En Tlaxcala, locatarios mantienen viva la costumbre del dulce de calabaza, un postre ancestral elaborado con panela, canela y un toque de guayaba, símbolo de identidad y sabor mexicano.

Con la llegada de la temporada de Día de Muertos, la calabaza de Castilla vuelve a ser protagonista en los mercados de Tlaxcala y en los altares de todo el país. Este fruto, de tonalidades verdes y piel dura, se mantiene como la preferida por las familias mexicanas para preparar el tradicional dulce de calabaza, una receta que endulza las ofrendas y conserva la esencia de la gastronomía tradicional.

Locatarios tlaxcaltecas señalaron que el precio de la calabaza se ha mantenido estable en comparación con años anteriores, aunque puede variar según el productor o comerciante. Aseguran que su venta aumenta durante los últimos días de octubre, cuando las familias se preparan para colocar sus altares y cocer este postre tan representativo.

El dulce de calabaza se elabora con trozos del fruto cocidos en panela o piloncillo, aromatizados con canela y, en muchos hogares, se le añade un toque de guayaba para realzar su sabor. En la región también se acostumbra llamarle a este peculiar postre como cuachalolole, también conocido como cuachalololli en náhuatl, reflejo de las raíces campesinas y del aprovechamiento de los productos del campo.

Aunque en México se comercializan calabazas naranjas de tipo americano, la de Castilla continúa prevaleciendo en los hogares y mercados del país, gracias a su textura, sabor y valor cultural. En Tlaxcala, este fruto no solo representa una fuente de alimento, sino también un vínculo con las tradiciones y la memoria colectiva que cada Día de Muertos se renueva con el aroma del dulce recién hecho.

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