{"id":219766,"date":"2023-07-20T20:09:04","date_gmt":"2023-07-21T02:09:04","guid":{"rendered":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/?p=219766"},"modified":"2023-07-20T20:09:04","modified_gmt":"2023-07-21T02:09:04","slug":"taches-y-tachones-88","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/2023\/07\/20\/taches-y-tachones-88\/","title":{"rendered":"Taches y tachones"},"content":{"rendered":"<p>Por: Alejandro Ord\u00f3\u00f1ez<\/p>\n<p>Era la madrugada, me despert\u00f3 su voz exaltada. Gritaba desesperada, su terror y desolaci\u00f3n sobrecog\u00edan y daban miedo. \u00a1Est\u00e1n aqu\u00ed! -chill\u00f3 entre sue\u00f1os-. \u00a1Vienen por nosotros! No hay escapatoria. Hab\u00eda sido un d\u00eda dif\u00edcil, el beb\u00e9 tuvo fiebre desde la tarde, nos advirtieron que ser\u00eda una reacci\u00f3n normal -por las vacunas-, pero su llanto y malestar nos agobiaron. Hab\u00edamos dormido dos horas cuando me despertaron sus gritos. Trat\u00e9 de calmarla. Estaba sentada sobre la cama. Me descontrol\u00e9 al ver el techo de la habitaci\u00f3n iluminado, como si estuvi\u00e9ramos de campamento y esas luces brillantes fueran estrellas tachonando el firmamento. Ella gem\u00eda, se agitaba como animal enloquecido.<\/p>\n<p>Trat\u00e9 de tranquilizarla, lo comprend\u00ed, est\u00e1bamos en presencia de algo extra\u00f1o, pues el techo de la habitaci\u00f3n semejaba la pantalla de una computadora donde aparec\u00edan signos extra\u00f1os, que al desplazarse de una a otra pared parec\u00edan mandar un mensaje cifrado. Ten\u00eda el cabello erizado y la piel chinita. Du\u00e9rmete, no pasa nada le dije, pero ella -estremecida por el miedo- segu\u00eda sin escucharme. Descubr\u00ed un haz de luz que brotaba de una peque\u00f1a nave, taladraba su nuca y trataba de llegar a su cerebro, interpuse mi mano para protegerla, pero fue en vano pues el rayo la atraves\u00f3 y al hacerlo mis dedos adquirieron la transparencia del cristal, dejando traslucir las redes azules de mis venas.<\/p>\n<p>Espantado, tom\u00e9 el primer objeto que hall\u00e9 en el bur\u00f3, era la lata de leche del beb\u00e9. La interpuse, al refractar -involuntariamente- el rayo, escuch\u00e9 el tenue ruido de una explosi\u00f3n y un brillante polvo blanco cay\u00f3 sobre la duela. El haz que hurgaba en su cerebro se extingui\u00f3. Descubr\u00ed al emisor de los signos que cruzaban por el techo; tom\u00e9 la l\u00e1mpara de rayos l\u00e1ser, la apunt\u00e9 hacia la navecilla; escuch\u00e9 otra ligera explosi\u00f3n, los signos desaparecieron y un fosforescente polvo blanco manch\u00f3 la alfombra. Descubr\u00ed entonces otro objeto diminuto que desped\u00eda intermitentes luces azules y rojas, mientras volaba raudo hacia el espejo del tocador, quise destruirlo, pero se introdujo en \u00e9l, como lo har\u00eda un submarino al sumergirse en la profundidad del oc\u00e9ano. Me levant\u00e9, prend\u00ed la luz, corr\u00ed hasta el tocador, lo revis\u00e9 sin descubrir nada extra\u00f1o. Volv\u00ed a la cama, ella segu\u00eda en crisis, la acost\u00e9, la arrop\u00e9, la abrac\u00e9, tratando de tranquilizarla.