Hoy es común escuchar sobre la debilidad estructural de las finanzas estatales y municipales, dada la dependencia de un promedio del 90 por ciento de sus ingresos de libre disponibilidad se derivan de las participaciones, vinculadas a la dinámica DE la recaudación de los ingresos federales coordinados que realiza el gobierno federal a través del SAT.

Dependencia derivada de la adhesión de los estados al sistema nacional de coordinación fiscal, dejando de cobrar impuestos que podrían hacerlo, pero para evitar la doble tributación a un mismo contribuyente, dejaron en suspenso impuestos importantes, que no aparecen en sus leyes de ingresos, recibiendo a cambio un porcentaje de la recaudación federal participable, que son las participaciones, ingresos de libre disponibilidad, pero que ya son auditables por la ASF.

Por otro lado, otro factor de la dependencia se debe a que los impuestos que tienen, son de bajo potencial recaudatorio, y aun así no los cobran, aunque en algunos estados sí. Un ejemplo lamentable fue la desaparición del impuesto a la tenencia en algunas entidades federativas y en su momento no aprovecharon los impuestos cedulares.

Otro elemento clave de esa dependencia es el ejercicio inadecuado del gasto público, como muestran las observaciones que la ASF realiza cada año al gasto federalizado, destino de más del 70 por ciento de las auditorias de la Institución, aunque solo represente un poco menos del 40 por ciento del gasto. Las observaciones en la cuenta pública de 2017, son de 35 mil millones de pesos, destacando 7 400 millones del Ramo 23. Estas observaciones están sujetas a un periodo de aclaración y solventación, como ha sido siempre.

Sin omitir que es un promedio, alrededor del 90 por ciento de los ingresos estatales provienen de las participaciones, ya que la recaudación de ingresos propios es muy reducida, por un lado, porque tienen su bajo potencial recaudatorio, apenas destacan algunos impuestos como nóminas, anuncios, hospedaje y algunos derechos. Por supuesto tenencia, pero lo han desaprovechado o eliminándolo, incluso como Morelos el de autos de más de 10 años, o llenando de gastos fiscales sus impuestos.

Una oportunidad que tienen los estados es que con la facultad de la ASF para auditar participaciones, hay un incentivo para recaudar ya que podemos auditar casi el 95 por ciento del gasto de los estados que recaudan menos y en el caso de la CDMX apenas la mitad del mismo. También es un incentivo al final positivo, para que gasten de acuerdo a la normatividad federal y local vigentes.

Los congresos locales y las autoridades estatales deben impulsar que el esfuerzo recaudatorio sea eficiente y responsable y el gasto sea productivo y transparente, con lo que sus finanzas podrán fortalecerse. Además de la colaboración administrativa en materia fiscal, como la ZOFEMAT y las auditorias fiscales.

Hay un buen panorama de las finanzas estatales, por un lado tienen el fondo de estabilización de los ingresos estatales, el FEIEF, con cerca de 80 mil millones de pesos, el cual en caso de crisis, incluso de caída consecutiva de sus participaciones, por tres meses seguidos se activaría.

Este año por ejemplo, las participaciones van bien: a febrero están 10 por ciento arriba de lo recibido en 2018, destaca el incremento para Hidalgo, BCS y Oaxaca con mas del 20 por ciento real, aunque Chiapas, CDMX y Aguascalientes apenas por debajo del 4.4 por ciento.

La recaudación federal participable supero en 92 por ciento a lo observado en 2018, en términos reales, el ISR creció 3.9 por ciento, el IVA, se redujo 7.1 por ciento, su mezcla menos 0.6; el IEPS aumentó 39 por ciento, respecto al año pasado y el componente petrolero poco más del 21 por ciento, sin llegar a los niveles del pasado.
brunodavidpaU@yahoo.com.mx

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