En las historias de la conquista, Tlaxcala aparece como uno de los actores fundamentales al lado del capitán Hernán Cortés, hecho que marcó el final de una era histórica y el principio de una nueva historia en la que los tlaxcaltecas representaron diferentes roles. Conquistadores, pacificadores y colonizadores de lo que sería una extensión del imperio español en la Nueva España.

Durante medio milenio la realidad tlaxcalteca se ha transformado, por lo que es necesario explicar cuáles fueron las causas que llevaron a los tlaxcaltecas a ser partícipes de la conquista de México, para mostrar que, si en realidad se llevó a cabo una alianza, ésta se pudo dar cuando ambos grupos ya se conocían y sabían qué podían obtener cada uno del otro.

Desde el punto vista militar, este hecho significó la ruptura de la hegemonía mexica en los territorios del Anáhuac. Desde el punto de vista artístico, el Maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin representó una serie de acontecimientos históricos relacionados con la conquista, en los que plasma el sentir de los tlaxcaltecas con la finalidad de exaltar la tlaxcaltequidad en la sociedad actual.

Sirvan de preámbulo estas palabras para rendir un homenaje a la figura del Maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin a cien años de su nacimiento.

A lo largo del mundo cada día del año es una fecha especial. El nacimiento, la muerte o algún hecho que haya marcado la vida de un personaje, trascendió el tiempo forjando una serie de elementos que conforman la identidad de un pueblo. Es el inicio de una etapa de cambios, una fecha significativa que rememora los valores que infunden a la sociedad el recuerdo de un hecho importante. Cada año las estatuas y monumentos cobran brillo, ese brillo que infundió el valor de aquellos que han subido a los pedestales para evitar que se pierda en el olvido la memoria de su pasado.

La historia es un dialogo constante del presente con el pasado. La memoria se crea a partir de un discurso histórico que se construye con el fin de preservar del olvido lo que es digno de ser recordado. En este sentido, es momento de exaltar los hechos que desde diferentes frentes emprendió uno de los tlaxcaltecas ilustres, que con su brillo ha logrado exaltar la tlaxcaltequidad: el Maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin.

Una de las definiciones de cultura se refiere a ésta como todo complejo en el que se agrupan el conocimiento, las creencias, las artes, las costumbres, las tradiciones y cualesquiera otros hábitos, capacidades y habilidades, adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una sociedad en constante cambio. Tal como las personificó el Maestro.

Para hablar de la cultura tlaxcalteca se manifiesta necesario conocer y comprender las aportaciones de su gente para la conformación de una identidad. Tal y como ha sucedido en estos muros que resguardan una historia de mil voces, pero a la vez ignorada, que se niega a aceptar el estigma de la traición.

Han pasado algunos meses desde la conmemoración de los quinientos años de la conquista y tal parece que las voces que tanto clamaron por este hecho se han silenciado poco a poco. Dónde quedó el júbilo con el que, tanto las autoridades, como los académicos, se enfrascaron en defender su postura en diferentes medios impresos y digitales. Tal como ha sucedido en otras ocasiones, la memoria es efímera y este acontecimiento ha pasado a donde debe estar, en el recuerdo de los miles de tlaxcaltecas que, como siempre, solo supieron de la conquista por esta fecha, pero seguirán sin conocer qué fue la conquista.

Gran sector de la población ha estado desinformado sobre la importancia de este hecho. Esta ocasión era la propicia para acercar el conocimiento del pasado a una sociedad que se encuentra rezagada y en un constante dilema identitario, donde se manifiestan las raíces indígenas e hispanas que se niegan a desaparecer de la conciencia colectiva.

Más que buscar el perdón, se debe luchar por la reconciliación con el pasado tlaxcalteca, insertar en la dinámica de la sociedad actual a los grupos que han sido marginados y permanecido en el olvido a lo largo del tiempo. Aquellas personas que sin importar qué sucede más allá de su entorno, continúan con su vida como si nada pasará. Otra vez han sido ignorados. Sí no se han acercado a ellos para conocer sus necesidades por la pandemia, mucho menos lo hicieron para recordarles que habían pasado quinientos años de la conquista. El trece de agosto, pasó desapercibido.

Había llegado el momento para exaltar la memoria de los pueblos indígenas, aquellos que no se han rendido a pesar de las adversidades. Pero no sólo fueron ellos los que quedaron marginados, sino el grueso de la población escolar de los diferentes niveles educativos. Los estudiantes siguen sin conocer quiénes fueron los conquistados y quiénes fueron los conquistadores. Con simpatía contestan que el único Carlos V que conocen, es de los chocolates.

Se pudo hacer más que meras reconstrucciones o interpretaciones ideológicas que pretenden cambiar el sentido de los hechos históricos, como si al cambiarlo las condiciones serán distintas. Son contadas las acciones que se emprendieron en diferentes instancias, pero no fue suficiente.

Lejos de acercar a la sociedad, la fueron alejando. Por un lado, las autoridades manipularon el pasado e intentaron comprender su presente para cobrar cierta relevancia y no quedar marginados de las conmemoraciones. Por otra parte, los académicos se enfrascaron en debates conceptuales y de interpretación que bien se pueden llevar a cabo, pero este no era momento. Era de esperar que se unieran para llevar a los niños y jóvenes a conocer su pasado, exaltando las virtudes de una tradición histórica milenaria a la altura de las grandes civilizaciones de Occidente.

En la algarabía de los últimos tiempos, surgió un grupo que quiso ocupar el vacío dejado por la academia para comunicar e informar a la población de manera espontánea lo que había sucedido y la razón por la que se estaba conmemorando esta fecha. Estos pseudo investigadores con el respaldo informativo de las redes sociales, se quisieron sentir historiadores que sin sustento buscaron informar los hechos históricos con ironía, sarcasmo y noticias sensacionalistas.

Que decir de aquellos grupos que se sienten herederos de las culturas antiguas y poseedores de los conocimientos ancestrales, que con odio infundado se han encargado de negar la raíz hispana, sin reconocer que, así como son indígenas, son hispanos, además de africanos y asiáticos. Encasillados en los viejos discursos ochenteros de la reivindicación indígena, no permiten que los verdaderos valores antiguos sean conocidos; los disfrazan con discursos energéticos que son bien recibidos en la incredulidad general que se vive en una sociedad carente de identidad. Más que exaltar el pasado, lo confunden con discursos eclécticos. En realidad, en pleno siglo XXI, no existe una raza pura.

Porque no voltear al otro México, aquel que se destaca a nivel mundial por ser un país racista. Que lejos de sentir orgullo por la diversidad cultural, se encarga de menospreciar sus raíces indígenas. La verdadera conquista no ha sucedido. Para llevarla a cabo, se debe exaltar el conocimiento, la historia, las costumbres y las tradiciones que el pueblo tlaxcalteca legó para la posteridad. Esos valores que dotarán de un sentido de pertenencia y fortalecerán la identidad de una sociedad que se transforma y parece que se está olvidando de su pasado.

Hoy es la fecha propicia para exaltar las virtudes de un hombre que, evocando el arrojo del joven Xicohténcatl supo tomar con la fuerza del indomable Tlahuicole, el pincel que ilumino los muros de este recinto para recordarle a Tlaxcala, a México y al mundo, que Tlaxcala si existe. Solo basta con recorrer sus muros para darse cuenta de su historia.

A quinientos años de la conquista, la verdadera Tlaxcala sigue viva gracias a la mirada del Maestro que luchó para que no se perdiera en el olvido lo que era digno de ser recordado.

luis_clio@hotmail.com

@LuisVazquezCar

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