Con ansias esperó por varios meses un concierto de uno de sus artistas favoritos. Finalmente el día llegó. Ella salió de su casa para asistir a tal show por la tarde-noche en alguno de los tantos foros que tiene la Ciudad de Puebla.
Una vez terminando el espectáculo, «Elisa» –con todo el entusiasmo y alegría que le había provocado el show por ver y escuchar al cantante- pidió un servicio privado de Uber; no obstante, al ver que tardaba, decidió cancelar el viaje, y se le hizo fácil tomar un taxi tipo Tsuru de sitio que estaba justo afuera del recinto: ahí inició la tortura.
El reloj marcaba alrededor de las 12:30 de la noche; a la joven se le hizo fácil solicitar un taxi y lo abordó.
(Da click al texto)“Había varios taxis de sitio, como ya habían pasado cerca de 45 minutos, decidí tomar uno, me dieron confianza puesto estaban afuera del recinto”,relató a Síntesis
El viaje comenzó; hasta cierto punto con toda la normalidad al abordar una de estas unidades.
“Por la zona donde vivo, pensé que iba a tomar algunas calles que yo conocía; no obstante el carro se metió por otras avenidas”, precisó.
La víctima comentó que nunca se percató de que iba a ser atacada, ya que el chofer del taxi, durante el trayecto, iba siendo amigable: entre ambos iban platicando sobre el espectáculo que acababa de ir a ver.

Sin embargo, en el trayecto, se detuvo un poco como si fuera a pasar un tope, pero no; se abrieron las puertas del vehículo negro con amarillo y se subieron tres personas más.
“En el momento que se suben, me tapan la cara, y fue tan rápido que lo único que alcancé a ver es que sus mangas eran color negro”, narró.
A pesar de que Elisa iba con la cara tapada, podía ver la luz de la ciudad, las lámparas que se percibían durante el recorrido.
“Me tapan la cara y me dicen que todo iba a estar bien, que lo único que quieren es el taxi, llevarse la unidad, que a mí no me van a hacer nada”, mencionó la chica con expresión de duda.
Y es que subrayó que el chofer del taxi no iba diciendo nada y siguió el trayecto con normalidad; no hubo forcejeo o agresiones hacia el conductor.
(Da click al texto)“Aparentemente el taxista no sabía nada, pero fue obvio que estaba de acuerdo con ellos, porque nunca le dijeron por dónde tenía que irse o nunca o le hablaron con groserías o que se desviara por algún lugar, jamás”
Pensé que iba aparecer muerta
Uno de los delincuentes –el que iba de lado derecho- le iba diciendo a la chica que no tuviera miedo y que todo saldría bien. En tanto –el sujeto del lado izquierdo- comenzó a meter mano en sus bolsas pero además inició con tocamientos lascivos.
“Yo decidí no gritar, ni hacer nada, porque sabía que nadie me iba a escuchar en ese momento”, lamentó con tristeza.
La escena no era nada alentador. Elisa dijo que ante el contexto de feminicidios en Puebla, en el momento que iba en el taxi con cuatro hombres, “pensé que me iban a violar y al siguiente día iba a aparecer muerta”.
Afortunadamente eso no pasó. Los delincuentes una vez que le habían quitado todas sus pertenencias, la llevaron hasta una zona de terreno y ahí la dejaron. “Me dijeron que ya había terminado todo”.
En la zona, la chica pidió ayuda con algunos habitantes de ahí, quienes en un principio desconfiaron de ella por lo mismo de la inseguridad.
Para ese momento ya eran cerca de las 2 de la madrugada. “Ellos pensaron que podía ser alguien que los podía asaltar, entonces esperé afuera de una casa mientras les di un número celular para que se pudieran comunicar con mi familia. Y fue así como sobreviví”.

Puebla, un Chihuahua
Para la joven, en Puebla se vive una etapa difícil para las mujeres, pues no pueden salir confiadas para ningún lado, ni a la tienda. “Yo ya lo viví. En ese momento pensé que ya no iba a vivir, que mis papás me iban a encontrar al siguiente día en un terreno, y fue desesperante eso”.
(Da click al texto)“Yo si hago un llamado a las autoridades a que pongan atención, a que hagan realmente su trabajo y ojalá Derechos Humanos no solamente vea por los derechos de los delincuentes, sino de las personas que estamos afectadas”,convocó.
Y es que advirtió que ante todo ese escenario de inseguridad, Puebla se ha convertido en un Chihuahua, como lo que se vivió hace años.























