Entre 1920 y 1930, la radio en la nación fue principalmente experimental. Se transmitían segmentos musicales y culturales, o eventos políticos específicos, por pocas horas y con periodicidad espaciada.

En esos años surgieron estaciones que luego se convertirían en referencia, como la emisora de la fábrica de cigarrillos El Buen Tono, a la que le asignaron las siglas XEB, hoy La B grande de México.. Inició operaciones en septiembre de 1923 y es la más antigua del país.

El 5 de febrero de 1930 surgió Radio Mundial XEN (El fonógrafo), la primera en ofrecer un servicio de noticias en la nación.

En septiembre de ese mismo año comenzó a operar la XEW, que a diferencia de las emisoras de su época contaba con una planta de cinco mil watts de potencia, con lo que logró un alcance nacional y más allá de las fronteras: era escuchada en Centro y Sudamérica, de ahí que haya tomado el lema de “La voz de la América Latina desde México”.

Lo anterior es un segmento de lo escrito en la Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en febrero de 2019, texto que en su completa expresión literaria, plasma los inicios de la radio en nuestro país, a manera de reconciliar el pasado con nuestro presente, de vertiginosos cambios tecnológicos, pero que clama por la melancólica remembranza de lo que significa este medio para la vida de las y los mexicanos, pues sin duda, se mantendrá siempre viva.

Y a manera de reflexión para las y los concesionarios de radio en México: es oportuno recordar, insistir, puntualizar y nuevamente señalar (o advertir) que la radio nacional tiene por obligación, que instalarse en las nuevas formas de expresión auditiva y en las necesidades de las audiencias, lo que significa una urgente acción sobre la producción de contenidos que puedan competir con los medios digitales, quienes ganan cada vez más espacio en el gusto de los escuchas, pues la creatividad se hace presente, misma que incluso, debe estar acompañada de radialistas con pasión, voluntad, amplio y profundo compromiso por actualizarse y emprender sin miedo a la presión que les imponen las necesidades financieras de las radiodifusoras tradicionales.

De nada sirve cambiar la imagen visual de la estación de radio, sus identidades auditivas (conocidas como vestimenta, cuñas y apoyos), secciones de noticiarios y programas, locutores o personal operativo, si no se piensa en las audiencias, en los radioescuchas, público o escuchas (como se prefiera expresar); se trata de generar estrategias acordes a los tiempos y competencias digitales, pues de lo contrario, créanme que seguirán manteniendo una pausa en la evolución de sus frecuencias, acompañados de un ritual de expresiones comunicativas, por demás mediocres que pondrán en riesgo la permanencia de los equipos humanos, quienes siempre, son los que recienten los embates de las malas decisiones que llegan a tomar los concesionarios de la radio nacional.

Nos escuchamos la próxima, en tanto tenga usted ¡muy buen día!

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