{"id":250950,"date":"2024-08-07T15:21:59","date_gmt":"2024-08-07T21:21:59","guid":{"rendered":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/?p=250950"},"modified":"2024-08-07T15:21:59","modified_gmt":"2024-08-07T21:21:59","slug":"miradas-desde-el-sur-99","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/2024\/08\/07\/miradas-desde-el-sur-99\/","title":{"rendered":"Miradas desde el Sur"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por: M\u00f3nica Teresa M\u00fcller<\/em> <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las sombras acuden al llamado de la otra cara del planeta. La luz despierta lenta en Buenos Aires y permite que los transe\u00fantes caminen con andar seguro.<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o da vuelta a la esquina y elige la Avenida Rivadavia como ruta. Tirita. El fino pullovers de lana deste\u00f1ida no es suficiente. Aqu\u00e9l: \u201cMa, \u00bfcu\u00e1ndo voy a tener una campera nueva?\u201d, qued\u00f3 en el suspenso de una respuesta sin palabras, ocupada tan solo por un suspiro. Quique camina esquivando el viento, cobij\u00e1ndose detr\u00e1s de alg\u00fan se\u00f1or con abrigo grueso al que se arrima despacio como al acecho de su tibieza.<\/p>\n<p>El Banco en la esquina de Reconquista aguarda abrir sus puertas para recibir a los clientes que, apresurados, hostigaran sin piedad la puerta giratoria. El peque\u00f1o saluda al polic\u00eda que vigila la zona. Alguno de ellos conoce su historia y saben que los ojos de la mujer que cambia cada tanto de lugar, lo cuida.<\/p>\n<p>La madre del ni\u00f1o, sentada en un banco de Plaza de Mayo, vigila. Cuida su bolsa cargada con tortas fritas, que quiz\u00e1 alguien compre o tal vez deje unas monedas en el pa\u00f1uelo que est\u00e1 sobre el piso. Todo es incierto.<\/p>\n<p>Frente a la hist\u00f3rica Plaza, las escalinatas de la Catedral de Buenos Aires albergan figuras, que se desdibujan cuando los rayos del sol avanzan y rodean la ciudad. Quique persigue la calidez y se acurruca junto a una columna del Templo que detiene el viento que llega desde el R\u00edo. Nadie lo ve. Es invisible para muchos aunque otros m\u00e1s lo conocen. El ni\u00f1o conversa con personas permitidas por su madre.<\/p>\n<p>Las mochilas de quienes las portan apresurados y caminan por el microcentro porte\u00f1o, ignoran que su destino est\u00e1 comprometido por un contrato no firmado. En la ciudad, todo sucede como si la causalidad marcara el rumbo hasta de las palomas que sobrevuelan la Plaza. En las oficinas, los escritorios aguardan que las computadoras los alejen de la soledad de no recibir papeles y los contacte con el mundo virtual, ajeno a los sentimientos.<br \/>\nLa madre del ni\u00f1o lo observa. Sobre las cuatro esquinas del pa\u00f1uelo ha colocado piedras para que el viento no juegue con la tela. Pas\u00f3 una hora desde su llegada y las monedas suplen los pedruscos. Imagina la campera de Quique, la nueva, la que desea.<\/p>\n<p>Los autos se adue\u00f1an de las calles que rodean la Plaza, colectivos que acercan trabajadores de la zona, los taxis con el negro y amarillo que los hace inconfundibles pintan el \u00f3leo que se suma al alma de la Ciudad.<\/p>\n<p>La ventisca se adue\u00f1a de hojas diversas y las hace un todo. Un hombre aguarda que el sem\u00e1foro le permita cruzar por las l\u00edneas cebra, mira la Casa Rosada y al girar la cabeza, el Cabildo le hace cavilar: \u201cQuiz\u00e1 los jacarandas, pl\u00e1tanos junto a las palmeras y el olivo, unan los vientos de la historia y se cobijen en el ceibo.\u201d En el mismo momento, una moto de mensajer\u00eda, se dirige hacia Avenida de Mayo rumbo a Congreso en un entrecruce de sonidos.<\/p>\n<p>La madre del ni\u00f1o se inquieta, \u00e9l no est\u00e1 en la escalinata de la Catedral. Duda. Levanta el pa\u00f1uelo con las monedas y guarda los billetes en el bolsillo de la campera que le regalaron. No comprende por qu\u00e9 Quique se fue del lugar, tiene su permiso para quedarse ah\u00ed y pedir ayuda con su gorro sostenido por una manito. \u201cPuta vida\u201d, murmura. Se apresura. Tiene que encontrar al peque\u00f1o, no puede faltar a la escuela, es su promesa a la Virgen. No le importa dormir en la carpa bajo la recova de la Avenida Alem. Los pensamientos retumban: \u201cMis hijos deben lograr lo que yo no pude\u201d. La mu\u00f1eca busca el rostro y restriega el dolor, la culpa de ser eso, lo que no quiso. Solloza y corre. Esquiva se\u00f1ores de traje, j\u00f3venes estudiantes, vendedores dispersos cada tanto.<\/p>\n<p>Quique camina por la calle San Mart\u00edn. Junto a \u00e9l, una mujer lo empuja para que apure el paso. Ella lo observ\u00f3 durante varios d\u00edas, por eso entr\u00f3 y sali\u00f3 del templo tantas veces, hasta maquinar el negocio.<\/p>\n<p>Las palomas que picoteaban sobre las baldosas de la plaza, alzan vuelo y suman el sonido de sus aleteos a los del entorno que da vida y color a ese espacio de Buenos Aires. Quiz\u00e1 se pusieron de acuerdo para avisar lo que sucede.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o intuye lo que pasa. La calle fue su maestra. En la esquina est\u00e1 su amiga. Respira profundo y corre.<\/p>\n<p>La madre se para en la esquina de Avenida Rivadavia y San Mart\u00edn. Toca las paredes de la Catedral mientras reza lo que aprendi\u00f3 cuando el catecismo.<\/p>\n<p>La polic\u00eda amiga ve a Quique correr hasta ella. En un tris se da cuenta que algo no funciona como siempre. Recibe al ni\u00f1o junto a ella con un abrazo y frena a la delincuente.<\/p>\n<p>El viento cambia el rumbo. Las nubes dejan a la vista el cielo despejado. La Ciudad de Buenos Aires tiene un don, es aire fresco y solidario, hace magia hasta con lo imposible.<br \/>\nAITUE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: M\u00f3nica Teresa M\u00fcller &nbsp; Las sombras acuden al llamado de la otra cara del planeta. La luz despierta lenta en Buenos Aires y permite que los transe\u00fantes caminen con andar seguro. Un ni\u00f1o da vuelta a la esquina y elige la Avenida Rivadavia como ruta. Tirita. 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