Por: Dr Ruben Blanca Diaz
Título: “Docentes universitarios: enseñar con vocación, resistir con precariedad”
En las aulas de las universidades mexicanas se forman profesionistas de alto perfil, se impulsa la investigación y se genera pensamiento crítico. Sin embargo, quienes sostienen este proceso,los docentes, enfrentan una realidad laboral que dista mucho de la dignidad que merece su labor. Lejos del prestigio asociado a la vida académica, muchos profesores universitarios en México sobreviven con contratos temporales, sueldos bajos y sin garantías de estabilidad.
A pesar de su papel clave en el desarrollo nacional, los derechos laborales de los docentes universitarios han sido históricamente relegados. En muchas instituciones públicas y sobre todo en las privadas, la figura del profesor por asignatura se ha convertido en la norma. Estos docentes son contratados por semestre, cobran por hora clase, y no cuentan con prestaciones básicas como seguro social, aguinaldo o vacaciones. Lo más preocupante: muchos de ellos deben impartir clases en varias universidades para reunir un ingreso digno, convirtiendo su vocación en una carrera de resistencia e incertidumbre.
Según cifras de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), más del 60% del profesorado universitario en México es de tipo eventual. Esto significa que la mayoría de quienes enseñan a los futuros profesionistas lo hacen bajo condiciones laborales inestables. Además, la falta de plazas de tiempo completo y la escasez de concursos abiertos perpetúan una lógica excluyente y clientelar dentro del sistema académico.
Las universidades, presionadas por recortes presupuestales y lógicas de eficiencia, han optado por un modelo que prioriza el ahorro sobre la calidad educativa. Esto no solo perjudica a los docentes, sino también a los estudiantes, quienes merecen ser formados por profesores que no estén al borde del agotamiento físico y emocional.
La actividad docente forma parte de los desafíos laborales actuales y van más allá del empleo formal. La automatización, el outsourcing, la economía de plataformas y el trabajo remoto han redefinido las relaciones laborales y la docencia no es la excepcion. En muchos casos, han profundizado la precariedad. Jóvenes profesionistas trabajan como freelancers sin derechos ni prestaciones; todos trabajan, pero no todos tienen trabajo digno.
En este contexto, los derechos laborales del magisterio universitario deben colocarse al centro del debate educativo. No se puede hablar de calidad en la educación superior sin condiciones dignas para quienes la imparten. La profesionalización docente no debe limitarse a tener maestrías o doctorados; también debe incluir estabilidad laboral, reconocimiento económico y voz en la toma de decisiones académicas.
De hecho ya hay una iniciativa de ley en manos de legisladores federales, para reformar la norma laboral y garantizar al gremio docente de universidades publicas y privadas sus prestaciones labores y seguridad social, reforma que se espera sea aprobada en el corto plazo.
El Día del Maestro, celebrado el 15 de mayo, es una buena ocasión para ir más allá de los homenajes simbólicos y discursos huecos. Es momento de exigir justicia laboral para los docentes universitarios, reconocer su valor más allá de la vocación, y garantizar que enseñar no sea sinónimo de precariedad.
SOBRE EL AUTOR:
Abogado postulante. Doctor en Derecho, Maestro en Derecho y Ciencias Penales. Activista. Docente, investigador y tutor en Universidad UTEL e ISU Coordinador de la Red de Abogados Puebla. Investigador y miembro activo de la Asociacion Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI) y de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales (SOMEE)


























