Con flores de cempasúchil
Con la llegada del otoño, los campos de Tlaxcala comienzan a teñirse de naranja y amarillo con las primeras flores de cempasúchil, símbolo de la tradición mexicana del Día de Muertos. En municipios como Tepeyanco, donde el arraigo agrícola y florícola es profundo, los productores ya trabajan para que esta temporada se cumpla con las expectativas tanto culturales como económicas.
En el estado, la superficie destinada al cultivo de cempasúchil ha aumentado en los últimos años, con una producción que ronda entre 600 y 700 toneladas en cada temporada. Se estima que en Tlaxcala existen cerca de 118 hectáreas sembradas, y que buena parte de ellas están orientadas a la venta de flores para altares y panteones en los últimos días de octubre y principios de noviembre. En el caso de Tepeyanco, se destinan alrededor de 25 hectáreas al cultivo anual, que inicia con la siembra desde junio para alcanzar su mejor floración en vísperas de Día de Muertos.
El clima ha sido un factor clave, aunque los productores suelen temer a las granizadas o plagas, las lluvias de finales del verano han favorecido este año el crecimiento de las plantas, lo que anticipa una cosecha abundante si las condiciones se mantienen estables. No obstante, la incertidumbre del mercado y los costos de producción continúan siendo los principales desafíos para el campo.
“Desde junio empezamos con la siembra en almácigos, cuidamos que la planta tenga buen sustrato antes de pasarla a campo abierto. El clima ha sido favorable, pero estamos siempre atentos, porque cualquier lluvia fuerte o helada temprana puede echar a perder la cosecha”, explicó Don Andrés Juárez, productor de flor en Tepeyanco.
Sobre los retos, el agricultor señaló que las plagas, los costos de insumos y la comercialización son los más complicados. “Sacamos todo el esfuerzo, invertimos en abonos, en mano de obra, y al final dependemos de que haya compradores y que el precio sea justo. Nos preocupa que muchas veces la flor se venda muy barata, aunque detrás hay meses de trabajo.”
A pesar de las dificultades, Don Andrés asegura que la tradición y el sustento son la principal motivación para seguir cultivando. “Estas flores son parte de nuestra identidad, adornan los altares y nos recuerdan a nuestros difuntos. Además, económicamente es una temporada clave: si la cosecha sale bien, cubrimos muchos gastos de todo el año. Esperamos que la gente consuma lo local y valore nuestro trabajo.”
Con ello, el inicio del otoño en Tlaxcala no solo representa el florecer de la tierra, sino también la esperanza de cientos de familias que ven en el cempasúchil una manera de honrar a sus raíces y mantener vivo el campo.












