El hallazgo sugiere convivencia entre habitantes de Tizatlán y grupos del Valle de Oaxaca durante el Posclásico Tardío.
Un fragmento cerámico hallado en la zona arqueológica de Tizatlán ofrece nuevas pistas sobre la presencia y convivencia de grupos mixtecos en la Tlaxcala prehispánica, según un reciente estudio de la Sección de Investigación del Museo de Sitio de Ocotelulco, a cargo del arqueólogo José Eduardo Contreras Martínez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El análisis del vestigio, una pieza de cerámica policroma tipo códice, elaborada entre 1450 y 1500 d.C. sugiere una estrecha relación entre la iconografía tlaxcalteca y la tradición artística del Valle de Oaxaca. En el fragmento se observa la figura de una mujer desnuda nadando dentro de una vasija de agua, motivo que guarda similitudes con imágenes del Códice Nuttall, documento de origen mixteco, y con murales del Altar B de Tizatlán, donde se representa una escena acuática con un jaguar bípedo, un águila y deidades de la lluvia.
El arqueólogo explicó que la figura femenina aparece con el cabello largo, adornos de nobleza y actitud de movimiento dentro del agua, rodeada de caracoles marinos —símbolo de fertilidad y purificación—, lo que refuerza el carácter sagrado de la escena.
Contreras Martínez destacó que esta coincidencia iconográfica permite replantear la idea de una Tlaxcala aislada de otras culturas mesoamericanas durante los últimos años del periodo prehispánico. Por el contrario, los hallazgos apuntan a que existió una sociedad tlaxcalteca abierta e intercultural, en la que personas de origen mixteco pudieron haber colaborado en la creación de obras con significado religioso e ideológico compartido.
El estudio forma parte del trabajo continuo del Centro INAH Tlaxcala, enfocado en la reinterpretación del arte y las creencias del mundo prehispánico a partir de su patrimonio material.




























