{"id":297014,"date":"2026-04-30T15:31:15","date_gmt":"2026-04-30T21:31:15","guid":{"rendered":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/?p=297014"},"modified":"2026-04-30T15:31:15","modified_gmt":"2026-04-30T21:31:15","slug":"taches-y-tachones-225","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/2026\/04\/30\/taches-y-tachones-225\/","title":{"rendered":"Taches y tachones"},"content":{"rendered":"<p><em>Para Juan Luis de la Rosa<\/em><br \/>\n<em>Excelente ser humano<\/em><\/p>\n<p>\u00c9ramos cinco inseparables amigos: Luisi, Montse, Pablo, Memito y yo<br \/>\n-Sergi-, todos de once a\u00f1os; viv\u00edamos en un fraccionamiento rodeado por bosques de pinos, en las afueras de la ciudad. Los fines de semana recorr\u00edamos en bicicleta anchos caminos de tierra abandonados desde hac\u00eda a\u00f1os. Era la hora de volver a casa, tomamos un descanso. Luisi y Montse -muy discretas- se alejaron, volvieron excitadas, hab\u00edan descubierto una cueva; las seguimos, la entrada estaba oculta por yerbas. Pablo y yo dud\u00e1bamos, pero las ni\u00f1as insistieron. Nos asomamos, un fr\u00edo h\u00famedo nos hizo estremecer, la entrada estaba en penumbra, apenas dados unos pasos la oscuridad nos envolvi\u00f3 y una fuerte corriente de aire nos despein\u00f3. Un l\u00fagubre \u00a1uhhh, uhhh, uhhh! se escuch\u00f3 cada vez m\u00e1s intenso; corrimos asustados hasta las bicis y salimos pedaleando con furia, volteando hacia atr\u00e1s, de vez en vez, para ver si \u00e9ramos seguidos por ese fantasma que reclamaba nuestra intromisi\u00f3n en su morada.<\/p>\n<p>Esa tarde fuimos a la papeler\u00eda de don Ram\u00f3n, un anciano con el que sol\u00edamos conversar, hab\u00edamos decidido guardar silencio sobre lo ocurrido; sin embargo, acabamos cont\u00e1ndole todo. El buen viejo sonre\u00eda discretamente, pero al escuchar lo del \u00a1uhhh, uhhh, uhhh!, solt\u00f3 la carcajada. Para empezar, dijo, no es una cueva, es una vieja mina abandonada; para continuar ese rumor no es un fantasma, es el viento que al pasar de las galer\u00edas a los t\u00faneles produce ese sonido. \u00bfUna mina? pregunt\u00f3 Montse. Claro, \u00bfles he platicado que fui minero y trabaj\u00e9 ah\u00ed? No. En realidad son dos socavones, ustedes hallaron el primero, ese no es peligroso, podr\u00edan explorarlo si tomaran las precauciones que yo les dir\u00eda. Hay otro m\u00e1s arriba, a ese no vayan, cuentan que est\u00e1 embrujado, ocurren cosas extra\u00f1as. Necesitar\u00e1n l\u00e1mparas de mano, pilas, velas y cerillos para usarse en una emergencia; lleven chamarras, la cabeza protegida con cascos y gises para marcar la ruta; hay ramificaciones, pero todas se unen m\u00e1s adelante. Ser\u00eda bueno dibujar flechas que apunten hacia la salida, cada veinte o treinta pasos, dar\u00e1n tranquilidad a su regreso y evitar\u00e1n contratiempos. Hay algo m\u00e1s -a\u00f1adi\u00f3- no se separen, tengan paciencia y esperen al m\u00e1s lento; me dar\u00e1n sus n\u00fameros telef\u00f3nicos y yo les dar\u00e9 el m\u00edo, antes de entrar y al salir me avisar\u00e1n para estar al pendiente, calculen su tiempo, deber\u00e1n regresar antes del mediod\u00eda, por si fuera necesario organizar la operaci\u00f3n de rescate.