Estaba a punto de escribirlo. De confesar el delito, su autoría.

¿Con quién más podría descargar toda la furia con la que pecó?

Y la pasión que exhalaban sus poros y se traducía al lenguaje único del sudor. Las respiraciones entrecortadas, los besos voraces, y el secreto encerrado detrás de sus párpados. ¿Quién lo entendería?

Encorvado en su asiento de piel sintética, con los brazos tendidos sobre el escritorio de la empresa. Miraba la hoja tímida que apenas se asomaba en la máquina de escribir.

15 minutos y 42 segundos. 41 segundos. 40 segundos.

Tenía que confesar.

No dejaba de sorprenderle la temperatura de la sangre fresca. Tomó el exacto de metal que los diseñadores habían dejado sobre la mesa de corte. Deslizó la pequeña pestaña de plástico hasta escuchar tres clics. Apuntó a la segunda vena de su muñeca izquierda, la más grande, la que parecía conectar directamente con el dedo corazón.

El instrumento. Una fina lámina de acero.

09 minutos y 18 segundos.

Regresó la mirada a la hoja. Presionó la primera tecla con el dedo manchado. La tinta negra se mezcló con el rastro pastoso y tibio que bajaba por su brazo al acomodar nerviosamente el papel. Pronto la máquina comenzó a ganarle la carrera al reloj de su escritorio.

Letra por letra, ell encabezado de una nota que sus jefes ansiaban por publicar.

“Clausuran bar clandestino en el centro; catorce detenidos.”

Escribió sobre las luces rojas, los golpes de los uniformados, el olor a sudor y miedo, y los nombres de aquellos que solo buscaban un refugio en la oscuridad de la noche.

Escribió sobre el delito de existir. Escribió su propio nombre. 

02 minutos y 05 segundos. Los números en su cabeza ya casi no importaban.

Al terminar el último párrafo, no hizo falta más que colocar sus iniciales para comprender esta última obra. Después de años invertidos creyendo en el poder de su labor. 

Retiró la hoja con un tirón seco. La dejó sobre el escritorio, justo al lado del charco tibio que terminaba de derramarse sobre la piel sintética del asiento.

00 minutos y 00 segundos.

Apagó la luz de la oficina. Ya no había secreto que guardar. Cumplió con la entrega.