{"id":148559,"date":"2021-03-27T19:15:06","date_gmt":"2021-03-28T01:15:06","guid":{"rendered":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/?p=148559"},"modified":"2021-03-27T19:15:06","modified_gmt":"2021-03-28T01:15:06","slug":"el-tlacuilo-15","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/2021\/03\/27\/el-tlacuilo-15\/","title":{"rendered":"El Tlacuilo"},"content":{"rendered":"<p>Se aproxima la llamada \u201csemana santa\u201d y en un pa\u00eds por excelencia creyente, los d\u00edas \u201cde guardar\u201d, para la mayor\u00eda de los mexicanos est\u00e1n dedicados a la congregaci\u00f3n religiosa recordando un poco la espiritualidad. Ser\u00e1 dif\u00edcil tomando en cuenta que estamos en plena pandemia, sin embargo los fieles buscan m\u00e9todos alternos para continuar con los ritos establecidos por la doctrina.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si el m\u00e1ximo icono de la religi\u00f3n cat\u00f3lica cristiana fuera demolido? Causar\u00eda una gran impresi\u00f3n entre los fieles, un suceso hist\u00f3rico trascendente y sorpresivo. Si catedral metropolitana fuera s\u00f3lo un episodio en los libros de historia y en su lugar estuvieran escuelas o centros de arte que permitieran tener un acercamiento con la cultura eso s\u00ed que ser\u00eda incre\u00edble, por lo menos en este pa\u00eds.<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento esto pudo haber sucedido, de haberse hecho realidad la propuesta de Juan Jos\u00e9 Baz. En \u00e9l todo era pasi\u00f3n, y fue el calor del momento que lo llev\u00f3 a tener una afrenta personal contra la Catedral, y lo que ella representaba, suceso que pasar\u00eda a la historia m\u00e1s como an\u00e9cdota y rima, que como una afrenta militar.<\/p>\n<p>Nunca pudo realizar su sue\u00f1o m\u00e1s acariciado: demoler la catedral de la ciudad de M\u00e9xico a ca\u00f1onazo limpio. Se cuenta que cuando Juan Jos\u00e9 Baz (1820-1887) pasaba frente al majestuoso templo daba un suspiro y se imaginaba cu\u00e1ntas escuelas, edificios y centros de arte podr\u00edan construirse con aquella cantera, y lo bien que se podr\u00eda usar su espacio para cosas de provecho. Este oriundo de Guadalajara ser\u00eda una de las peores amenazas contra la arquitectura religiosa en toda nuestra historia nacional.<\/p>\n<p>Proveniente de una familia distinguida y de ascendencia arist\u00f3crata, excombatiente de la guerra de los pasteles y contra los invasores estadounidenses en Churubusco, Molino del Rey y Chapultepec, el car\u00e1cter de Juan Jos\u00e9 Baz y Palafox era, en palabras de Enrique Fern\u00e1ndez Ledesma, \u00abimpulsivo, tozudo, delirante de acci\u00f3n; l\u00edrico del jacobinismo, insolente y hasta obsceno cuando le ganaba la exaltaci\u00f3n; gustaba de las exhibiciones de su valor, siempre lleno de ardores y de penachos y se hac\u00eda llamar el inmaculado\u00bb.<br \/>\nFue cuatro veces gobernador del Distrito Federal, la primera a instancias de Benito Ju\u00e1rez, quien vio en aqu\u00e9l g\u00fcero astuto, lleno de energ\u00eda, al perfecto candidato.<\/p>\n<p>No para guiar una ciudad en plena crisis y transformaci\u00f3n sino para embestirla. \u00abSe le ve a don Juan Jos\u00e9 en todas partes -comenta un peri\u00f3dico de la \u00e9poca-; accionando, gesticulando, improvisando y resolviendo problemas. Las colas de su frac azul parecen gallardetes agitados por el viento. No corre, vuela. No piensa, obra. S\u00f3lo que a veces obra sin pensar\u00bb.<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 cuando en 1856, durante la semana santa, a este un tanto obstinado jefe de gobierno, casi siempre furioso, le negaron rotundamente la entrada al recinto. Y no era para menos: Don Juan Jos\u00e9 quer\u00eda participar de los oficios del jueves santo entrando a la catedral montado en su caballo. La negativa de los curas lo sulfur\u00f3 y al d\u00eda siguiente regres\u00f3 con la artiller\u00eda, misma que dispuso frente al atrio, mandando a la tropa a rodear el sagrado inmueble. El pueblo reaccion\u00f3 de inmediato, y en medio del fervor religioso que caracterizan tales fechas, enfureci\u00f3 y se amotin\u00f3 frente a la catedral. La situaci\u00f3n, tensa y a punto de estallar, llev\u00f3 a Baz a replegarse, y as\u00ed el extremista ateo se qued\u00f3 con las ganas de reventar en mil pedazos la catedral.