A las cosas por su nombre

Alejandro Elías

–Quizá puedas observar en mis obras épocas, modos del hacer y elaborar, del “pensar” a pesar de que cada una de ellas sea “para mí” un poema, un libro, un pensamiento aparte, cada una de ellas siendo por sí mismas; sin embargo, veo continuidad, una especie de no-historia que aún no tiene final, puesto que quizá no lo necesite.

Me parece que Fernando Cid es un pintor joven (artísticamente hablando), sin que ello demerite su trabajo y, por el contrario, me atrevería a afirmar que su obra es trascendente porque su discurso plástico traspasa el trabajo meramente pictórico para convertirse en un objeto que viaja hacia la construcción de un poema visual.

–En mi opinión cada obra puede llegar a ser considerada «un poema», pero hay algo de cierto en el considerar que buena parte de mis obras responden a la mirada de un «gran poema», por así decirlo, en el sentido de que muchos de ellos «miran» hacia una dirección.

–¿Hay una especie de deconstrucción que va de la idea a la obra terminada? Porque percibo en tu trabajo una producción concluida que “sin embargo” aparece desestructurada, como si hubiera sido descompuesta desde un final inmaculado para revertirlo hacia un discurso que queda transferido al espectador.

–Quizá pueda hablar de de-construcción en el sentido del mirar hacia aquello que es específico y no general, mirar hacia objetos particulares antes que a una » totalidad», “sin embargo”, considero que para llegar a unas miras «esencial» es necesario mirar por principio a lo ente en general, puesto que es aquello mediante lo cual se mira aquello que denominamos esencial.

–¿Hay en tu obra un recorrido teleológico? Porque percibo que el viaje del lápiz o el pincel no es aventurado; creo que persigue, a la manera del escultor, una figura que hable, que diga el porqué de las cosas que sólo a través de ese medio pueden decirse, donde incluso la palabra no alcanza para definirlas.

–Si y no, puesto que puede ser observada esta cuestión en un doble sentido. Por principio, si hablamos del mero hacer y elaborar ciertamente hay una especie de teleología, aunque muchas veces también aprovecho los accidentes, estos responden a dicho fin; sin embargo, sí tomo en cuenta que hay una búsqueda, que no solo es plástica, sino que tiene su miras en el pensamiento sobre las cosas y que a su vez mira hacia cuestionamientos esenciales, debo admitir que el sentido teleológico se pierde, para dar paso a una especie de «encuentro» que no sé – y no creo que sabré un día- con certeza a donde me dirigirá.

–¿Con qué te enfrentas cuando recibes la respuesta del espectador, de tu mismo comprador?

–Realmente, pocas veces he conocido a mis compradores y pocas veces he escuchado su opinión acerca de mis obras, sin embargo, los ha habido de todo tipo, tanto aquellos que compran por mero «gusto», como aquellos que lo hacen por cuestiones relacionadas con mis conceptos artísticos y miras de mi obra, pero en la mayoría de los casos nunca los conocí. En relación con los espectadores, me agrada escuchar sus opiniones, algunas las tomo en serio y otras dejo que se las lleve el viento, también saber escuchar requiere de saber cuándo tener oídos sordos, eso pienso.

–Percibo en tu trabajo un entretejido filosófico al que enfrentas a tu público para desmadejarlo. ¿Es un reto para ti hacerlo o es una propuesta para retar al espectador?

–El reto es principalmente para mí, sibi scribere (escribir para sí mismo) leía alguna vez; trato de cuestionarme y mis retos son responder a esas cuestiones, aunque ciertamente ha habido algunas personas que se han sentido apasionadas al dar cuenta de esas posibilidades en las que la plástica puede realizarlo -mediante mi obra-, aunque al final pienso como lo dijo una vez Nietzsche y de un modo un poco distinto Octavio Paz: «el escritor (o poeta) escribe para todos y para ninguno».

–¿Te cuestiona el interior del ser? ¿Es el motivo de tu búsqueda?

–Me cuestiono por el «ser en sí», sin embargo, para mí es menester el abandonar hasta cierto punto esa cuestión para comenzar a resolverla a través del necesario miras sobre «los entes» y la posibilidad de mirar en ellos lo que «hay de ser», finalmente lo ente, como «ens» no es otra cosa sino el «ov» de los griegos, esto es, el participio de «ser».

F/La Máquina de Escribir por Alejandro Elías

@ALEELIASG

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