“Con mis mejores deseos para mis lectores feliz Navidad”

Lo aventuramos en mi columna temprana del año pasado cuando avizoramos que 2019 sería difícil en términos de geopolítica y de geoeconomía, y no nos equivocamos.

Si bien cada uno hará su propio balance acerca del año que recién fenece (yo en lo personal muy contenta con mi novela publicada en España titulada “El club de la naftalina”) no podemos escapar de los efectos macro de la economía ni de la incertidumbre global.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha desempeñado un factor preponderante golpeando las previsiones de crecimiento de la pequeña aldea global… lo ha hecho de forma temprana.

Ya en el primer trimestre de este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la OCDE advertían de una ralentización en el PIB tanto de las economías más industrializadas como de muchas emergentes.

México ha padecido la tortura de estar ligado al ciclo económico de la Unión Americana, y esto significa quedar al arbitrio de personajes caprichosos e impositivos como Donald Trump.

La mala relación del inquilino de la Casa Blanca con su homólogo canadiense, Justin Trudeau, es más que patente y la NO relación con Andrés Manuel López Obrador también es cierta. Solo una línea de comunicación a través del canciller Marcelo Ebrard. Por lo demás ser tan esquivos ha venido pasando factura a la economía mexicana y a las relaciones bilaterales más que a las trilaterales.

El PIB norteamericano desacelera en consecuencia acontece con el mexicano. Ha sido un año en el que se ha llegado a la recesión técnica que unos analistas explican de forma “natural” por ser  el primer año de gobierno como si se tratara de un hándicap añadido.

En la economía global, la macro no lo ha tenido fácil: se ralentiza el PIB de China, acontece una desaceleración acuciosa en el caso de los países miembros de la Unión Europea (UE) con Alemania también rozando el estancamiento técnico, Francia cediendo en su PIB, España  perdiendo alegría en su ritmo económico y Reino Unido cerca del 1% de crecimiento.

Y si la geoeconomía ha estado contaminada de la guerra comercial entre Trump y China; entre Trump y la UE; entre Trump y Francia; y entre Trump y el resto de países a los que no había subido  los aranceles del acero y del aluminio… pues la geoepolítica ruge por sí sola.

A COLACIÓN

La OTAN cumplió su 70 aniversario en medio de una paz abigarrada detenida con alfileres, con países aliados confrontados entre sí con un discurso altisonante al que nada contribuye la nueva postura de Washington.

Mientras Estados Unidos le echa en la cara a sus aliados tradicionales lo mucho que hace por ellos para defenderlos, del otro lado Francia quiere crear un ejército común con un presupuesto común en la UE; sin soslayar otras confrontaciones con Turquía en su postura en Siria  con los norteamericanos.

Rusia no ha vuelto a la arena del G7 y aunque se ha acercado con Francia y Austria, buscando una intermediación a favor de reingresar al gran cónclave de los países poderosos del mundo, la realidad es que Estados Unidos tiene un doble juego en Europa: quiere venderle su gas y su petróleo a los europeos para desplazar el de los rusos.

En este tablero, Ucrania es una de las piezas fundamentales, la UE y Estados Unidos han decidido cobijar a esta nación que antes pertenecía a la URSS; la apropiación de Crimea por parte de los rusos ha hecho que la OTAN piense en reforzar sus posiciones en Europa del Este.

Para Trump esta estrategia pasa por ampliar tropas y arsenal en Polonia ante el disgusto de Vladimir Putin; el mandatario ruso, desde el Kremlin, ha venido advirtiendo que de hacerlo el Pentágono significaría para ellos una amenaza.

Y en medio de estas disputas, 2019 ha sido un año propicio para inflamar el odio contra el inmigrante, el diferente, el llegado de fuera; ha sido caldo de cultivo para que el ISIS en lugar de desaparecer se fortalezca y con ello sus amenazas contra las democracias, la cultura y las creencias de Occidente. 2019 ha sido el año de la desunión, alguien siempre termina ganando en medio de la división.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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