Por: Abigail Baez

Las ideas a las que exponemos a nuestra mente moldean nuestra personalidad. Sin filosofar, solo veamos a las ideas como un conjunto de propuestas con elementos de razón, juicio, emoción. Estas son adquiridas en procesos de enseñanza formal e informal.

Entonces la crianza es el primer proceso de enseñanza. Las ideas forman actitudes, comportamientos, roles o categorías dentro de la sociedad y cuando el sujeto crece lleva expectativas acordes a su crianza; la motivación básica se da aquí, es decir, la biológica; para pertenecer, para sobrevivir, luego surge el motivo social, lo que se espera que haga por sus creencias e ideas. A esta forma de operar se le llama actitud, según la psicología social.

Se pone en relieve la importancia de cuestionar las actitudes que generamos al interior de nuestras familias, cuestionar no es descalificar, es analizar. Una ideología es transmitida por generaciones en cada familia y va quedando en la historia particular de ese árbol genealógico y también, hay ideologías colectivas que definen épocas luminosas u otras que perturban por siglos la convivencia humana.

Las ideologías destructivas estarán siempre vinculadas a la dominación, al ejercicio del poder sobre otro de tal manera que sea despojado de su dignidad humana, son ideas de supremacía. Un individuo afectado por ideas de supremacía sexista, por ejemplo, tendrá una mente misógina donde las mujeres merecen ser blanco de agresiones y las considera seres inferiores o una amenaza al poder de los hombres.

Por otro lado, en el contexto racista existe una mujer de nombre Lana Lokteff, conocida como la “abeja reina” de la supremacía blanca en Estados Unidos, ella asegura que las mujeres modernas son muy infelices debido a la igualdad que han alcanzado en ciertos aspectos con los hombres. También defiende que quieran tener países blancos para gente blanca, en los que los blancos sean la mayoría. Una muestra de la similitud entre modelos sociales de dominación.

Las ideas de superioridad generan daños reales y secuelas graves en las víctimas directas e indirectas, estas afectaciones permanecen en el tiempo y en la memoria por generaciones, así se van transmitiendo por un lado, las ideas de lucha por la libertad o la igualdad y por el otro las ideas que promueven la destructividad, en el caso de la violencia colectiva en estados unidos por la muerte de George Floyd, observamos a un Presidente promoviendo la polarización entre sus gobernados que originó un fortalecimiento en la protesta social, lógico resultado pues el discurso que emana del principal actor estratégico en un país es un discurso potente desde esa investidura y claro que convoca actitudes.

Para que las diferencias ideológicas no generen violencia y se puedan usar en la construcción social es urgente disminuir el poder de las ideas de superioridad entre los individuos pues generan la sensación de omnipotencia como en el caso del policía transgresor, quien no pudo mostrar empatía ni respeto por la vida del otro, esta sensación de omnipotencia genera impunidad y la impunidad acumula tensión social con los resultados observables.

Podemos concluir que las ideas de supremacía sexista o racial son similares y tienen como denominador común la dominación.

En este tenor es válido entonces convocarnos hacia promoción de ideas conciliadoras, negociemos nuestras diferencias para que no se conviertan en desigualdades.
Abigail Baez

@AbigailBaezMdgl

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