{"id":136792,"date":"2021-08-06T08:00:28","date_gmt":"2021-08-06T13:00:28","guid":{"rendered":"https:\/\/sintesis.com.mx\/tlaxcala\/?p=136792"},"modified":"2021-08-05T13:47:48","modified_gmt":"2021-08-05T18:47:48","slug":"paginas-del-pasado-huellas-de-xicohtencatl","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sintesis.com.mx\/tlaxcala\/2021\/08\/06\/paginas-del-pasado-huellas-de-xicohtencatl\/","title":{"rendered":"P\u00e1ginas del pasado"},"content":{"rendered":"<p>El choque fue terrible: un d\u00eda entero duro aquel combate, y Xicot\u00e9ncatl, que hab\u00eda perdido en \u00e9l ocho de sus m\u00e1s valientes capitanes, tuvo que retirarse, pero sin creer por esto que hab\u00eda sido vencido, y esperando el nuevo d\u00eda para dar una nueva batalla.<\/p>\n<p>Cort\u00e9s recogi\u00f3 sus heridos, y sin p\u00e9rdida de tiempo continu\u00f3 su marcha hasta llegar al cerro de Tzompactepetl, en cuya cima un templo le prest\u00f3 asilo para el descanso de aquella noche.<\/p>\n<p>Los soldados cristianos y sus aliados celebraban la victoria. Cort\u00e9s comprendi\u00f3 lo ef\u00edmero del triunfo. La inquietud devoraba su pecho.<\/p>\n<p>Se dio un d\u00eda de descanso a las tropas.<\/p>\n<p>Xicot\u00e9ncatl acamp\u00f3 tambi\u00e9n muy cerca de Cort\u00e9s, y se preparaba, lo mismo que los espa\u00f1oles, a combatir de nuevo.<\/p>\n<p>Sin embargo, el general espa\u00f1ol quiso probar a\u00fan la benignidad y los medios de conciliaci\u00f3n, enviando nuevos embajadores \u00e1 proponer \u00e1 Xicot\u00e9ncatl un armisticio.<\/p>\n<p>Los embajadores volvieron con la respuesta del joven caudillo: era un reto \u00e1 muerte y una amenaza de atacar al siguiente d\u00eda los cuarteles.<\/p>\n<p>Cort\u00e9s reflexion\u00f3 que su situaci\u00f3n era comprometida, y decidi\u00f3 salir \u00e1 buscar en la ma\u00f1ana siguiente \u00e1 los Tlaxcaltecas.<\/p>\n<p>Brill\u00f3 la aurora del 5 de septiembre de 1519. El sol apareci\u00f3 despu\u00e9s puro y sereno, y \u00e1 su luz comenzaron \u00e1 desfilar peones y jinetes.<\/p>\n<p>Su marcha era ordenada y silenciosa como de costumbre: cada uno de los soldados esperaba el combate de un momento \u00e1 otro, y todos sab\u00edan ya que su valeroso general los llevaba a atacar resueltamente el campamento del ej\u00e9rcito de Xicot\u00e9ncatl.<\/p>\n<p>Apenas habr\u00edan caminado un cuarto de legua, cuando aquel ej\u00e9rcito apareci\u00f3 a su vista en una extendida pradera.<\/p>\n<p>El espect\u00e1culo era sorprendente.<\/p>\n<p>Un oc\u00e9ano de plumas de mil colores que ondulaban \u00e1 merced del fresco viento de la ma\u00f1ana, y entre el que brillaban como las fosforescencias del mar en una noche tempestuosa, los arneses de oro y plata y las joyas preciosas de los cascos de los guerreros Tlaxcaltecas, heridos por la luz del nuevo d\u00eda.<\/p>\n<p>En el horizonte, perdi\u00e9ndose entre la bruma las banderas y pendones de los distintos caciques Othom\u00eds y Tlaxcaltecas, y domin\u00e1ndolo todo, orgullosa, el \u00e1guila de oro con las alas abiertas, emblema de la ind\u00f3mita Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Al presentarse el ej\u00e9rcito de Cort\u00e9s, aquella multitud se estremeci\u00f3, y un espantoso alarido atron\u00f3 los vientos, y los ecos de las monta\u00f1as lo repitieron confusamente.<\/p>\n<p>El mon\u00f3tono sonido de los teponaxtles contest\u00f3 aquel alarido de guerra: los guerreros indios se agitaron un momento, y despu\u00e9s, como un torrente que se desborda, aquella muchedumbre se lanz\u00f3 sobre los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>No hubo uno solo de aquellos valientes pechos castellanos, que no sintiera un estremecimiento de pavor.