–¿Arreglaste tu bicicleta? –recuerdo que se cayó en un bache y la bicicleta se partió en dos.

–La verdá ya ni quise arreglarla; quedé bien mal de la espalda y del brazo; hay veces que lo recargo y me duele; mi esposa me revisó y dice que se me dañó una cuerda.

–¿Una cuerda?

–Sí, no sé cómo le llama ella: una cuerda, una liga.

–Será un tendón o un ligamento…

–Sí, eso, un ligamento, que lo he de tener dañado.

La tarde lluviosa impide que Antonio se vaya caminando, así que lo llevo a la parada de su combi. Por supuesto con todas las precauciones que la situación amerita. Me cuenta sobre su vida, sus 3 hijos –a quienes saca adelante gracias a su oficio de albañil –y sus sueños de volver a estudiar.

–Sólo hice la preparatoria, pero me gustaría volver al estudio.

–¿Y qué te gustaría estudiar?

–Arquitectura.

–Ah, pues eso habla bien de tu trabajo, se ve que te gusta realmente lo que haces. No lo dejes, haz un esfuerzo y toma la decisión para meterte a estudiar, nunca es tarde. Si logras hacer tu carrera, le darás forma a tu oficio.

La semana pasada lo encontré por la mañana, venía caminando y le toqué el claxon. Se subió y me preguntó si me gustaban las quesadillas, y a quién no le van a gustar.

–Mamá: ¿me podía preparar dos quesadillas con todo? –le marca a su señora madre, quien tiene de camino un local donde prepara, sobre con un comal grande, tortillas de mano y quesadillas. Pero no las quesadillas comunes, estas llevan queso, chicharrón, champiñones, flor de calabaza, epazote y chile.

Mientras comemos afuera del local, me cuenta que se encontró con Alberto, un vecino de 74 años; que le preguntó si le vendía su carrito, uno rojo destartalado que tiene arrumbado en su cochera.

–Le dije: véndame su volchito, pero me dijo que no, porque él es único dueño.

Antonio va día con día de una casa a otra, haciendo chambas o trabajos grandes, da igual porque gracias a que su oficio es socorrido, durante los siete meses que llevamos de pandemia no ha parado de trabajar.

Con estas lluvias copiosas que caen en Cholula, ha sido necesario que lo lleve a la parada varias veces y siempre encuentro en sus pláticas la persecución de algún sueño. A veces también me cuenta situaciones que se viven en su pueblo: Zacatepec (junta auxiliar del municipio de Juan C. Bonilla).

–El otro día se metió un chavo a robar en la ferretería y que lo agarran los muchachos que trabajan ahí. Lo golpearon feo y como a ellos les gusta el beis, sacaron sus bates y con ellos le dieron; lo dejaron todo ensangrentado y ya no supe si se murió, porque se lo llevaron al hospital.

Antonio carga una mochila de tirantes donde guarda sus herramientas: un marro, un taladro, una cuchara, un nivel, su flexómetro, un trapo y la mitad de un envase de refresco que usa para echarle agua a la mezcla con la que pega las losetas que levanta para reparar las coladeras de bañeras y excusados.

Su cuerpo tozudo y curtido por el trabajo rudo, no impide que tenga miedos.

–No quiero usar la bicicleta de nuevo. Prefiero la combi aunque también me da miedo contagiarme. Por mis hijos más que nada –tiene una de 13, uno de 8 y el pilón, una bebé que apenas tiene meses.

–Y apenas los regañé porque se ponen difíciles y yo les digo: si de chiquitos nunca me hicieron berrinche ¿cómo es que ahora se ponen a hacerlo?

F/La Máquina de Escribir por Alejandro Elías

@ALEELIASG

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