<\/p>\n<p>El resto de la noche se fue lento. El d\u00eda transcurri\u00f3 como de costumbre, al oscurecer volvimos a casa. Durante el trayecto, cosa rara, se mantuvo ausente, luc\u00eda p\u00e1lida, ojerosa, tal vez por la desvelada. Cre\u00ed que comentar\u00eda algo de lo ocurrido la noche anterior, pero no lo hizo y yo prefer\u00ed no record\u00e1rselo, pero al acostarnos puse debajo de la almohada mi lamparita de rayos l\u00e1ser. Me despert\u00f3 el leve destello de parpadeantes luces azules y rojas volando debajo de la cama. Me dej\u00e9 caer, prend\u00ed la l\u00e1mpara, al hacerlo descubr\u00ed tres puntos multicolores que volaron y se sumergieron en el espejo del tocador, sin darme tiempo de apuntarles. Record\u00e9 que el aluminio de la lata de leche hab\u00eda acabado con ellos, dej\u00e9 prendida la l\u00e1mpara l\u00e1ser, baj\u00e9 a la despensa por rollos de papel aluminio, y cubr\u00ed con ellos los espejos de la casa, era de madrugada cuando por fin me acost\u00e9 a descansar.<\/p>\n<p>El d\u00eda transcurri\u00f3 normal. No pregunt\u00f3 la raz\u00f3n de la excentricidad de esos espejos cubiertos, ni di explicaci\u00f3n. La noche parec\u00eda tomar el mismo rumbo, pero al volver a casa encontr\u00e9 sobre el tocador tres montoncitos de polvo blanco, como los de las termitas en la madera. Era tarde cuando el beb\u00e9 llor\u00f3 exigiendo su biber\u00f3n. Confiado en la precaria protecci\u00f3n de los espejos cubiertos baj\u00e9 a la cocina, calent\u00e9 la leche, le di el biber\u00f3n, cambi\u00e9 su pa\u00f1al, cuando por fin se durmi\u00f3 escuch\u00e9 ruidos extra\u00f1os provenientes de la rec\u00e1mara principal. Al entrar la hall\u00e9 frente al enorme espejo del vestidor, hab\u00eda quitado el papel aluminio y se estaba sumergiendo en \u00e9l, ten\u00eda adentro un brazo y una pierna.<\/p>\n<p>Corr\u00ed hacia ella, la jal\u00e9 con todas mis fuerzas, como estaba a punto de perderla, sin medir consecuencias apunt\u00e9 mi l\u00e1mpara hacia el centro del espejo. Se escuch\u00f3 una explosi\u00f3n y el ruido de cristales al romperse, cre\u00ed ser\u00edamos heridos por los vidrios rotos, pero en el ambiente flotaron s\u00f3lo ligeras plumas plateadas. La llev\u00e9 hasta la cama, la arrop\u00e9, apagu\u00e9 la luz, al hacerlo descubr\u00ed que en la oscuridad brillaban su cara y su cabeza, su cr\u00e1neo transl\u00facido dejaba ver las circunvoluciones de su cerebro y al voltear a verme, en las cuencas de sus ojos centelleaban macabros destellos rojos. Llev\u00f3 su mano de cristal hasta mi cuello, empez\u00f3 a apretar, trat\u00e9 de zafarme, pero su fuerza desmedida hac\u00eda in\u00fatiles mis esfuerzos. Desesperado, busqu\u00e9 a tientas en el bur\u00f3, encontr\u00e9 la l\u00e1mpara, la dirig\u00ed a esas garras cristalinas que me asfixiaban, escuch\u00e9 una explosi\u00f3n y una lluvia de fino polvo blanco cay\u00f3 sobre mis ojos. Enceguecido corr\u00ed hacia la rec\u00e1mara del beb\u00e9, ella trat\u00f3 de seguirme, pero quiz\u00e1s la amenaza del l\u00e1ser la detuvo.<\/p>\n<p>Est\u00e1 del otro lado de la puerta, lo s\u00e9, la escucho, oigo su respiraci\u00f3n y sus palabras amorosas diciendo, \u00a1Por favor, \u00e1breme cari\u00f1o! Por la ranura inferior de la puerta veo el reflejo de las luces azules y rojas desplaz\u00e1ndose de uno a otro lado del pasillo. Falta poco para el amanecer, sostengo firmemente la l\u00e1mpara, con la esperanza de que su desgastada bater\u00eda dure hasta entonces, s\u00f3lo as\u00ed lograr\u00e9 mantenerlos a raya, he hablado por tel\u00e9fono con mis suegros, deben estar buscando a la polic\u00eda y venir en mi auxilio. Me preocupa el beb\u00e9, pero no me atrevo a verlo directamente a los ojos, ni a descubrirle la cabeza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Alejandro Ord\u00f3\u00f1ez Era la madrugada, me despert\u00f3 su voz exaltada. 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