Recientemente la UNESCO ingresó a la lista de Patrimonio de la Humanidad los nuevos sitios culturales del mundo para su preservación. En esta lista destaca la presencia de un sitio tlaxcalteca. Se trata del exconvento franciscano y catedral de Nuestra Señora de la Asunción en la capital del estado como parte de los “Primeros monasterios del siglo XVI en las laderas del Popocatépetl”. Esta situación implica que, al ser catalogado como extensión de dichos monasterios, México no cuenta con otro nombramiento en la prestigiosa lista.
De acuerdo con la UNESCO “El conjunto de edificios de Tlaxcala es un ejemplo del modelo arquitectónico y de las soluciones espaciales desarrolladas en respuesta a un nuevo contexto cultural, que integró elementos locales para crear espacios como amplios atrios y capillas posas”.
Lejos de la algarabía que esta situación provoca, muchos sectores de la sociedad han mencionado que gracias a estas acciones Tlaxcala puede ser al fin reconocida lejos de los estigmas sociales que arrastra por la traición durante la conquista. Ante esta situación salen a la luz diversos factores que cuestionan si la capital tlaxcalteca está lista para albergar un sitio denominado patrimonio de la humanidad, ya que de acuerdo con las condiciones en las que se encuentra este sitio, se cuestiona si se cumplieron con los parámetros y lineamientos estipulados por la UNESCO para recibir la denominación.
La realidad del conjunto conventual dista mucho de ser un sitio catalogado como patrimonio de la humanidad. Con tan solo visitar el lugar se cuestiona si el procedimiento fue de carácter cultural o una estrategia político-económica que no permitió ver que las condiciones en las que se encuentra dejan mucho que desear, a tal grado que representa un riesgo para los visitantes y la estructura arquitectónica.
En primer lugar, llama la atención que no se ha dado difusión al hecho de que Tlaxcala forma parte de la selecta lista de ciudades que resguardan un sitio denominado patrimonio de la humanidad. Si se pregunta en las calles y las escuelas, pocos son los que saben de tal hecho. Que no los primeros que deben enorgullecerse por esta situación son los tlaxcaltecas, pero si no saben ¿cómo?
Si en el seno familiar no se fomenta el respeto al patrimonio, menos la USET desde la educación ha diseñado un programa de difusión en las escuelas para dar a conocer la importancia de este lugar y programar visitas. Por otra parte, el ámbito del turismo también debe contribuir con una capacitación pertinente para los prestadores de servicios turísticos. De tal manera, que los que se interesan lo hacen por motivación propia de la siguiente manera.
Al subir por la calzada de San Francisco es notoria la cantidad de cables de las luces y adornos navideños que, fuera de temporada, en lugar de embellecer, dan un mal aspecto, además del riesgo que supone la electricidad. Sin contar que los particulares se han apropiado de espacios que limitan el libre tránsito hacia el conjunto conventual.
Ya en el atrio, la situación no cambia. Los árboles sirven de postes para el cableado eléctrico y aparatos de sonido, además del cable que atraviesa la pared de las oficinas de la iglesia. Sin contar la cantidad de basura de todo tipo que da un aspecto negativo al lugar.
Como todo conjunto conventual del siglo XVI llaman la atención las capillas posas. Atravesando el atrio se aprecia el desgaste de los muros y el mal estado del piso, ya que el espacio es ocupado para diversas actividades, pero sin recibir mantenimiento y mucho menos limpieza. Es el cuadro perfecto para enmarcar las condiciones de la capilla, cuyas paredes están grafiteadas con nombres y leyendas románticas, el piso levantado y con basura, denotando que ha pasado mucho tiempo desde que se limpió y dando una imagen de sitio abandonado.
Caminando hacia la iglesia, en primer lugar, se encuentra el sagrario. Vaya que la situación no cambia. Una rampa de concreto en mal estado cuya imagen rompe con el esquema arquitectónico, que sí, permite subir, pero no hay una rampa interior que permita acceder totalmente al edificio. Solo existe una rampa de madera que se encuentra guardada atrás de la puerta. Ya dentro, la situación no cambia. Los pisos sucios, las paredes y los retablos llenos de polvo.
En lugar de continuar la lista conviene llamar a la reflexión con los siguientes puntos. Los que formaron el expediente no se dieron cuenta de las condiciones en las que se encuentra el conjunto conventual o los evaluadores de la UNESCO, si es que los hubo no se percataron de la realidad o hicieron caso omiso para acelerar el procedimiento.
Efectivamente, la restauración no debe sobrepasar los lineamientos internacionales que permiten el resguardo de la originalidad de los edificios, pero los pegotes de cemento en la portada y las paredes carcomidas no necesitan ser intervenidas. Si la denominación implicó la participación de diferentes autoridades e instancias de gobierno, por qué no se suman esfuerzos para mantener en buenas condiciones este lugar.
Los gobiernos del estado y del municipio, el obispado de Tlaxcala y por supuesto el INAH, tienen la responsabilidad de resguardar este recinto histórico de los tlaxcaltecas, pero qué sucede, quién se hace cargo y hasta cuándo prestarán atención. Solo para recordar y estar atentos, si los sitios no mantienen los lineamientos de la UNESCO, pierden la denominación de patrimonio de la humanidad.
¡Qué este texto no sea el inicio de la crónica de un patrimonio perdido!
luis_clio@hotmail.com
@LuisVazquezCar


