<\/p>\n<p>El ej\u00e9rcito de Xicot\u00e9ncatl avanzaba r\u00e1pidamente levantando un inmenso torbellino de polvo, que flotaba despu\u00e9s sobre ambos ej\u00e9rcitos, como un dosel, al trav\u00e9s del cual cruzaban tristes y amarillentos los rayos del sol.<\/p>\n<p>Aquella era una hirviente catarata de hombres, de armas, de plumas, de joyas y de estandartes.<\/p>\n<p>Levant\u00f3se un rugido como el de una tempestad: los gritos de los combatientes que se miraban \u00e1 cada momento m\u00e1s cerca, se mezclaban con el estr\u00e9pito de las armas de fuego, el silbido de las flechas, los sonidos de los teponaxtles, y de los p\u00edfanos y de los atabales.<\/p>\n<p>Los dos ej\u00e9rcitos se encontraron, y se estrecharon y se enlazaron, como dos luchadores.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 entonces una escena espantosa, indescriptible.<\/p>\n<p>Ni los caballeros ni los infantes pod\u00edan maniobrar.<\/p>\n<p>Se escuchaban los golpes sordos de los aceros de los espa\u00f1oles sobre el desnudo pecho de los indios, y como el ruido del granizo que azota una roca, el golpe de las flechas sobre las armaduras de hierro de los soldados de Cort\u00e9s.<\/p>\n<p>Aquella carnicer\u00eda no puede ni explicarse ni comprenderse.<\/p>\n<p>Las balas de los ca\u00f1ones y de los arcabuces se incrustaban en una espesa muralla de carne humana, y la sangre corr\u00eda como \u00e9l agua de los arroyos.<\/p>\n<p>Era una especie de hervor siniestro de combatientes que se alzaban, y desaparec\u00edan unos bajo los pies de los otros, para convertirse en fango sangriento.<\/p>\n<p>La traici\u00f3n vino en ayuda de los espa\u00f1oles, y un cacique de los que militaban \u00e1 las \u00f3rdenes de Xicot\u00e9ncatl huy\u00f3 llev\u00e1ndose diez mil combatientes, y la victoria se decidi\u00f3 por los cristianos.<\/p>\n<p>El pueblo y el senado de Tlaxcala se desalentaron con la derrota. Xicot\u00e9ncatl sinti\u00f3 en su coraz\u00f3n avivarse el entusiasmo y el amor \u00e1 la patria.<\/p>\n<p>Las almas grandes son como el acero; se templan en el fuego.<\/p>\n<p>Xicot\u00e9ncatl contaba con el sacerdocio, y los sacerdotes dijeron al pueblo y al senado que los cristianos, protegidos por el sol, deb\u00edan ser atacados durante la noche.<\/p>\n<p>Y el pueblo y el senado creyeron.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 la noche y Xicot\u00e9ncatl condujo sus huestes al ataque de los cuarteles de los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>Cort\u00e9s velaba, y entre las sombras mir\u00f3 las negras masas del ej\u00e9rcito tlaxcalteca que se acercaban, y puso en pie a sus soldados.<\/p>\n<p>Xicot\u00e9ncatl lleg\u00f3 hasta el campo atrincherado de los espa\u00f1oles: un paso los separaba ya, cuando repentinamente una faja de luz roja ci\u00f1\u00f3 el campamento, y el estampido de las armas de fuego despert\u00f3 el eco de los montes.<\/p>\n<p>Los tlaxcaltecas atacaban con furor; pero en esta vez como en otras, los ca\u00f1ones y los arcabuces dieron la victoria a Cort\u00e9s.<\/p>\n<p>El senado de Tlaxcala culp\u00f3 la indomable constancia del joven caudillo, y le oblig\u00f3 a deponer las armas.<\/p>\n<p>Los espa\u00f1oles entraron triunfantes a Tlaxcala.<\/p>\n<p>El \u00e1guila de aquella Rep\u00fablica lanz\u00f3 un grito de duelo y huy\u00f3 a las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>El senado de la Rep\u00fablica, que nada hab\u00eda hecho en favor de la independencia de la patria, temeroso del enojo de los conquistadores, destituy\u00f3 al joven caudillo; pero el esp\u00edritu grande de Hern\u00e1n Cort\u00e9s sinti\u00f3 lo profundamente ingrato de la conducta del senado, \u00e9 interpuso su valimiento para que Xicot\u00e9ncatl fuese restituido en sus honores.