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 la gran fecha, dejamos las bicicletas a la entrada de la mina. Cumplimos las recomendaciones de nuestro amigo, le llamamos antes de entrar, lo not\u00e9 nervioso, \u00e9l tambi\u00e9n lo estaba; nos dese\u00f3 suerte y mand\u00f3 su bendici\u00f3n. Todos \u00e9ramos fervorosos creyentes. Nos encomendamos a Dios y entramos a la oquedad. Montse sugiri\u00f3 aguardar un momento para acostumbrarnos a esa negrura, ven\u00edamos de la claridad del sol y est\u00e1bamos encandilados. Nos fuimos por l\u00f3bregos t\u00faneles, al principio con miedo, luego nos tranquilizamos, algo que nos impresion\u00f3 fue el silencio que nos rodeaba, como el viento hab\u00eda dejado de soplar no hab\u00eda ni un murmullo; llegamos a una galer\u00eda de b\u00f3veda alta, dirigimos hacia ella los haces de luz, vimos peque\u00f1as estrellas plateadas brillando como si fueran parte de la b\u00f3veda celeste. Iniciamos el regreso, fue un alivio ir descubriendo las flechas que apuntaban hacia la salida, cuando ve\u00edamos una lo celebr\u00e1bamos. Al regreso pasamos a la tlapaler\u00eda; don Ram\u00f3n nos recibi\u00f3 feliz y con la paciencia del santo escuch\u00f3 nuestros comentarios. Despu\u00e9s de esa aventura siguieron otras en las que aprendimos otras cuestiones; como llevar una diminuta pala de jardinero para cavar hoyos poco profundos donde depositar nuestros detritos, porque si bien no era com\u00fan, una indisposici\u00f3n intestinal nos oblig\u00f3 alguna vez a suspender el recorrido.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento, nos sentimos aptos para emprender la gran aventura, explorar la mina peligrosa. El anciano nos vio largamente. \u00bfEst\u00e1n seguros? \u00a1S\u00ed! Es arriesgado, pi\u00e9nsenlo; al vernos decididos dio sus \u00faltimas recomendaciones. El tiro estuvo mal trazado, desde el principio hubo peque\u00f1os y algunos grandes derrumbes, no s\u00f3lo de la b\u00f3veda, tambi\u00e9n en los costados, si la estructura de madera que refuerza el techo est\u00e1 rota, regresen; si caen piedrecillas o arena, es se\u00f1al de un pr\u00f3ximo derrumbe; espero no sea as\u00ed, pero si llegara a ocurrir no se queden a esperar el rescate, la operaci\u00f3n puede durar semanas o meses, la \u00fanica oportunidad de sobrevivencia es buscar otra salida, utilicen s\u00f3lo una l\u00e1mpara a la vez, prendan una vela y vean hacia d\u00f3nde se inclina la flama para descubrir la direcci\u00f3n del aire -que debe venir del exterior- es todo lo que les puedo decir y \u00a1que los bendiga Dios!<\/p>\n<p>Call\u00f3 el viejo, contra su costumbre se ve\u00eda triste, como si le ocurriera algo. Respetamos su silencio, todos menos Montse, quien no se guarda nada. \u00bfQu\u00e9 pasa, hay algo que le preocupe? \u00a1Nooo!, contest\u00f3 aqu\u00e9l, tartamudeando, pero do\u00f1a necedades insisti\u00f3. No trate de enga\u00f1arnos, \u00a1ah, ya s\u00e9, est\u00e1 triste! Qu\u00e9 le pasa, d\u00e9jenos ayudarle. El domingo pr\u00f3ximo ser\u00e1 el aniversario luctuoso de mi hermano Agust\u00edn. \u00bfQu\u00e9 le pas\u00f3? Ocurri\u00f3 hace muchos a\u00f1os, yo ten\u00eda dieciocho, \u00e9l diecis\u00e9is, era su primer d\u00eda de trabajo, hab\u00eda esperado ese momento, estaba feliz, se sent\u00eda todo un hombre, despu\u00e9s de doce horas de jornada lleg\u00f3 la hora de regresar, una roca se desprendi\u00f3 del contrafuerte -sin previo aviso-, me disloc\u00f3 el hombro, el dolor era fuerte, imposible cargar el zapapico que llevaba, Agust\u00edn se hizo cargo, adem\u00e1s de su pala; el resto de la cuadrilla centr\u00f3 su atenci\u00f3n y sus cuidados en m\u00ed, no nos dimos cuenta, Agust\u00edn, por el peso de ambas herramientas se hab\u00eda retrasado. Se escuch\u00f3 un ruido salido de las entra\u00f1as de la tierra, en segundos se produjo el derrumbe, el jefe de la cuadrilla nos cont\u00f3, faltaba mi hermano, corr\u00ed como loco hacia ese mont\u00f3n de piedras y de tierra que hab\u00eda obstruido por completo el paso. Nunca me lo perdon\u00e9, la minera organiz\u00f3 el rescate, llegaron brigadas de protecci\u00f3n civil, entr\u00f3 maquinaria pesada, cuando por fin liberamos el paso hab\u00eda transcurrido un mes; para entonces, perdida la esperanza de hallarlo vivo, buscaba su cuerpo para darle cristiana sepultura; tiempo despu\u00e9s la compa\u00f1\u00eda minera cerr\u00f3 sus puertas, nos liquid\u00f3 y con mi parte puse este negocio, del que vivo; sin embargo, muchas veces regres\u00e9 a buscarlo, hasta que mis padres me prohibieron volver a hacerlo, ya era suficiente pena la p\u00e9rdida de un hijo.