El escenario que se nos ha planteado al iniciar la fase 3 de la contingencia epidemiológica causada por la propagación del COVID-19, no es el mas alentador.

Ya de por sí es complejo enfrentar una epidemia como el coronavirus que ha tomado mal parada a la comunidad científica internacional, que no tiene para cuándo pueda encontrar una vacuna o tratamiento que mitigue los efectos del virus en la población.
Sin embargo, la situación empeora cuando los niveles de gobierno e instituciones se enfrentan entre sí.

El gobierno federal que no envía los recursos necesarios a los estados; que ofrece cifras “estimadas” y que habla de lo que irremediablemente va a suceder, en lugar de haber tomado acciones que lo hubiesen prevenido, como ocurrió con países como Nueva Zelanda.
Y gobierno estatales que se confrontan con sus municipios e instituciones y esto complica más poder impulsar una estrategia efectiva para que la población enfrente de mejor forma los estragos del confinamiento y después de la post-contingencia.

Y que decir de aquellos municipios que ponen en marcha programas que no son más que paliativos, como el pago de recibos de luz por montos menores a los 250 pesos (cuando la CFE ha duplicado el cobro… aunque diga que no) siempre y cuando les sea enviada una carta de agradecimiento, incluso antes de recibir el apoyo (es en serio).
De ese tamaño.

Pero no todo es culpa del gobierno…

Nosotros los ciudadanos hemos tomado esta crisis sanitaria con mucha ligereza.
Es sorprendente el número de personas que aun siguen en las calles.

Salen con su familia, como si de vacaciones se tratara.
Asumen que este virus es un invento concertado por las superpotencias argumentando las conspiraciones más inverosímiles.

Juran y perjuran que a ellos no les va a pasar.
Eso sí, no creen en el coronavirus pero reclaman como suyos los apoyos ofrecidos por los tres niveles de gobierno.

Y por otro lado están los más damnificados, aquellos pequeños empresarios quienes impulsan la economía y generan el 78% de los empleos en el país.

Estos promotores de la riqueza local han bajado las cortinas de sus negocios para no exponer a su planta laboral y consumidores, pero muchos de ellos difícilmente podrán reabrir, porque cuando eso suceda, su liquidez habrá quedado en números rojos.
Y es que existe la posibilidad que la pandemia no terminé en junio, como el gobierno federal ha sugerido, sino que los factores del virus hagan que esto se aplace por varios meses más.

Hay quienes vaticinan que en septiembre culmine la contingencia sanitaria y un importante grupo de investigadores apuestan que esto podría encontrar una luz de esperanza hasta noviembre, en el mejor de los escenarios.

Lo cierto es que la pandemia ha puesto al descubierto el nivel de gobierno que elegimos y el tipo de ciudadanos que somos.
Por lo pronto solo queda sugerir que todas y todos, nos quedemos en casa.
*
En la próxima entrega le detallaré la difícil situación que están viviendo los trabajadores de la salud al afrontar la pandemia abandonados a su suerte, improvisando a cada momento ante la ineptitud de quienes dirigen las instituciones hospitalarias.
@AlbertoRuedaE

FOTOEspecial
COMPARTIR

DEJAR COMENTARIO

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, escribe tu nombre