de derechos humanos.

La diversidad cultural representa el derecho de todas las personas y comunidades a existir plenamente sin tener que renunciar a quienes son. Implica el derecho a la identidad cultural, a la lengua, a la participación comunitaria, a preservar tradiciones, a transmitir conocimientos ancestrales y a vivir libres de discriminación. También se relaciona con derechos de primera generación —como la igualdad y la libertad de expresión—; de segunda generación —como el acceso a la educación y la cultura—; y de tercera generación, como el derecho al patrimonio cultural y al desarrollo colectivo de los pueblos.

En un mundo cada vez más polarizado y homogéneo, defender la diversidad cultural se ha convertido en un acto de dignidad. Porque cuando una lengua desaparece, no solo se pierden palabras: desaparece una forma completa de interpretar la vida. Cuando se discrimina una vestimenta tradicional, una práctica comunitaria o una cosmovisión distinta, no se afecta únicamente a una persona; se vulnera la memoria colectiva de generaciones enteras.

Por ello cobra especial relevancia el trabajo del Movimiento Nacional por la Diversidad Cultural de México, una articulación institucional y social que impulsa acciones para fortalecer el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad cultural en nuestro país. En Hidalgo, recientemente se llevó a cabo la Reunión Plenaria del Grupo de Coordinación Interinstitucional del Movimiento, teniendo como sede a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo, espacio donde convergieron instituciones y organizaciones civiles comprometidas con una visión intercultural de los derechos humanos.

Durante esta reunión, el Profr. Miguel Ángel Ortega Sánchez tomó protesta a Miguel Ángel Pérez Díaz como nuevo Coordinador Operativo Estatal del Movimiento en Hidalgo, relevando al profesor José Acosta Hernández, quien encabezó estos trabajos durante más de 18 años. Más allá de un relevo institucional, este momento simboliza la continuidad de una causa profundamente humana: reconocer que la diversidad no divide a una sociedad; la enriquece.

Resulta significativo que esta coordinación pase ahora al impulso del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Hidalgo (CECYTEH), pues la educación juega un papel central en la construcción de una ciudadanía intercultural. No se puede hablar de inclusión mientras existan generaciones que crezcan creyendo que ciertas culturas valen menos que otras.

Desde la labor de la CDHEH, la diversidad cultural también implica combatir formas cotidianas de discriminación que muchas veces pasan desapercibidas: burlas por el acento, exclusión de lenguas indígenas, prejuicios hacia comunidades rurales, estigmatización de prácticas tradicionales o invisibilización de pueblos originarios en la toma de decisiones públicas. Defender derechos humanos desde una perspectiva intercultural significa entender que no todas las personas viven la realidad de la misma manera y que justamente ahí radica la riqueza social.

La UNESCO ha señalado que la diversidad cultural es “tan necesaria para la humanidad como la biodiversidad para los organismos vivos”. Y quizá esa comparación resume perfectamente el desafío de nuestro tiempo: comprender que las diferencias no representan una amenaza, sino una posibilidad de construir sociedades más empáticas, creativas y democráticas.