La conmovedora historia de Elena Larrea y su santuario animal, Cuacolandia, ha trascendido las fronteras mexicanas, llegando hasta los corazones de los atlixquenses radicados en Estados Unidos. Aunque muchos nunca tuvieron el privilegio de conocerla en persona, el impacto de su labor en pro del bienestar animal ha resonado profundamente incluso después de su fallecimiento.

 

Daniel Espíndola, ciudadano estadounidense de ascendencia atlixquense, expresó su pesar al enterarse de la historia de Larrea. Para él, es lamentable que el reconocimiento internacional hacia el santuario y su fundadora haya surgido tras su muerte, en lugar de durante su vida activa como activista.

 

Cony Reyna, otra atlixquense con más de dos décadas residiendo en Estados Unidos, también se vio conmovida por la historia a través de las redes sociales. Su conexión personal con el mundo equino, gracias a su esposo veterinario y su arraigada tradición familiar en la charrería, la impulsó a compartir las publicaciones sobre Larrea y Cuacolandia.

 

Así, el legado de esta dedicada defensora de los animales se expande más allá de las fronteras mexicanas, tocando los corazones de miles de atlixquenses en Estados Unidos y dejando una huella perdurable en el mundo entero.

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