A pesar de que Tlaxcala no forma parte de las entidades que producen chicle, sí forma parte del consumo per cápita, ya que uno de cada tres mexicanos consume chicles diariamente. Tlaxcala se alinea a la media nacional, sobre todo cuando se habla de marcas sintéticas comunes, aunque cada vez existen más producciones naturales ganando su propio nicho.
Sin embargo, la producción de chicle en territorio nacional suele concentrarse en entidades como Campeche, donde su producción anual se ha mantenido estable durante varios años con un promedio de 4 millones de dólares anuales a raíz de este dulce.
A causa de que su fabricación depende directamente del látex que se extrae del árbol de chicozapote, los productores se han aliado con instituciones como la Comisión Nacional Forestal para cumplir con los estándares del manejo y cuidado de los bosques y no sobreexplotarlos, pues de ser así se acabaría esta actividad económica.
La importancia del chicozapote es tal que se estima que dentro de territorio nacional cubre un total de 613 hectáreas aproximadamente, los números van variando de forma anual.
El proceso de elaboración del chicle es el siguiente: Se comienza con el calado del árbol de chicozapote a través del escurrimiento por los canales conectados; de manera posterior, la resina extraída se coloca en un cazo a fuego lento, y con movimientos circulares, este producto entra en modo de cocción y se va deshidratando para obtener la goma. Después se deposita en un bastidor de madera y se da la forma; se espera un tiempo para que seque y se traslada a recipientes para llevarlo a una fábrica y que sea suavizado, planchado y saborizado.
Mientras que, cuando se habla de su compañero sintético a diferencia de lo antes mencionado, se utilizan como base los polímeros derivados del petróleo como el acetato de polivinilo, lo cual hace que el producto sintético no sea biodegradable, a diferencia del natural, que puede serlo, aunque ambos liberan microplásticos al masticarse y desecharse, pero en distintas medidas.
Al ser una de las golosinas más económicas, fáciles de transportar y con múltiples presentaciones que varían de sabor, envoltura, tamaño y color no es de extrañar que su impacto social sea tan grande y difícil de medir, por lo que, para rendirle un homenaje cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial del Chicle.




























