Por Ana Martínez

Ser sede de eventos nacionales o representar a nuestro estado en competencias nacionales e internacionales es un orgullo enorme. Sin embargo, también puede traer consigo una presión invisible: el estrés deportivo. Porque además de un cuerpo sano, nuestros atletas necesitan una mente sana que les permita disfrutar, aprender y rendir al máximo sin que la carga mental se convierta en un obstáculo.

¿Qué es el estrés deportivo?

El estrés deportivo es la respuesta física y psicológica que experimentan los atletas ante las demandas de la competencia, el entrenamiento y las expectativas externas. No solo afecta el rendimiento físico, también puede impactar la memoria, la concentración y la toma de decisiones en momentos clave. En jóvenes y universitarios, se ha observado que la presión académica combinada con la deportiva puede aumentar la vulnerabilidad a la fatiga mental.

La carga mental en el deporte

La carga mental se refiere al peso psicológico acumulado por entrenamientos intensos, exigencias competitivas y expectativas sociales. Aunque el deporte suele asociarse con beneficios cognitivos, un exceso de carga puede reducir esos beneficios y generar desgaste emocional. La mente del atleta se convierte en un campo de batalla: entre la motivación y la presión.

Estrés deportivo en jóvenes de 13 a 17 años

En estas edades, la carga mental se multiplica porque los chicos están formando su identidad, enfrentando la presión académica y buscando aceptación social.

¿Cómo se manifiesta?

  • Ansiedad antes de competir: miedo a fallar o decepcionar a entrenadores y padres.
  • Fatiga mental: dificultad para concentrarse en la escuela y en el entrenamiento.
  • Cambios emocionales: irritabilidad, frustración o desmotivación.
  • Síntomas físicos: dolores de cabeza, insomnio o tensión muscular.

 

¿Cómo podemos ayudar a nuestros deportistas?

Además de acudir al psicólogo deportivo, existen estrategias prácticas que entrenadores, familias y comunidades pueden aplicar:

  • Crear un entorno seguro: que el entrenamiento sea un espacio de disfrute, no solo de resultados.
  • Promover el juego y la diversión: incluir dinámicas lúdicas que reduzcan la presión y fortalezcan la cohesión del grupo.
  • Escucha activa: darles voz, preguntar cómo se sienten y validar sus emociones.
  • Educación emocional en equipo: enseñarles a reconocer el estrés y compartir estrategias de autocontrol (respiración, pausas activas).
  • Rutinas de descanso: respetar tiempos libres y fomentar actividades fuera del deporte.
  • Apoyo familiar equilibrado: padres que acompañen sin exigir de más, celebrando el esfuerzo más que el resultado.
  • Mentoría en el equipo : que los atletas mayores apoyen a los más pequeños, creando redes de confianza.

El deporte no solo se juega en la cancha, tatami, ring o colchón también en la mente. Reconocer y atender el estrés deportivo es un acto de cuidado y respeto hacia nuestros atletas. Porque detrás de cada medalla hay horas de entrenamiento… y también batallas invisibles que merecen ser acompañadas.

“Cuerpo sano y mente sana: el verdadero equilibrio que sostiene cada victoria.”

 

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