<\/p>\n<p>Eran los primeros d\u00edas de marzo de 1521. Cort\u00e9s volv\u00eda sobre la capital del imperio azteca, de d\u00f3nde hab\u00eda salido fugitivo y casi derrotado en la c\u00e9lebre noche triste y con un ej\u00e9rcito poderoso compuesto de espa\u00f1oles y aliados, como se llamaban \u00e1 los naturales del pa\u00eds.<\/p>\n<p>En las filas de los tlaxcaltecas circulaban noticias alarmantes. Xicot\u00e9ncatl hab\u00eda desaparecido del campo, y seg\u00fan la opini\u00f3n general, aquella separaci\u00f3n era provenida del mal trato que los espa\u00f1oles daban \u00e1 sus aliados, y sobre todo del odio que Xicot\u00e9ncatl profesaba \u00e1 esta alianza.<\/p>\n<p>Di\u00f3se la orden para que los Tlaxcaltecas se dirigieran para Tlacopan con objeto de comenzar las operaciones del sitio, y los Tlaxcaltecas emprendieron el camino, dejando \u00e1 la ciudad de Texcoco, en donde sin saber para qui\u00e9n, pero con gran terror, hab\u00edan visto preparar una grande horca.<\/p>\n<p>Estamos en Texcoco.<\/p>\n<p>El sol se pon\u00eda detr\u00e1s de los montes que forman como un engaste a las cristalinas aguas del lago: la tarde estaba serena y apacible.<\/p>\n<p>Por el camino de Tlaxcala llegaba un grupo de peones y jinetes conduciendo en medio de sus filas \u00e1 un prisionero, que caminaba tan orgullosamente como si \u00e9l viniera mandando aquella tropa.<\/p>\n<p>Atravesaron sin detenerse algunas de las calles de la ciudad, y se dirigieron sin vacilar \u00e1 la grande horca colocada cerca de la orilla del lago.<\/p>\n<p>El prisionero mir\u00f3 la horca; comprendi\u00f3 la suerte que le esperaba, pero no se estremeci\u00f3 siquiera.<\/p>\n<p>Porque aquel hombre era Xicot\u00e9ncatl, y Xicot\u00e9ncatl no sab\u00eda temblar ante la muerte.<\/p>\n<p>Los espa\u00f1oles le notificaron su sentencia: deb\u00eda morir por haber abandonado sus banderas, por haber dado este mal ejemplo \u00e1 los fieles Tlaxcaltecas.<\/p>\n<p>Xicot\u00e9ncatl, que comenzaba ya a comprender el espa\u00f1ol, contest\u00f3 la sentencia con una sonrisa de desprecio.<\/p>\n<p>Entonces se arrojaron sobre \u00e9l y le ataron.<\/p>\n<p>La p\u00e1lida y melanc\u00f3lica luz de la luna que se ocultaba en el horizonte, rielando sobre la superficie tranquila de la laguna, alumbr\u00f3 un cuadro de muerte.<\/p>\n<p>El caudillo de Tlaxcala, el h\u00e9roe de la independencia de aquella Rep\u00fablica espiraba suspendido de una horca, al pie de la cual los soldados de Cort\u00e9s le contemplaban con admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A lo lejos, algunos tlaxcaltecas hu\u00edan espantados, porque aquel era el pat\u00edbulo de la libertad de una naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed culmina la obra de Vicente Riva Palacio Guerrero, en la que plasma un sentimiento nacionalista sobre la vida de este personaje, emblema de la sociedad tlaxcalteca. La historia del siglo XIX se basaba en la existencia de fuentes documentales para dotar de veracidad el discurso hist\u00f3rico. Si tal fuera el caso, la informaci\u00f3n sobre Xicoht\u00e9ncatl es muy escasa, de tal manera que, desde diferentes \u00e1mbitos, particularmente de la literatura, se ha conseguido conocer al joven ind\u00f3mito, que con su valor ha dotado de identidad a muchas generaciones de tlaxcaltecas.<\/p>\n<p>luis_clio@hotmail.com<\/p>\n<p>@LuisVazquezCar<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El choque fue terrible: un d\u00eda entero duro aquel combate, y Xicot\u00e9ncatl, que hab\u00eda perdido en \u00e9l ocho de sus m\u00e1s valientes capitanes, tuvo que retirarse, pero sin creer por esto que hab\u00eda sido vencido, y esperando el nuevo d\u00eda para dar una nueva batalla. 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