<\/p>\n<p>Llegamos a la boca del socav\u00f3n, ocultamos las bicicletas y dada la peligrosidad de la aventura que \u00edbamos a emprender nos encomendamos a Dios, en los rostros se dibujaban gusto y preocupaci\u00f3n por el reto. La primera hora fue de j\u00fabilo, para estar m\u00e1s seguros, las marcas que dej\u00e1bamos en las rocas se suced\u00edan cada diez pasos; nadie hablaba, todos concentrados en la lectura de lo que acontec\u00eda alrededor, llegamos a una galer\u00eda en la que al final se abr\u00edan tres pasadizos, deliber\u00e1bamos la ruta a seguir, vimos que algo brillaba fugazmente, nos acercamos, era un altar dedicado a la virgen donde se encomendaban los mineros al entrar y al salir le daban las gracias por haber regresado a salvo. Las ni\u00f1as, con la discreci\u00f3n acostumbrada dijeron que se separar\u00edan brevemente, hab\u00edamos acordado no hacerlo, pero fuimos prudentes. Los gritos de terror nos erizaron la piel, corrimos para ver qu\u00e9 ocurr\u00eda, Luisi, todav\u00eda con la diminuta pala de jardinero en la mano se\u00f1al\u00f3 un sitio, nos acercamos a ese bulto blanco que se asomaba entre la tierra removida, era un cr\u00e1neo humano, trat\u00e9 de controlarme, discutimos qu\u00e9 hacer con \u00e9l, no sab\u00edamos si volverlo a cubrir o desenterrarlo. Pablo sugiri\u00f3 sacarlo y volverlo a sepultar frente al altar. Coincidimos que ten\u00eda raz\u00f3n, si era un alma en pena, a los pies de nuestra se\u00f1ora encontrar\u00eda la paz. El esqueleto estaba bien conservado, a su costado una pala y un pesado zapapico. Volteamos a vernos. \u00bfY si fuera? podr\u00eda ser, don Ram\u00f3n dijo que cada hombre carga s\u00f3lo una herramienta y como \u00e9l se lesion\u00f3, Agust\u00edn se hizo cargo de la suya. \u00bfQu\u00e9 hacemos, lo sepultamos y le decimos d\u00f3nde encontrar\u00e1 a su hermano? \u00bfCrees que nos perdonar\u00eda si lo abandonamos, despu\u00e9s de a\u00f1os de b\u00fasqueda? Es un anciano y no creo que aguante el esfuerzo. Si yo hubiera muerto en este sitio, dijo Luisi, lo \u00faltimo que desear\u00eda ser\u00eda permanecer toda la eternidad en este infierno. Guard\u00e1bamos en una mochila aquellos restos, cuando Luisi descubri\u00f3 una cadenita y una medalla de plata, ennegrecida, la levant\u00f3, para que no se perdiera la guardamos en una bolsa de pl\u00e1stico. encendimos las veladoras, nos hincamos y santiguamos, rezamos un Padre Nuestro y un Ave Mar\u00eda por el muerto y por nosotros. La tierra se cimbr\u00f3, un rugido que parec\u00eda venir de sus entra\u00f1as nos estremeci\u00f3. La b\u00f3veda se desplom\u00f3 cerca de nosotros, tapando por completo la salida, el polvo nos enceguec\u00eda y asfixiaba, mojamos los pa\u00f1uelos y nos cubrimos la cara. Caminamos en sentido contrario para alejarnos de esa nube de tierra. Temblaba yo, tembl\u00e1bamos todos. Record\u00e9 el consejo: no esperen el rescate, prendan una vela. As\u00ed lo hicimos, una r\u00e1faga de viento apag\u00f3 la flama, partimos en busca de la salida. Habr\u00eda transcurrido una hora, el t\u00fanel se bifurcaba, un tiro estaba libre, el otro casi cubierto por rocas, s\u00f3lo hab\u00eda una angosta hendidura pegada a la b\u00f3veda, nos dirig\u00edamos hacia el que estaba libre cuando en el otro apareci\u00f3 