Por Enrique Padilla Sánchez

México enfrenta una crisis silenciosa que no siempre ocupa los encabezados nacionales, pero que representa una amenaza real y directa para la salud de nuestras familias: la disminución alarmante en la cobertura de vacunación contra el sarampión.

Durante décadas, nuestro país fue referente internacional en materia de inmunización. Gracias al esfuerzo coordinado entre instituciones y sociedad, en 2016 se logró declarar la eliminación del sarampión en territorio nacional. Sin embargo, los avances que tanto trabajo costaron hoy se encuentran en riesgo. Las cifras recientes muestran un retroceso preocupante que no puede ni debe normalizarse.

Entre 2012 y 2013, la cobertura de la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubéola y paperas, superaba el 95%, el porcentaje necesario para garantizar la llamada inmunidad colectiva. Hoy, la realidad es distinta: entre 2021 y 2023 la primera dosis apenas alcanzó niveles cercanos al 70%-76%, mientras que la segunda dosis cayó por debajo del 65%. Esto significa que millones de niñas y niños no cuentan con la protección completa.

Se estima que más de 2.5 millones de menores no recibieron la segunda dosis entre 2019 y 2023. Esta brecha no es un simple dato estadístico; es un riesgo latente. Cuando la cobertura baja, el virus encuentra espacio para propagarse. Ya tuvimos una advertencia en 2020, cuando se registraron 196 casos confirmados, principalmente en la Ciudad de México y el Estado de México. Aquel brote evidenció que el sistema de inmunización puede debilitarse si no existe una estrategia permanente y prioritaria.

Las causas son diversas: desabasto en centros de salud, retrasos en campañas nacionales, problemas logísticos en la distribución, disminución del presupuesto preventivo y el impacto adicional de la pandemia de COVID-19. Pero más allá de los factores técnicos, lo que está en juego es la confianza y la seguridad de las familias mexicanas.

La vacunación no es un tema ideológico, es un tema de salud pública y de responsabilidad social. Cuando protegemos a una niña o a un niño, protegemos a toda la comunidad. El sarampión no es una enfermedad menor; puede provocar complicaciones graves, hospitalizaciones e incluso la muerte, especialmente en población vulnerable.

Desde el Partido Revolucionario Institucional en Tlaxcala sostenemos que la prevención debe ser prioridad nacional. El PRI Tlaxcala trabaja todos los días de la mano con las familias, escuchando sus preocupaciones, acompañando sus necesidades y promoviendo acciones que fortalezcan el bienestar comunitario. Creemos firmemente que la política debe servir para cuidar, prevenir y proteger.

No podemos permitir que por falta de estrategia, coordinación o presupuesto se ponga en riesgo el futuro de nuestras niñas y niños. Es urgente que el Gobierno Federal refuerce la estrategia nacional de vacunación, garantice el abasto oportuno en todos los centros de salud y reactive campañas masivas de información y aplicación que permitan recuperar coberturas superiores al 95%.

Al mismo tiempo, el llamado es claro y directo a madres y padres de familia: revisen las cartillas de vacunación de sus hijas e hijos, acudan a su centro de salud más cercano y completen los esquemas pendientes. La prevención comienza en casa y se fortalece en comunidad.

Hoy más que nunca necesitamos corresponsabilidad. Autoridades comprometidas y ciudadanía participativa. Instituciones que planifiquen con visión de futuro y familias que actúen con responsabilidad.

La salud de las y los mexicanos, y particularmente de las y los tlaxcaltecas, no puede esperar. Prevenir siempre será más humano, más eficaz y menos costoso que lamentar.

Es momento de actuar. Es momento de reforzar la vacunación. Es momento de proteger a nuestras niñas y niños.

En el PRI Tlaxcala estamos del lado de las familias y seguiremos impulsando acciones firmes para garantizar su bienestar.

El PRI me late.

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