“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe, con una miserable cuota de poder”. –José de San Martín-
No hay otra palabra más acertada, en este momento, para describir las imágenes de las que fuimos testigos el pasado fin de semana y que fueron difundidas por el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien utilizó Twitter para subir un video-montaje en el que simulaba golpear a un luchador que portaba en el rostro el logotipo de la CNN.
Indudablemente este personaje es uno de los más claros ejemplos del deterioro del ejercicio del poder y de la intolerancia que tienen muchos políticos a la labor de los medios de comunicación en diversos puntos de la geografía mundial.
La difusión de las imágenes es una franca alegoría a la violencia en contra de periodistas, que no sólo lesiona a comunicadores de aquella parte de la geografía, sino que ha causado la indignación y desaprobación, por decir lo menos, de periodistas y medios en todo el mundo.
Es difícil mantenerse al margen de imágenes tan grotescas, que lejos de causar risa, generan indignación e impotencia al ver a uno de los presidentes más poderosos del mundo, incitando a la violencia en contra de medios de comunicación.
Una prensa incómoda.
Sin duda alguna, los medios de comunicación en casi todo el mundo y, de manera particular en México, han tomado un papel fundamental para difundir información incómoda para los grupos de poder acostumbrados a mantener como patrimonio propio, información de carácter público.
La relación que han guardado los medios de comunicación y clase política y las cúpulas en el poder público, ha sido tensa a lo largo de la historia. Mientras unos pretenden mantener la secrecía del poder, los otros, cuyo objetivo es, desentrañar lo oculto; las perversiones en el ejercicio público; el inadecuado y discrecional manejo de recursos; las negociaciones bajo la mesa, en lo oscuro y los vínculos entre políticos y mafias, han puesto en riesgo su propia integridad física y moral.
Las dos caras de la moneda
Hoy más que nunca, los medios de comunicación mantienen una estrecha relación con el poder, pero una relación que se ha vuelto cada vez más compleja.
Por un lado, existe una prensa que halaga, exalta, vende el enfoque editorial, negocia el prestigio alcanzado, se fortalece y posiciona frente a la competencia para establecer cuotas más altas por mantenerse a lado del mejor postor, sin golpetearlo, sin ver la omisiones que son evidentes a los otros ojos; que se deja “apapachar”.
Por el otro lado, está la prensa crítica; la que investiga: la que va más allá; la que no se conforma con la información boletinera; la que a pesar de lo difícil y adverso del clima de inseguridad para el ejercicio periodístico, se arriesga, se la “juega”; que mantiene un compromiso social al difundir información veraz; la que sobrevive bajo un esquema de castigo económico por la visión crítica de la pluma de sus colaboradores; la que no negocia o recibe dádivas para hacerse de la vista gorda; la que cumple con principios éticos y a cuyos colaboradores y dueños, no les llegaron al precio.
Éstas son las dos caras de la moneda, son parte de la realidad que viven los medios de comunicación en nuestro país, en los Estados, en los municipios. Es el poder de los medios de comunicación y la capacidad de éstos de generar opinión pública, de posicionar como el mejor al más corrupto o, como villano, al del bolsillo menos bondadoso.
La embestida de las redes sociales y el “Big brother”
Frente a esta realidad el papel que han adquirido las redes sociales es verdaderamente impresionante –como mecanismo alternativo para mantenerse informado-, si no, hay preguntarles a nuestros políticos tanto en el plano nacional como local.
En este contexto, al parecer el “Big Brother” no sólo espía a delincuentes, mafiosos o personajes incómodos como los periodistas a través de la intervención de sus teléfonos celulares, sino que ahora lo hace también, mediante una estrecha vigilancia de las redes sociales.
Y es que hace un par de días el portal de Animal Político difundió información en donde revela que la actual administración federal duplicó la solicitud de datos sobre usuarios de Facebook, Twitter y Google.
La cifra pasó de 749 a 1539 solicitudes de datos del gobierno mexicano a las empresas que ya mencionamos en donde se pide información de los usuarios de las redes sociales.
Caray, seguramente el espionaje de las redes sociales es a la delincuencia organizada o a los políticos corruptos, y no, a los periodistas que evidencian las corruptelas.
A pie de página
Es necesario que el ojo crítico del lector de noticias sea cada vez más agudo, para saber distinguir a aquellos medios de comunicación que navegan con bandera de objetividad en materia informativa, pero cuya objetividad depende del número de ceros plasmados en un papel.
En otro tema, pero en el mismo sentido del poder de las redes sociales, el académico e investigador Sergio Aguayo escribió en su cuenta de Twitter sobre los intereses oscuros que se mueven al interior del INE. Ni hablar, destapó una gran cloaca: “algunos de los integrantes del INE parecen obedecer consignas de partidos, además de cobrar un buen salario”. Veremos las reacciones en los próximos días.
Aprovechamos el espacio para felicitar a dos grandes reporteros de este medio informativo. Sin duda, profesionales de la comunicación cuyo trabajo y trayectoria han sido reconocidos al recibir la Presea Miguel N. Lira y el Premio Estatal de Periodismo, enhorabuena, Araceli Corona y David Rodríguez.
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