Escrito por: Rafael de Jesús López Zamora

Profesor-investigador de El Colegio de Tlaxcala, A.C.

La contaminación del agua genera impactos negativos en las ciudades ya que de manera directa e indirecta puede causar efectos nocivos en la salud de la población, ya sea en el corto, mediano o largo plazo, dependiendo del tipo de contaminantes. Así, en los registros históricos se han encontrado distintos casos de poblaciones con enfermedades de todo tipo provocadas por la contaminación derivada de la afectación a los sistemas ecosociales y al manejo de los cuerpos de agua, además de la degradación humana y del ambiente, la pérdida de biodiversidad y la afectación de cuerpos de agua subterráneos por la infiltración de contaminantes.

En México las cuencas con mayor número de sitios calificados como “contaminados” son las de Aguas del Valle de México, Balsas, Lerma-Santiago-Pacífico, Pacífico-Sur, Cuencas Centrales del Norte, Noroeste, Pacífico Norte, Península de Baja California y Frontera Sur. De éstas, una de las cuencas más contaminadas es la del Balsas, donde se ubica la denominada Región Hidrológico Administrativa (RHA) IV Balsas, que se divide en tres subregiones hidrológicas: Alto Balsas (50,464 km2), Medio Balsas (31,887 km2) y Bajo Balsas o Tepalcatepec (34,954 km2).

En particular, en la parte denominada Alto Balsas se encuentra la Cuenca del alto Atoyac o Cuenca Atoyac-Zahuapan, conformada por 69 municipios: 22 de ellos en el estado de Puebla y 47 en el estado de Tlaxcala.

En la Cuenca se ha gestado una problemática alarmante de carácter ambiental que impacta y pone en riesgo el desarrollo de la región y de la Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala que se manifiesta y resume en dos fenómenos: 1. La severa sobreexplotación de las aguas subterráneas de los acuíferos Alto Atoyac y Valle de Puebla  (por alta concentración de pozos en los municipios aledaños al corredor que comunica a las dos ciudades de los Estados de Puebla y de Tlaxcala en la zona urbana-industrial) y 2. La fuerte contaminación de las aguas superficiales, de ríos, cuerpos de agua y presas (Cuenca del Atoyac), así como la amenaza de contaminación de los acuíferos. En suma, se ha entablado una relación metabólica, depredadora y expoliadora entre las ciudades, la naturaleza y el ecosistema.

En la región se generan fuertes volúmenes de aguas residuales sin tratamiento y fuera de norma que se vierten a los cuerpos de agua por domicilios, empresas e industrias, provocando una fuerte contaminación de las aguas superficiales que se traducen en fuertes impactos negativos, de carácter ambiental,  económico y social sobre el desarrollo y el territorio, sobre la población, sobre la cuenca y el ecosistema, generándose un círculo vicioso contaminante y permanente.

De acuerdo con un reporte de la UNAM (2016), el río Zahuapan cruza, de forma directa, por 25 de los 60 municipios de Tlaxcala y de forma indirecta 20 municipios realizan descargas a través de sus drenajes, 19 aguas residuales sin tratamiento previo y sin ningún tipo de control. Esto significa que el río Atoyac durante su trayectoria, transporta aguas residuales sin tratamiento de textiles, cloroformo, cloruro de metileno (detergentes), metales pesados, sólidos suspendidos y coliformes (excremento), así como sustancias tóxicas, provocando altos grados de contaminación ambiental y degradación ecológica.

CONAGUA reporta que 36 de los 60 municipios de Tlaxcala no cuentan con permisos de descargas de aguas residuales al cuerpo receptor de aguas nacionales, mientras que de los 24 restantes que sí cuentan con permiso, la mayoría no cumple con la calidad del agua. La laguna Acuitlapilco (único cuerpo de agua que las familias de la capital visitan en Semana Santa), está llena de residuos sólidos orgánicos e inorgánicos que los turistas arrojan; en el municipio de Apizaco, la presa “Apizaquito” está en abandono, de hecho el lugar ha servido como un tiradero de basura, en plena época de reproducción de aves locales y migratorias, aparecen sobre el espejo de agua plásticos, bolsas con basura y llantas, contaminantes que se suman a los escurrimientos domésticos; en la presa Atlangatepec, persiste la contaminación por las descargas municipales provenientes de Tlaxco.

Tal parece que más que un problema técnico o de recursos, la problemática obedece a causas más profundas y por lo tanto requiere de soluciones que están más allá de las actuales instituciones. Más que la intervención oficial, se hace necesario empezar a involucrar a la sociedad en las decisiones y en las soluciones al problema, lo que debe pasar por revisar la legislación local y federal sobre las aguas nacionales, en particular en lo que respecta a las responsabilidades de cada ámbito y nivel de gobierno que heredó la descentralización de los años noventa y que han sido cargadas a los municipios y la participación ciudadana que sólo existe en la norma escrita. Asimismo, es preciso revisar los procesos.

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