“Las instituciones pueden ser definidas como aquellas restricciones que surgen de la inventiva humana con la finalidad de limitar las interacciones políticas, económicas y sociales. Engloban restricciones informales como lo son las sanciones, costumbres, tradiciones y códigos de conducta, así como también reglas formales como lo son las leyes y normas”. (North, D. 1993).

El pasado 31 de octubre la casa encuestadora conocida como Consulta Mitofsky, emitió los resultados del “Ranking de calificación de confianza en instituciones 2019”, a través del cual se preguntó a mil mexicanos mayores de dieciocho años acerca de la institución con la cual sienten mayor empatía o seguridad.

Al respecto la encuestadora sistematizó los resultados aglutinando a las dieciocho instituciones parte del ejercicio de opinión en tres sectores: las de confianza alta, media y baja, siendo las de medición alta aquellas que tienen una calificación cercana a 10 puntos y las de confianza baja las que se acercan a 0.

Confianza alta

Son tres las instituciones que ocupan este privilegiado lugar, en orden ascendente a descendente se encuentran las universidades, el Ejército y la Presidencia. Sin embargo, el primer lugar no supera el 7.3 de calificación.

Aunque no hay una gran diferencia entre la calificación otorgada por la sociedad a las universidades (7.3) y la Presidencia (7), resulta interesante resaltar que se ve una divergencia en los sectores poblacionales que confían en una o en otra, es decir, mientras 8 de cada 10 votantes a favor de la universidad tenían un grado académico igual o mayor al superior, solo 6 de cada 10 votantes de la institución Presidencial cumplían con ese requisito. De igual manera, el mayor número de simpatizantes de esta última figura son las personas con cincuenta años o más.

Por el contrario, aquellas personas que presentan una menor confianza en las universidades son aquellos individuos que tienen un grado académico igual o menor a la secundaria, así como aquellos que tienen cincuenta años o más. Quienes menos confían en la figura presidencial son aquellos individuos con un nivel igual o mayor al superior, así como aquellas personas que tienen menos de veintinueve años, es decir los jóvenes.

Sorprendentemente, la segunda institución en encabezar el ranking es el Ejército Mexicano, mismo que desde hace algunos años se ha encontrado en medio del debate nacional debido a los usos que se le han dado con la finalidad de mantener la seguridad pública en nuestro país, así como por las violaciones a derechos humanos de las cuales ha sido señalado.

 Confianza media

Son diez las instituciones que ocupan una posición de confianza media de acuerdo al ideario ciudadano, dentro de las cuales se encuentran: la Iglesia, estaciones de radio, medios de comunicación, redes sociales, Organismos Constitucionalmente Autónomos (OCA) como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el Instituto Nacional Electoral (INE), cadenas de televisión, empresarios, bancos y finalmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Las calificaciones de las instituciones mencionadas con anterioridad van de 6.9  a 6.2.

Es importante señalar que dentro de este grupo se encuentra la institución que presentó la caída más estrepitosa en comparación con el año 2018, es decir, la Iglesia, pues hace un año se encontraba en segundo lugar del ranking, solo por detrás de las universidades.

Confianza baja

Hasta abajo se encuentran cuatro instituciones que históricamente e independientemente del acontecer político y social, han carecido de confianza por parte de la ciudadanía, aún cuando tienen en sus manos funciones vitales para el funcionamiento del Estado de Derecho, estas son la policía, Senado de la República, partidos políticos y los diputados de manera general, mismos que presentan una calificación reprobatoria que va de los 5.7 a los 5.3. 

Para cerrar

El ranking generado por Mitofsky es un instrumento que se puede prestar para un análisis que genera diversas conclusiones. Por un lado, es notoria la influencia que ha tenido la figura presidencial en la conformación del mismo. En 2018, la institución anteriormente señalada se encontraba con una calificación de 5.1, clasificada como de confianza baja, sin embargo, para el presente año y posterior a la alternancia histórica que se vivió en nuestro país, subió casi 2 puntos y se colocó en segundo lugar solo por detrás de las universidades. Es claro que lo anterior ocurrió en perjuicio de la confianza que la sociedad deposita en los OCA, es decir la CNDH y el INE, así como también en la SCJN, pues a lo largo de este primer año de sexenio, dichas instituciones han sufrido ataques y descalificaciones constantes desde la presidencia, generando que la confianza en las mismas disminuya, lo cual es un reflejo de la polarización que se vive en nuestro acontecer actual, sin embargo, ahora no es solo entre los denominados “fifi” y los mal llamados “conservadores”, sino que también dicho fenómeno está fragmentando de manera alarmante los puentes entre la ciudadanía y las instituciones en México.

En torno a las instituciones que se encuentran en un nivel de confianza bajo, resulta preocupante que organismos vitales para el funcionamiento del país sigan teniendo una percepción negativa frente a la ciudadanía, lo cual por sí solo no implica que estén haciendo mal su trabajo. Sin embargo, los ciudadanos que se encuentran al tanto del contexto mexicano, saben de las diversas problemáticas que giran en torno a las instituciones mencionadas con anterioridad: los cuerpos policiacos carecen en muchas ocasiones de capacitación (principalmente los estatales y municipales), violentan derechos humanos, no logran prevenir delitos y mucho menos generan seguridad pública; en el legislativo encontramos fallas de diversa índole, tanto a nivel local como federal, debido a que en algunos casos presentan iniciativas de manera desmedida que en ocasiones no generan un impacto social positivo, o incluso en el otro extremo, generan un trabajo demasiado lento como lo fue el plazo que se concedió para la designación del titular de la CNDH por parte del Senado de la República.

Finalmente, en cuanto a los partidos políticos, en 2018 la ciudadanía puso sobre la mesa un ultimátum a los mismos, y es esta misma ciudadanía la cual exige al partido que se convirtió en la primera fuerza política de México que pase de las palabras a los hechos, que deje ya de señalar sucesos históricos y que emprenda acciones en el presente tendientes a mejorar el futuro, pero también dicha exigencia ha sido dirigida a los partidos que hoy en día representan la oposición en nuestro país, de los cuales se espera mayor idea y compromiso al momento de enfrentar las problemáticas actuales, sin embargo, parece ser que nadie ha entendido el mensaje.

Jfernandoesru22@live.com.mx

Twitter: @JUANFERESPINO

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