Dos temas importantes a tocar. El primero, el feminicidio de la cantante Yrma Lydya y el segundo, un  grave retroceso para las mujeres en Estados Unidos.

Terrible leer la violencia que sufrió la cantante a manos de su marido y asesino, el presunto abogado, Jesús Hernández Alcocer, antes de ser asesinada.

Y digo presunto porque leyendo acerca del caso parece ser que nunca estudió derecho y que ejercía usurpando funciones bajo la protección de su cercanía con personajes influyentes, entre los que se encuentra el últimamente no bien parado Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero.

Esa impunidad seguramente lo hacía sentirse poderoso al grado de creer que podía hacer lo que quisiera con su esposa.

Se ha hablado de la enorme diferencia de edad entre ambos argumentando que influyó en el actuar del feminicida, pero nada justifica el constante maltrato que ejercía sobre la cantante.

Yrma Lydya ya había interpuesto una denuncia por maltrato e intento de asesinato ante las autoridades capitalinas en la que señalaba que su esposo en una ocasión trató de ahogarla en la bañera y luego le dio toques con un artefacto especial para ello en el abdomen.

Desgraciadamente le otorgó el perdón pero resulta que este tipo de denuncias se persiguen de oficio según lo que leí y por ende no aplicaba el perdón ni que lo dejaran libre.

Seguramente las influencias que tenía su marido fueron las que la obligaron a ese perdón y las que lo dejaron libre.

Un caso más de la impunidad que impera en nuestro país.

Qué triste leer que la cantante ya se había divorciado y que se volvió a casar con su feminicida meses después.

La dependencia emocional es algo muy difícil de romper.

He oído a muchas personas criticar a las mujeres y cuestionar por qué no simplemente dejan a sus violentadores ante el primer maltrato, pero por desgracia no es tan fácil.

Yrma Lydya parecía tenerlo todo como cantante; aparentaba seguridad, aplomo, optimismo, felicidad por el éxito de su carrera, pero estaba el lado oscuro y triste de su vida privada.

Uno creería que alguien así de exitosa para nada podría vivir violencia tal, pero ésta no tiene distingos de nada porque lamentablemente nadie escapa a las heridas internas que nos hacen caer en relaciones de codependencia y de maltrato.

Aclaro, la culpa no fue de Yrma Lydya. Su marido era maltratador porque así le enseñaron  a ser o porque así decidió serlo. Nunca será responsabilidad ni culpa de la víctima sino del cerco de maltrato que conduce a la indefensión aprendida (la cual ya he explicado en este espacio) así como del círculo de la violencia.

Muy lejos de erradicarse la violencia contra las mujeres en nuestro país mientras el machismo siga imperando.

ROW VS WADE

El viernes pasado la Corte Suprema de Estados Unidos decidió anular el caso Row vs Wade con el que se aprobó en 1973 la legalidad del derecho al aborto para todo el país. De esta manera, dejan la decisión a cada estado de penalizar o no el aborto.

Increíble y absurdo que tantos años después se dé un retroceso tal.

Más de la mitad de los estados están prestos a aprobar y aplicar de manera inmediata leyes restrictivas o prohibitivas, lo cual supondrá un riesgo enorme para millones de mujeres.

Abortar no es una decisión fácil que se tome a la ligera. Que sea legal no significa que vaya a haber libertinaje y que a cada rato una mujer ande practicándose un aborto. Abortar es mejor que andar dejando bebitos en la basura o en cualquier lugar para dejarlos morir. Que sea legal salva vidas; que sea ilegal condena a muerte a las mujeres.

En pleno siglo XXI E.U.A. nos da una muestra más de su mochería.

Esperemos que México no emule a su vecino; ojalá se mantenga firme la Suprema Corte de Justicia de la Nación en los años venideros sobre su decisión de despenalizar el aborto y que poco a poco nuestro país se vaya pintando de verde.

Nos leemos el próximo lunes.

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@Ari_Sintesis127 en  Twitter.

rodaril127@gmail.com

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