La información sobre temas internacionales se ha hecho bastante notoria en nuestras páginas de inicio en Facebook, timelines de Twitter, notas en los medios impresos o mesas de discusión en televisión. Precisamente, en la columna anterior hice alusión a uno de los conflictos diplomáticos con los cuales comenzamos el 2020, es decir, las tensiones entre México y Bolivia.

Tan solo unas horas después, nos enteramos que el Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, había ordenado un bombardeo en el aeropuerto de Bagdad, en el cual falleció Qasem Soleimani, un poderoso general iraní, lo cual ha generado que las cuerdas del ámbito mundial estén más tensas que nunca, debido a que existe una promesa de venganza de por medio por parte del pueblo de Irán, Estado, que días después del asesinato del mando militar, izó una bandera roja que de acuerdo con distintos expertos tiene una doble simbología para el islam, debido a que significa la sangre que se ha derramado de manera injusta, así como también implica el llamado a vengar la muerte de una persona asesinada.

En medio de estos acontecimientos, ni siquiera los expertos han sido capaces de darnos claridad sobre sus implicaciones, han vertido conclusiones completamente divergentes: que solo es uno de los ataques cotidianos producto de la inestabilidad de la región; tal vez es un aviso; o incluso nos han dicho que es el preámbulo de un conflicto de gran magnitud. Por lo tanto, existe incertidumbre mundial.

Por otro lado, de lo que sí tenemos certeza, es que se ha dejado de lado un término fundamental en el ámbito de las relaciones internacionales: la diplomacia. Pero, ¿qué significa esta palabra que en las acciones de los mandatarios de las distintas naciones ha brillado por su ausencia? Estamos ante una coyuntura ideal para adentrarnos un poco en las nociones más básicas de la misma.

Al respecto, el internacionalista Juan Salinas Macías señala que la diplomacia es una actividad que surge desde la antigüedad, lógicamente muy distinta a la forma en la cual se concibe en la actualidad, pues en aquel momento se presentaba como algo ocasional que se aplicaba caso por caso, por lo tanto no implicaba un sistema de negociación específico con pautas bien delineadas y no era permanente. Aquella diplomacia a la cual se refiere Salinas Macías, tenía dentro de sus fines principales los acuerdos de paz entre los pueblos así como la división de los distintos territorios.

Irene Fernández Jiménez refuerza lo dicho por el internacionalista anteriormente citado, señalando que en la antigüedad la diplomacia era una actividad temporal, y agrega que en sus primeras apariciones, fungía como el instrumento a través del cual los pueblos se comunicaban pacíficamente. Lo más común era que una persona fuera enviada como representante de su pueblo, teniendo encomendada una misión específica, la cual, al ser cumplimentada, obligaba al individuo a regresar a su lugar de origen.

Es hasta la caída del imperio romano de occidente, cuando formalmente se da el salto a la Edad Media, época en la cual aparece la diplomacia como algo permanente, es decir, se transita de un modelo que afrontaba los conflictos caso por caso, a uno en el cual hay líneas bien trazadas de operación frente a conflictos con otros pueblos, y por lo tanto hay un sujeto que se encuentra negociando de manera constante.  

Por otro lado, Rafael Velázquez Flores et al. (2018), de la Universidad Autónoma de Nuevo León, señalan en su libro “Teoría y práctica de la diplomacia en México: aspectos básicos”, que el término deriva del verbo griego “diploun” que significa doblar, debido a que en la época del Imperio romano, todos los pasaportes y documentos en general que permitían el paso por los caminos imperiales eran estampados en placas metálicas dobladas y cosidas que recibían el nombre de “diplomas”. Posteriormente el uso de la palabra se extendió con la intención de designar a otros documentos oficiales, principalmente aquellos que otorgaban privilegios o acuerdos con comunidades extranjeras. 

Un vistazo más actual

Ahora bien, en la actualidad, como ocurre en la mayoría de conceptos inherentes a cualquiera de las ciencias sociales, las definiciones que de diplomacia se pueden encontrar, son diversas.

Por ejemplo, el ex diplomático británico (fallecido en 1945), Harold Nicolson, la describe como “el significado de política exterior, de negociación o de lo que efectivamente significa el término”. De igual manera, el mismo Nicolson la define como la acción de gestionar las relaciones internacionales a través de la negociación, es decir, el método a través del cual las propias relaciones internacionales son desempeñadas o administradas por embajadores y enviados diplomáticos.

El mismo Salinas Macías tiene una definición que en lo personal me agrada más por su actualidad, facilidad y manera en la cual analiza y desmenuza todos y cada uno de sus elementos. Define a la diplomacia como “una práctica social entre sujetos (Estados) titulares de un derecho para negociar e interactuar entre ellos, con la finalidad de alcanzar o llevar a cabo la política exterior (es decir, la estrategia que tiene un Estado en el ámbito internacional)”. Por lo tanto, podemos observar que el concepto en cuestión es una interacción formal a través de la cual se presentan los intereses de un Estado frente a la audiencia internacional.

El internacionalista en turno agrega que la diplomacia cuenta con diversas características: 1) es un sistema de sujetos, 2) funciona a través de representantes, 3) la negociación es indispensable, 4) debe ser pacífica y la más importante, 5) busca evitar la guerra a toda costa.

Misiones diplomáticas

Conviene agregar que la diplomacia es llevada a cabo a través de las misiones diplomáticas, las cuales tienen cuatro funciones principales, como lo son: 1) representación; es la función que nace de la delegación hecha por el Jefe de Estado en turno, además de que es un ejercicio permanente. 2) Negociación; es la labor más relevante y constante de un diplomático, debido a que debemos tener en cuenta que los conflictos armados ocurren tras el fracaso de la misma, en este sentido se dividen en directas (cuando se da entre las altas autoridades de los Estados) e indirectas (la que es generada por los agentes diplomáticos con sus homólogos de otras naciones). 3) Obtención de información; función que transcurre en dos vías, es decir, la información que como Estado se va a obtener y por otro la que va a brindar a los demás países. 4) Protección; lo cual implica que la misión diplomática debe proteger los intereses de su Estado y de los nacionales en el territorio en el cual actúa, siempre dentro de los límites del derecho internacional.

Esperemos que ante las tensiones actuales, los “líderes mundiales” recuerden la existencia de la diplomacia y opten por utilizar esta valiosa herramienta de paz, pues como una vez escuché “la guerra es la renuncia de la paz y por lo tanto de la diplomacia”.

Jfernandoesru22@live.com.mx

Twitter: @JUANFERESPINO

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