<\/p>\n<p>\u00abLa Batalla de Jueves Santo\u00bb, obra salida de la pluma de don Ignacio Aguilar y Marocho, \u00abalto miembro del Partido Conservador, literato cat\u00f3lico y hombre ingenioso\u00bb, fue un pliego que se public\u00f3 ridiculizando el hecho. Sus varias ediciones circularon por las calles de la ciudad con \u00e9xito rotundo; seg\u00fan Fern\u00e1ndez Ledesma \u00abmilitares y paisanos, amas de cr\u00eda, arrapiezos y hasta se\u00f1oras\u00bb repet\u00edan sus versos de memoria: \u00abFija, cual buen general, su primera paralela en medio de la Plazuela, para sitiar la Catedral\u00bb.<\/p>\n<p>El 16 de septiembre de 1856 el entonces presidente sustituto de la Rep\u00fablica, Ignacio Comonfort, public\u00f3 un comunicado donde entre otras cosas se decretaba la demolici\u00f3n de edificios y la ocupaci\u00f3n de terrenos para causa de la utilidad p\u00fablica, as\u00ed como la inmediata apertura de calles comunicantes. No pudo haber mejores noticias para Juan Jos\u00e9 Baz, quien tomando la disposici\u00f3n del presidente con entra\u00f1able cari\u00f1o comenz\u00f3 a demoler todo a su paso, sobre todo si con ello lograba fastidiar al clero. Pocos pol\u00edticos han logrado en tan corto tiempo cambiar radicalmente la geograf\u00eda de su ciudad. En su libro, Elogio de la calle: Biograf\u00eda literaria de la Ciudad de M\u00e9xico 1850-1992 (Cal y Arena), Vicente Quirarte dice: \u00abEntre 1861 y 1867, bajo el mandato de Baz, se demolieron total o parcialmente los conventos de San Francisco, Santo Domingo, San Agust\u00edn, San Fernando, La Merced, La Concepci\u00f3n y Santa Isabel\u00bb.<\/p>\n<p>Para derribar tanto edificio clerical, construcciones originalmente concebidas para funcionar como fortalezas medievales, Baz gustaba de usar un m\u00e9todo que perfeccion\u00f3 con ah\u00ednco: \u00abUntar de brea grandes vigas para atorarlas entre piso y techo y posteriormente prenderles fuego para que el edificio se derribara\u00bb, comenta Quirarte, y si no, pues siempre estaba a la mano un buen mortero.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s el gobernador era un destructor rapid\u00edsimo: Cuando Benito Ju\u00e1rez visit\u00f3 el cad\u00e1ver de Maximiliano (\u00abuna visita que se realiz\u00f3 con tanto sigilo que los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca no la registraron, (y en donde) Ju\u00e1rez pudo concebir en toda su magnitud el triunfo de la Rep\u00fablica y su victoria personal\u00bb, comenta el historiador Alejandro Rosas), dispuesto \u00e9ste en la iglesia de San Andr\u00e9s, tem\u00eda que aqu\u00e9l recinto se convirtiera en una especie de centro de peregrinaci\u00f3n de los partidarios del imperio. Entonces Baz se ofreci\u00f3 sol\u00edcito a destruir el templo, cosa que consigui\u00f3 en una sola noche. De igual forma, en una sola noche, abri\u00f3 la calle de Independencia y derrib\u00f3 parte del Convento de San Francisco. Tambi\u00e9n abri\u00f3 la calle de Cinco de Mayo, de la que L\u00f3pez Velarde escribi\u00f3: \u00abLe soy adicto, a sabiendas de su car\u00e1cter utilitario, porque racionalmente no podemos separarla de las enga\u00f1osas cortesanas que la fatigan en carruaje, abatiendo, con los tobillos cruzados, la virtud de los comerciantes\u00bb. Sorprendentemente, sobre todo para un demoledor tan atareado, Baz tuvo tiempo para construir la Escuela Industrial de Hu\u00e9rfanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se aproxima la llamada \u201csemana santa\u201d y en un pa\u00eds por excelencia creyente, los d\u00edas \u201cde guardar\u201d, para la mayor\u00eda de los mexicanos est\u00e1n dedicados a la congregaci\u00f3n religiosa recordando un poco la espiritualidad. 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