una parpadeante luz roja -iba de un costado a otro-, como dici\u00e9ndonos que la sigui\u00e9ramos. Trepamos por los escombros, nos colamos apretadamente por la estrecha rendija, cerca de ah\u00ed la luz roja segu\u00eda movi\u00e9ndose, decidimos seguirla; en aquella negrura distingu\u00edamos una silueta con la cabeza cubierta por \u00bfun manto? Debe ser Nuestra Se\u00f1ora, dijo Pablo, vino a salvarnos, sig\u00e1mosla, y as\u00ed lo hicimos, sorteando encrucijadas, tropezando, cayendo, golpeando nuestros cuerpos contra las paredes o techos m\u00e1s bajos de lo que supon\u00edamos, con codos y rodillas sangrando por los tallones contra las agudas aristas de las rocas. Es la virgen santa, afirm\u00e1bamos, \u00a1Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen Mar\u00eda!, rezaba Pablo y nosotros contest\u00e1bamos: \u00a1Ruega por nosotros Santa Madre de Dios! Llegamos a una galer\u00eda alumbrada tenuemente, al fondo entraban los rayos de sol como si fueran una gruesa cortina que bajara desde el cielo. La figura embozada levant\u00f3 la l\u00e1mpara y la agit\u00f3 para decirnos que est\u00e1bamos a salvo, luego se\u00f1al\u00f3 la salida con el descarnado dedo de una mano huesuda; gir\u00f3, dejando ver fugazmente la oscura profundidad de sus ojos, o mejor fuera decir, de las cuencas donde estuvieron \u00e9stos y el cr\u00e1neo se agit\u00f3 como diciendo s\u00ed, en un adem\u00e1n que no pod\u00eda ser sino de felicidad y agradecimiento.<\/p>\n<p><strong>Ep\u00edlogo.<\/strong><\/p>\n<p>El viejo minero escuchaba asombrado, entregamos la bolsa con la osamenta, la apret\u00f3 contra su pecho, lloraba conmovido, nos estremec\u00eda su llanto, lo abrazamos, acarici\u00f3 con delicadeza la medalla de plata que le llev\u00e1bamos; gracias, musit\u00f3, tom\u00f3 un pa\u00f1o, le puso alg\u00fan ung\u00fcento y la frot\u00f3 hasta que recuper\u00f3 su brillo. Era la Virgen del Perpetuo Socorro, la patrona de su familia; miren, mostr\u00f3 la que colgaba de su cuello, se la quit\u00f3, coloc\u00f3 ambas sobre el mostrador, las vimos, eran id\u00e9nticas, luego las volte\u00f3, en una estaba grabado su nombre: Ram\u00f3n, en la otra, dec\u00eda Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Juan Luis de la Rosa Excelente ser humano \u00c9ramos cinco inseparables amigos: Luisi, Montse, Pablo, Memito y yo -Sergi-, todos de once a\u00f1os; viv\u00edamos en un fraccionamiento rodeado por bosques de pinos, en las afueras de la ciudad. Los fines de semana recorr\u00edamos en bicicleta anchos caminos de tierra abandonados desde hac\u00eda a\u00f1os. Era [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":119,"featured_media":291801,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[29819],"yst_prominent_words":[7028,5413,12464,7387,14186],"class_list":["post-297014","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vox","tag-vox"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/297014"}],"collection":[{"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/119"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=297014"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/297014\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":297015,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/297014\/revisions\/297015"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/291801"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=297014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=297014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=297014"},{"taxonomy":"yst_prominent_words","embeddable":true,"href":"https:\/\/sintesis.com.mx\/hidalgo\/wp-json\/wp\/v2\/yst_prominent_words?post=297014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}