Por: Dra. Patricia Catalina Medina Pérez*
La nueva entrega de la Revista de Estudios Regionales Nueva Época, se presenta como un esfuerzo colectivo por mostrar las tensiones y contradicciones que atraviesan los territorios latinoamericanos. El número se compone de un conjunto de investigaciones que, desde distintas perspectivas disciplinares, brindan un retrato complejo de la región, donde las desigualdades históricas se entrelazan dando forma a nuevas configuraciones de lo urbano, lo rural, la comunidad.
En este número, a través de la difusión de investigaciones que tienen como eje transversal la relación entre territorio y poder, se ofrecen aportes que enriquecen su comprensión en el contexto de México e Iberoamérica.
La dimensión ambiental ocupa un lugar destacado en el número, en la sección “Conflictos socioambientales y ecologías políticas en América Latina” los trabajos de Josefina Pedraza, José Manuel Hernández Ángeles, subrayan que el cambio climático y la degradación de los ecosistemas deben analizarse al margen de la desigualdad social. Las poblaciones pobres son las más afectadas por la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la escasez de recursos, mientras que los sectores privilegiados, responsables de gran parte del deterioro, cuentan con más medios para adaptarse o escapar de sus consecuencias. Esta paradoja coloca la justicia ambiental como un imperativo ético y político que no puede seguir postergándose.
La revista reflexiona también sobre la construcción del territorio desde los saberes comunitarios, en la sección “Identidades, saberes y prácticas territoriales en comunidades” se presentan cuatro artículos, el trabajo de Germán Vázquez Sandrin, se dialoga desde distintas perspectivas cómo la identidad étnica se sostiene en la pertenencia comunitaria, incluso cuando ciertas prácticas culturales se debilitan. Por su parte, el trabajo sobre la milpa en San Luis Potosí revela cómo el campesino se apropia de su espacio productivo como eje de subsistencia y soberanía alimentaria, a pesar de las reformas agrarias y la globalización. Ambos trabajos hacen evidente que la identidad y el territorio se mantienen vivos gracias a la interacción entre prácticas culturales, saberes tradicionales y pertenencia comunitaria.
En el trabajo sobre la implementación de la estrategia NODESS en Alfajayucan, Edgar Castillo Flores analiza cómo la economía social solidaria se aplicó en un proyecto de minería comunitaria, con el objetivo de promover prácticas sostenibles y responsables que fortalecen el desarrollo económico local. Por su parte, en el trabajo de Lilibeth García Morales, sobre la administración comunitaria del agua en Tlaxcala, se muestra la organización de los habitantes en comités para garantizar el acceso a servicio, enfrentando la ausencia de mecanismos claros del Estado.
Los tres trabajos reunidos en la sección “Estado, poder, política y sus efectos en los territorios”, exponen cómo las dinámicas institucionales y sociales inciden directamente en los territorios. El primero, de Angélica Cazarin Martínez, analiza la elaboración del Programa Municipal de Desarrollo Urbano y evidencia avances en coordinación institucional y apertura participativa, aunque se presentan algunas limitantes, por su carácter consultivo y la falta de mecanismos de vinculación. El segundo, de María Yoselin Luna Rodríguez, se centra en las elecciones mexicanas de 2024, examina el gasto de los partidos políticos y revela una creciente concentración de recursos en campañas “de aire”, al cuestionar la lógica de la distribución del financiamiento. En el tercero, sobre la informalidad urbana en Cochabamba, Jhonny Iván Oporto Berrios nos muestra cómo el comercio en La Cancha, se reorganizó tras la pandemia mediante la autogestión, segmentación y redes comunitarias en Colombia.
En la sección de artículos de reflexión, Mónica Martínez Borrayo en “Tendencias en México del patrimonio cultural: una revisión sobre las prácticas significativas en el territorio”; destaca la emergencia de movimientos sociales vinculados al patrimonio cultural y la necesidad de comprender el territorio como una construcción simbólica, donde las prácticas comunitarias son el eje de sentido y valoración. Por su parte, Carlos Bustamante López en su trabajo “Reflexiones historiográficas sobre el impacto político y territorial de la Constitución de Cádiz de 1812 en la Nueva España”, revisa las interpretaciones sobre su influencia, al hacer evidente la coexistencia de cambios modernizadores con prácticas tradicionales que han resultado en un liberalismo moderado. Ambos trabajos subrayan cómo el territorio se configura desde narrativas culturales contemporáneas, pero también a partir de procesos históricos que entrelazan modernidad y tradición.
El número cierra con una reseña del proyecto comunitario sobre el maguey y otra del libro “Hidalgo. La alternancia esperada: Elecciones de gubernatura 2022”, en la que se exponen los momentos históricos que atravesó el estado de Hidalgo hasta alcanzar la alternancia en el poder ejecutivo estatal. El libro se convierte en un referente indispensable para quienes buscan comprender la vida política hidalguense. En sus páginas se narran las luchas y tensiones que mercaron el camino para romper con estructuras de poder profundamente arraigadas en esta región.
Recomiendo ampliamente la lectura y revisión de los contenidos de este, el número 7 de la revista, editado por El Colegio del Estado de Hidalgo. Se encuentra disponible para su consulta y descarga libre en el enlace: http://www.elcolegiodehidalgo.edu.mx:81/index.php/revista/index














