Por Ana Luisa Oropeza Barbosa

Hace pocos días llegó a mis manos un extraordinario trabajo de investigación académico titulado: “Grandezas y Miserias de la Ética Judicial Mexicana” escrito por un gran amigo mío, el Dr. Javier Saldaña Serrano. Comencé a repasar esas apetecibles líneas nutridas por la sapiencia de reconocidos autores y sostenidas por las tesis más sólidas en el mundo de la filosofía del derecho sin evitar pensar, desde el título del trabajo, en la crisis de nuestro Estado de Derecho.

Se destaca en el mencionado artículo los pilares sobre los que debe descansar la función de un “buen juez” que ante todo debe estar dotado por los conocimientos necesarios para poder realizar cabalmente su función, para después descansar sobre la honorabilidad de su persona y la trayectoria judicial que habrá recorrido. Lógico es pensar que los protagonistas del sistema judicial mexicano, al menos deben estar formados y capacitados para ejercer la función más delicada sobre la impartición de justicia, además de contar con las herramientas necesarias para resolver todo tipo de conflictos que, naturalmente, se gestan en todas las sociedades y además, deben ser éticos, lo que significa, entre otras cosas, llevar la labor interpretativa a su más alto nivel para extirpar a la ley el sentido más sublime de la misma y hacer de ella un verdadero instrumento de justicia.

Las denuncias de corrupción al interior del poder judicial se enlazan a la enorme cadena de impunidad que se ha escurrido por todas las esferas de gobierno y control de este país. El tema preocupa porque cada día se debilitan más dejando a los ciudadanos a merced de otros grupos que, aprovechando el desorden y descontrol se han ido engrosando hasta llegar a entronarse como verdaderas autoridades rebosantes de poder, tal es el caso del crimen organizado. ¿Cómo podemos colocar la palabra ética en el lenguaje soez del que hacen gala todos los días funcionarios públicos (jueces) y políticos? El Poder Judicial, en su conjunto, lejos está de portar los valores que exige la ética para desempeñar decorosamente su función, se eleva como otro órgano dentro del enorme y complejo sistema de gobierno que se encuentra totalmente rebasado e impedido para garantizar al ciudadano los mínimos derechos que le deberían ser reconocidos. Las prisiones se encuentran atiborradas de gente que no cuenta con los medios para hacer frente a su defensa y los delincuentes de cuello blanco se mofan portando brazaletes electrónicos a fin de enfrentar cargos multimillonarios de los que cada mexicano esperaría que, al fin, se pudieran poner tras las rejas a quienes han causado tanto daño a nuestro país.

La ética con la que deberían estar envueltos nuestros juzgadores es prácticamente inexistente, si bien es cierto el presidente de la República prometió erradicar la corrupción en todos los niveles y esferas gubernamentales, la realidad es que no sólo no se ha combatido, sino que ha crecido de manera alarmante debido a una multiplicidad de factores que difícilmente podrían enumerarse en este espacio, pero una cosa es cierta, desde las cúpulas gubernamentales se ha permitido, o por conveniencia o por ineptitud, que la justicia no se imparta como todos esperaríamos que sucediera, la falta de ética en los funcionarios judiciales se debe no solamente a la poca vocación que se tiene de ella, las carreras judiciales que se llevan a cabo pareciera que se realizan para pertenecer al gremio del poder en el que además de garantizar una riqueza inaudita y casi inmediata los colocan en el selectivo grupo de los intocables cubiertos de canonjías y lujos mundanos.

Pero más allá de lo que se esperaría de este rubro de funcionarios en cuanto a ética se trata, y suponiendo sin conceder que más de uno la pudiese presumir en cada una de sus resoluciones aunada a su honorable vida y trayectoria ¿cómo podrían defenderla, estimado lector, cuando bajo graves amenazas, vertidas sobre ellos o los suyos, se ven obligados a girar el sentido de sus sentencias para salvaguardar la integridad que ni siquiera ellos mismos pueden garantizarse?

Sin justicia y sin Estado de Derecho. Así transita México por el sendero de la esperanza de la 4T.

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