Para subsanar la situación que sufren la infinidad de madres solteras que existen en nuestro país, han surgido un variedad de apoyos que ofrecen las instituciones públicas y privadas con el fin de compensar la grave situación económica que vive la mayoría de ellas, sin embargo considero que hay una alternativa, que resultaría contundente y que podrían frenar de fondo esta situación de inequidad que padecen las mujeres, y es precisamente, generar una campaña sólida para fomentar la paternidad responsable, que permee de manera trasversal en todos los sectores de la sociedad, centrada en un enfoque educativo fundamentalmente.

Los apoyos que recibe este sector de la población son diversos como aportaciones económicas simbólicas, becas, despensas, etc., sin embargo el punto al que quiero llegar es que estas contribuciones evidentemente sirven como paliativo, pero el problema no se resuelve de fondo, la pregunta es ¿Por qué solamente las mujeres son las que deben resolver su situación apremiante?, ¿Dónde queda la responsabilidad del hombre quien tomó también parte para engendrar al bebe?.

Para empezar el tema inicio con diferentes percepciones sobre lo que es la Paternidad Responsable, lo ideal sería que para que se dé, es que las gestaciones sean planificadas para que ocurran en el momento deseado por la pareja, como lo escribe Percy Bellido en su artículo de internet, donde aborda esta misma temática, y quien afirma que es importante que “los padres tengan conciencia que el procrear un ser humano implica no sólo un compromiso y deber reciproco entre la pareja, sino también ante el hijo, la familia y la sociedad. Además de que es importante que los padres no  solo deben procurar brindar adecuada vivienda, alimentación, educación, salud y vestimenta a sus hijos, sino, además, tienen la responsabilidad de dar amor, amistad, tiempo y protección”.

Es decir, el ser padre y madre de familia implica una gran responsabilidad, ya que es un compromiso serio de por vida, es importante cobrar conciencia de que lo que se transmita a un infante, lo marcará de por vida. Por dicha razón es indispensable que en la escuela se redoblen esfuerzos sobre la enseñanza que se les dé a los jóvenes sobre este tema y me refiero a -ambos sexos-, a hombres y mujeres, pues debido a la cultura machista que todavía prevalece socialmente, la labor de crianza y educación erróneamente sigue recayendo en las mujeres, generando un grave error social, que provoca que solo las mujeres se hagan cargo de la responsabilidad, y que lo hombres huyan de su compromiso cobardemente, generando una grave injusticia social.

Otro aspecto que considero sumamente importante rescatar sobre la paternidad responsable, es lo que abordó la psicóloga Lucía Godoy, docente de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, en un artículo publicado en la página Universa de Chile, donde asegura que la buena paternidad no está en acciones externas y superficiales, sino que: “Los buenos padres se caracterizan por sentimientos y actitudes profundas y positivas que sienten hacia sus hijos, las personas y el entorno que les rodea en general. Para ser buen padre hay que ser previamente una buena persona, tener una personalidad sana, equilibrada, sin desajustes ni conflictos emocionales importantes o con un mínimo de ellos, de modo que no se irradie o proyecte sobre los hijos la influencia nociva de los propios defectos y problemas personales”.

Considero que no solo es el tema de la paternidad responsable en general, el que se tiene que reforzar, creo que es indispensable generar entre los hombres dicha conciencia, porque sabemos perfectamente que una mujer sí asume su maternidad, ella sí se hace responsable del hecho, sin embargo quienes deben triplicar esa conciencia de paternidad son precisamente ellos, los hombres, que son quienes no lo hacen, sobre todo si son muy jóvenes, es importante fomentar en este género valores como la solidaridad, la empatía y la responsabilidad ante la familia.

Sabemos perfectamente que si los hombres asumieran su paternidad y se hiciera cargo de ella, no existiría la gran cantidad de madres solteras que hay en el país, definitivamente este no es un tema simple, como decía al principio, es urgente que se realicen políticas públicas que impacten directamente en concientizar a los hombres que la responsabilidad de los hijos, no recae solo en las mujeres, sino que implica una responsabilidad compartida.

Es urgente crear una estrategia interinstitucional que aborde este tema, ya que las cifras del incremento de las madres solteras es alarmante, y el fenómeno se muestra de este modo: De acuerdo al Inegi, dos de cada 10 familias en México son encabezadas por una mujer. En general, 22.7 por ciento de los hogares del país tienen a una mujer como jefa de familia, entendida como la persona que más jerarquía y autoridad tiene en ella para la toma de decisiones, pero también porque representa el principal soporte económico. Además de todos los hogares, nucleares o extensos, que cuentan con jefatura femenina, 75.9 por ciento son monoparentales, porque las mujeres tienen hijos pero no pareja.

Otro dato que atañe directamente con los jóvenes, a quien urge sensibilizar sobre  este asunto, es que de acuerdo al Instituto Municipal de la Juventud, del 2005 al 2008 se duplicó el número de embarazos adolescentes, al pasar de cinco mil a diez mil casos, debido al carente conocimiento sobre métodos anticonceptivos.

Una cifra totalmente desalentadora y que impacta directamente en esta problemática, es que de acuerdo a Coespo en 2009, 30 mil jóvenes fueron obligados a casarse, porque tuvieron un embarazo no deseado, -y ahora me pregunto,- con este tipo de matrimonios, ¿qué clase de paternidad y maternidad se tendrá hacia los hijos?.

Por dicha razón, es urgente implementar estrategias sobre esta problemática que se ha convertido ya en un problema social, sobre todo por la indiferencia y falta de solidaridad que muestran un gran porcentaje de hombres jóvenes, definitivamente es indispensable atender integralmente esta situación, ya que afecta la salud mental y emocional de niños que no viven plenamente, por carecer de una familia que le brinde una paternidad responsable, es decir, una vida en plenitud, como asegura Percy Bellido en su texto: que padre y madre enseñen a sus hijos, día a día, no sólo con palabras, sino con el ejemplo, a ser verdaderas personas humanas; lo cual esto exige una preparación mínima adecuada.

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