Martha Espinoza casi cumple 40 años de tradición en la elaboración de dulce de amaranto
Marta Espinoza Mejía, originaria de la comunidad de San Miguel Del Milagro, recuerda con orgullo cómo en 1985 inició junto a su familia la producción artesanal de dulce de amaranto, una labor que, con dedicación y constancia, está a punto de cumplir cuatro décadas.
El proceso comienza desde la siembra. La semilla de amaranto se cultiva con abono de corral y cuidados manuales, como el “desahije”, que consiste en retirar las plantas sobrantes para dejar únicamente tres o cuatro matas por surco. Una vez madura, la cosecha pasa por máquinas trilladoras que limpian el grano, el cual se almacena y se procesa únicamente cuando alcanza su punto óptimo.
Posteriormente, “el amaranto se tuesta ya no en comal como antes, sino en tostadoras modernas y se transforma en una variedad de presentaciones con cacahuate, chocolate, nuez, semillas mixtas o en versiones horneadas, finalmente todo es dulce”, comenta Espinoza, destacando que la constancia y el trabajo han sido clave para sostener la actividad.
Si bien en Tlaxcala capital el consumo de amaranto es limitado, el producto ha encontrado mercado en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara, Morelia, Acapulco y Veracruz, donde compradores acuden a surtirse directamente.
Sin embargo, los productores enfrentan retos importantes. El precio de la “alegría, nombre popular del dulce de amaranto, varía considerablemente y actualmente ronda los cinco mil pesos por carga de 160 a 165 kilos. Las variaciones climáticas también afectan la producción: este año, la falta inicial de lluvias retrasó la siembra y posteriormente, el exceso de agua dañó parte de los cultivos.
A pesar de las dificultades, Marta Espinoza reafirma su compromiso con la tradición “nos ha funcionado por ser constantes y trabajar mucho seguiremos elaborando este dulce que es parte de nuestra historia y de la cultura alimentaria de México”.




























